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TRIBUNA

El “gambito” caucásico (El reciente enfrentamiento bélico entre Azerbaiyán y Armenia)

miércoles 02 de diciembre de 2020, 20:12h

Muchos amigos míos, entre ellos periodistas y analistas políticos, me preguntan, por falta de información sobre el tema marcado en el titular de este artículo: ¿qué realmente ha sucedido en el reciente enfrentamiento bélico entre Azerbaiyán y Armenia, las causas del mismo y los principales ganadores y perdedores?

Creo que este asunto puede interesar no solo a los profesionales de la información, sino a un más amplio sector del público que sigue con atención lo que está ocurriendo fuera de las fronteras españolas.

Por ello he decidido contestar a las preguntas planteadas y ampliar la información sobre el tema, basándome en los datos y comentarios que estoy recibiendo de mis amigos que viven en los países más implicados en esta reciente mini guerra armenia-azerí: Rusia, Armenia y Azerbaiyán. Lo de la participación turca tengo una información no tan de primera mano, pero suficientemente contrastada.

Una sagrada amistad.

Todo empezó cuando en Armenia en resultado de una incruenta revolución “naranja”, en abril de 2018, llegó al poder el líder del bloque opositor, Nikol Pashinián. Él sustituyó en el puesto del primer ministro al líder del partido republicano, Serzh Sargsián, que ya se encontraba en el poder, como presidente del país, durante dos legisladoras anteriores, desde 2008 hasta 2018. Y antes de él, el puesto del presidente de Armenia ocupaba Robert Kocherián, también dos legisladoras, desde 1998 hasta 2008.

Los dos expresidentes armenios eran amigos y compartían plenamente el ideario político y la forma de gobernar la Armenia postsoviética. Una forma bastante parecida a la que estaba practicando en Rusia el presidente Putin, poniendo todos los resortes del poder a los intereses de la oligarquía, nacida en la ola de la transformación política y económica que estaban experimentando todos los países que hasta 1991 formaban parte de la extinta Unión Soviética.

Durante 20 años en el poder, el tándem Kocherián-Sargsián implantó en Armenia un régimen corrupto y clientelar, duro con la oposición que lo estaba criticando. Hasta que llegó el momento cuando el ya mencionado principal líder de la oposición, Nikol Pashinián, había logrado organizar unas protestas masivas en la calle contra el régimen, que finalmente obligaron a dimitir al “premier” Sargsián a favor del candidato de la oposición unificada, Nikol Pashinián.

El nuevo primer ministro, que había prometido a sus electores limpiar el país de la corrupción y democratizar las instituciones del Estado, en seguida empezó la lucha contra la corrupción y los crímenes políticos cometidos durante el mandato del ex presidente Kocherián. En mayo de 2019 se empezó el juicio contra él, con acusaciones del abuso del poder y de la corrupción económica durante sus dos mandatos presidenciales.

El enfado del “gran hermano”.

El primero, del entorno de Armenia, quien seguidamente había expresado su malestar con el proceso contra ex presidente armenio ha sido ni más ni menos que el presidente ruso, Vladimir Putin. A Putin y Kocherián los unían lazos no sólo de la estrecha colaboración institucional entre los dos máximos líderes de sus respectivos países, sino también una amistad personal. Kocherián estaba aplicando una política del máximo acercamiento de Armenia con la Rusia de Putin, sometiendo plenamente los intereses de su propio país a los del gran amigo ruso.

Las empresas rusas tienen una amplia penetración en el tejido económico de Armenia. El 20% del comercio exterior armenio es con Rusia. Armenia forma parte de todas las alianzas políticas, económicas y militares que estaba organizando Rusia con los ex miembros de la URSS para mantener el dominio y el control en estas regiones ex soviéticas: Alianza Euro-Asiática y la Organización para la Seguridad Colectiva (Rusia, Armenia, Bielorrusia, Kazajistán, Tayikistán y Kirguizia); tropas conjuntas ruso-armenias para vigilar la frontera de Armenia con Turquía e Irán; una base militar rusa situada en el territorio armenio en el marco de la defensa colectiva; y otros organismos bilaterales. Claro que Putin estaba muy contento con su amigo Kocherián. Y luego con su sucesor, Sargsián, un amigo del amigo.

