La famosa cita de Les Luthiers que reza “Si el que dice ser tu mejor amigo te clava un cuchillo por la espalda, desconfía de su amistad” alcanzó un marcado significado la semana pasada dentro del Gobierno de coalición, cada día peor avenido. Una vez más, las consecuencias de gobernar supeditado a los caprichos de populistas, separatistas y amigos de ETA marcan la agenda y la actualidad de todo lo que rodea al jefe del Ejecutivo.
En lo que supone ya el enésimo desencuentro, hoy toca hablar del intento de venganza de Pedro Sánchez tras el ataque de cuernos de la semana pasada por el pacto de Podemos con ERC y Bildu a espaldas del PSOE. En lo que finalmente se ha demostrado como una decisión no demasiado meditada, el presidente dejó fuera de la comisión encargada de repartir los fondos de la Unión Europea a su socio de Gobierno, Pablo Iglesias.
Pero 140.000 millones de euros es mucho dinero como para dejar de meter la cuchara en las partidas que interese…
Ha sido lo que ha tardado el de Podemos en leer en la prensa el atrevimiento de Moncloa para coger el teléfono y recordar al del PSOE que su Gobierno está cogido con pinzas. Si el golpe en la mesa del presidente ha sido fuerte, el del líder de la formación morada lo ha sido más. Lo sabía desde la semana pasada, pero juega con los tiempos a su antojo. Maneja la situación a su gusto porque sabe que un breve recordatorio de que hay que sacar unos Presupuestos y que sin él no hace nada ha bastado para que Sánchez rectificara y le incluyera en el equipo gestor. La osadía de retar al vicepresidente le ha costado, una vez más, el ridículo de verse en los medios de comunicación como el “perrito faldero” de Iglesias.
Soñaba Sánchez con una comisión en la que mandara y dirigiera Nadia Calviño y, por supuesto, él mismo, pero la realidad, tozuda realidad, es que tienen que rendir cumplida obediencia al poder fáctico de este gobierno de coalición que mantiene con las manos atadas a Sánchez, que ha tenido que hacer también sus obligadas concesiones a los separatistas de ERC, a los que no condenan la violencia de ETA, es decir, Bildu y, por ello mismo, a los nacionalistas del PNV, con otro ataque de cuernos, pero cuyo apoyo es el más fácil porque se soluciona con dinero, como siempre.
La pregunta que se hacen muchos españoles, vista la deriva que toma la próxima aprobación de los Presupuestos Generales del Estado, es cuándo alguna de las decisiones de este Gobierno será buena para España y no solo para los socios que mantienen a Pedro Sánchez en la poltrona. “¡Ay, qué tendrá la poltrona!”, que dice siempre mi madre cuando ve a los que mandan hacer lo indecible por seguir sentado en ella. Sorprende, eso sí, la capacidad para seguir tragando sapos. Admirable. Y no se ve harto…
Y digo yo: ¿Tiene límite la infinita generosidad de Pedro Sánchez con los que le dan la llave para gobernar y repartir lo que es de todos con unos pocos? ¿Tiene alguna línea roja el Gobierno de coalición? ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar el secretario general del PSOE? ¿Será que confía Sánchez en que el PP de Pablo Casado derogará y echará para atrás todas las medidas, leyes y concesiones que está haciendo y por eso no le importa hacer tantas concesiones?
No parece que tenga mucho sentido reprochar a sus barones las críticas en público al acuerdo del Gobierno del PSOE con Bildu para que apoye los Presupuestos porque dice que “da argumentos a la derecha” y no hacer nada desde su propio departamento para que esa derecha y el centro y el centro izquierda vea argumentos todos los días para poner en evidencia una nefasta gestión.
Sabido que el de Podemos, además de sus escaños, controla los de ERC, Bildu y BNG, entre alguna formación más, se desconoce la lectura que las cabezas pensantes de Moncloa y Ferraz hacen de una nueva bajada de pantalones, pero lo que imagino que concluirán es que tanta rectificación y sumisión deja bien a las claras que el que manda es Pablo Iglesias, que no viaja en Falcon y no veranea en palacios.