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TRIBUNA

De Madrid al cielo

domingo 29 de noviembre de 2020, 18:47h

Un tipo achulado, proclive a las vulgaridades demagógicas propias de cualquier agitador encaramado en una tribuna, se ha creído que Madrid es un paraíso fiscal. Se propone asaltarlo a navaja tributaria, instrumental propio del pendenciero. Como el chiquillo del esquilaor, que solo acude al rebaño a comerse su porción y la de los demás, viene este judas a Madrid a embolsarse monedas y morder la mano que le da de comer. Debió, no sabe donde, oír las campanas de aquella famosa consigna de Silvela, “Madrid, en verano, con dinero y sin estrenos, Baden-Baden” que confirmó el verso de Quiñones de Benavente, “Y desde Madrid al Cielo”. Y ha confundido la capital con un paraíso. Lo mismo grava a Madrid empeñado en que tiene playa.

Fue también Barcelona un paraíso donde moraba el dios Maradona, que ha muerto, según decía el maestro Ruano, como se mueren todos los hombres, “porque Dios se cansa de que vivan y para vivir eternamente”. En Barcelona vive hoy otro dios, Messi, que llegó al Nou Camp llovido del cielo, pero harto de la tabarra separatista del mes que un club, ya pasea por las Ramblas con su malestar a cielo abierto. Removerá cielo y tierra para marcharse con carta de libertad a vivir ésta a otra parte, asestando una patada en pleno cielo de la boca al cansino separatismo culé.

Desde que los rojos se llevaron a Moscú el oro del BancoEspaña, no era Madrid tan preciado. Aun queda el tesoro del estanque del Retiro, un sínfin de monedas esparcidas por propios y extraños. “Madrid, rompeolas de las Españas”, cantaba Machado. Ese sadismo ideológico que hoy desgobierna España persigue anegarlo bajo la ola del intervencionismo colectivista impidiendo que prospere y progrese. Raro es que los apóstoles del federalismo se conviertan ahora al centralismo fiscal. Pero sumando su odio al colectivismo, se comprende su obsesión tan enfermiza por cortarle las alas a Madrid en lugar de intentar que Cataluña las tuviera iguales o mejores.

Empieza Madrid a parecerse a aquél Berlín Occidental, al que llegaban muchos alemanes del lado Oriental huyendo del comunismo y en busca de libertad y mejor vida. A Madrid han llegado, siguen llegando y llegarán familias, empresas y negocios, huyendo de políticas sectarias y disparatadas. En Madrid ven el cielo abierto de una mejor fiscalidad, mejores servicios públicos y una convivencia más pacífica. En suma, un proyecto, tanto regional como municipal, más estable y eficaz para el progreso y la prosperidad. Y gracias a su alcalde, las luces de Navidad españolean por Madrid. Cuando arreciaban los duros días del bloqueo, el que fuera alcalde de Berlín, Ernst Reuter, dejó dichas estas perdurables palabras: “Aquí en Berlín, nadie necesita de lecciones académicas sobre la democracia, la libertad y tantas otras cosas bellas que hay en el mundo. Aquí cada uno vive todo eso, lo vive cada día y cada hora”. Quiera Dios que Madrid no reedite estas palabras.

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