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ORIENT EXPRESS

La muerte de Fakhrizadeh

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 29 de noviembre de 2020, 19:43h

¿Por qué han matado a Mohsen Fakhrizadeh? El científico iraní había desempeñado funciones clave en el programa militar nuclear iraní desde el Proyecto Amad, que comenzó en 1983 y que ha ido prolongándose bajo distintos nombres y coberturas desde entonces. En 2011, encontramos a Fakhrizadeh al frente de la llamada Organización de Innovación e Investigación Defensivas (SPND en su acrónimo persa). Se trataba de la sucesora del Proyecto Amad. Tanto el Departamento de Estado como el del Tesoro de los Estados Unidos la incluyeron en sus listas de entidades sancionadas. Según el Departamento de Estado, la SPND ha empleado a unas mil quinientas personas -entre ellos numerosos investigadores vinculados al Proyecto Amad- que han proseguido la investigación y desarrollo de tecnología de doble uso -civil y militar- que puede emplearse para la fabricación de armas nucleares. Cuando, en 2018, el primer ministro de Israel Benjamín Netanyahu desveló la existencia del archivo nuclear secreto iraní, Fakhrizadeh fue una de las personas señaladas: “recuerden este nombre”, dijo Netanyahu. Los 55.000 documentos y 183 CD obtenidos por la inteligencia israelí desvelaban el plan que la República Islámica de Irán había ocultado a la opinión pública internacional, a la que había engañado después de haber firmado el acuerdo nuclear de 2015. El gobierno iraní había trasladado el archivo a un emplazamiento secreto en Teherán. La inteligencia israelí había obtenido media tonelada de documentos del archivo. Fakhrizadeh era uno de los hombres clave en el plan para continuar el proyecto nuclear militar cuando fuese preciso.

Trabajar en el programa nuclear iraní es muy peligroso. Casi tanto como hacerlo en la Fuerza Quds. Una de las formas de detener el avance iraní hacia la bomba atómica ha sido, precisamente, el asesinato de los científicos a cargo de sus programas estratégicos. Esto ha llevado a la República Islámica a incrementar sus esfuerzos por contratar personal cualificado en el resto del mundo así como a desplegar una notable actividad de espionaje en Europa. Por supuesto, el programa nuclear no depende de un único hombre. No se puede frustrar matando a un único científico. Sin embargo, sí lo ralentiza y tiene otros efectos colaterales. Es necesario encontrar un sustituto que, a su vez, sabe que será un objetivo como lo fue Fakhrizadeh. Hay que investigar cómo fue posible el asesinato. Se buscan informadores, infiltrados, traidores. Es preciso reorganizar los dispositivos de seguridad. Ante la opinión pública, el régimen ha sufrido un golpe moral que ni siquiera el control de los medios ni la propaganda pueden evitar. Desde luego, harán control de daños -por ejemplo, disminuir la importancia de Fakhrizadeh y presentarlo como un científico más- pero las circunstancias del asesinato revelan bien a las claras que no era un personaje menor: iba escoltado y disponía de un plan de seguridad para sus desplazamientos, sin embargo, sus asesinos colocaron un camión bomba, tirotearon el coche que lo llevaba y lo mataron. Nadie ejecuta ese operativo por un personaje irrelevante.

Se ha interpretado la muerte del científico en clave del traspaso de poder Trump-Biden, que aún no se ha producido. Se desplaza así el foco del programa nuclear iraní a la preocupación de los vecinos amenazados por un Irán atómico: Estados Unidos, Arabia Saudí, Israel… El asesinato, se dice, obstaculizaría un posible acercamiento entre Washington y Teherán, así como entre Riad y Jerusalén. Para aproximarse al régimen iraní, el presidente de los Estados Unidos tendría que hacer algún gesto de distanciamiento de Israel y de Arabia Saudí. El nuevo año comenzaría con un obstáculo para la normalización de relaciones con Irán después de que Donald Trump abandonase el acuerdo nuclear de 2015.

Desde luego, Irán no se ha quedado de brazos cruzados en estas semanas de incertidumbre en la Casa Blanca y de acercamiento entre Israel y países islámicos como los Emiratos Árabes Unidos, Bahrein y Sudán. El lunes pasado los rebeldes Houthi – los aliados de Teherán en el Yemen- atacaron una refinería de Aramco en Jeddah. Si había algún movimiento, por ejemplo, para acercar posiciones entre Israel y Arabia Saudí, el ataque a la refinería podría interpretarse como un aviso a navegantes.

Sin embargo, creo que, además de otros motivos, no debemos perder de vista que evitar el éxito del programa nuclear iraní es un fin en sí mismo para los amenazados por Teherán. Aliados estratégicos de los Estados Unidos como los israelíes y los saudíes están en el punto de mira de la República Islámica de Irán. La muerte de Fakhrizadeh ha supuesto un golpe para las aspiraciones nucleares del régimen de los ayatolás. Sin duda, puede haber claves políticas que tener en cuenta, pero un Irán nuclear es una amenaza existencial que ni sus vecinos ni la comunidad internacional pueden consentir. Quizás no necesiten ningún otro motivo para impedirlo.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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