Y, de repente, un levantamiento popular acabó con el régimen del dúo de amigos del presidente ruso. Y esto no le ha gustado nada. Por dos razones. Una, porque era un claro ejemplo para su propio pueblo de cómo se puede destronar a los que pretenden usurpar indefinidamente el poder contra la voluntad popular. Y segunda – el atrevimiento por parte del nuevo líder armenio de acusar de corrupción al mismísimo amigo de Putin, poniendo de esa manera la sombra al propio presidente ruso.

Un castigo ejemplar.

Estas dos razones eran suficientes para esperar un duro castigo de parte del Kremlin contra Armenia y su nuevo líder nacional. Era sólo cuestión de buscar un momento oportuno para la venganza. Y este momento llegó. Lo fijó Azerbaiyán, empezando la ofensiva militar contra Nagorny Karabaj, un “enclave” armenio en el territorio de Azerbaiyán, la lucha por el cual se está librando desde los tiempos remotos.

La última batalla por él tuvo lugar hace 26 años, cuando por la mediación del Kremlin de entonces se llegó al alto el fuego – después de casi dos años de enfrentamientos – y al inicio del proceso de negociación sobre el “status” especial de Nagorny Karabaj. Con el tiempo, a este proceso negociador se unieron, como garantes de la paz en la zona, los EE.UU. y Francia, en el marco del Grupo de Minsk con la sede en la capital bielorrusa (de allí viene el nombre del formato).

De todas formas, Rusia siempre era un garante principal del mantenimiento del armisticio entre las partes implicadas. Pero el día 27 de septiembre de 2020 la postura de Rusia ha cambiado radicalmente. Este día las tropas azerbaiyanas empezaron la ofensiva militar contra Nagorny Karabaj defendido por las tropas del ejército armenio.

El primer ministro armenio Pashinián pidió la intervención de Rusia y su ayuda para detener el ataque militar de Azerbaiyán. Pero Putin lo negó reiteradamente, aunque, como ya he comentado antes, Rusia y Armenia tienen vigente un Acuerdo sobre la defensa mutua. Más aún, curiosamente la ofensiva militar de Azerbaiyán ha empezado justo al día siguiente de haber terminado en la región las maniobras militares “Cáucaso-2020”, en las que estaban participando los militares armenios junto con los rusos. Azerbaiyán asistía como “observador”. Y, por lo visto, sus observadores han podido ver muchos fallos en la táctica militar empleada por los oficiales rusos y sus colegas armenios, lo que les permitió dentro de unos pocos días arrollar las tropas armenias en una guerra de verdad, un auténtico “blitzkrieg” que ha durado sólo 44 días.

La traición a un aliado.

La táctica de las tropas azerbaiyanas, su preparación por los militares turcos y su armamento suministrado por Turquía e Israel, resultaron muy superiores al armamento y el asesoramiento militar que Armenia estaba recibiendo todos estos años de su principal aliado Rusia.

En las maniobras mencionadas estaban participando 80.000 militares de los países miembros de la Organización de la Defensa Colectiva. Con este ejército, concentrado justo en la zona del conflicto – el Cáucaso del Sur – que hasta ahora ha sido de la influencia exclusiva rusa, no costaba nada haber parado la ofensiva militar azerí contra las tropas armenias situadas en Nagorny Karabaj. Sin hablar ya de los efectivos estacionados en la base militar rusa en el territorio armenio que proporcionaba una perfecta cobertura logística desde la tierra y el aire.

La excusa oficial del Kremlin de la intervención consistía en que el territorio de Nagorny Karabaj no está reconocido internacionalmente como el territorio de Armenia y por tanto el Acuerdo sobre la “defensa mutua” no obliga a Rusia a defender a su aliado mientras él no esté atacado en su propio territorio “legitimo”. Pero en la realidad no se trataba de que las milicias rusas intervinieran directamente en los combates entre las tropas armenias y azeríes, sino que bastaba con que Rusia “advirtiera” a Azerbaiyán de que no dejaría solo a su aliado, Armenia, para que el presidente azerí Alíev pensara dos veces o más antes de enfrentarse directamente con Rusia.

Nada de eso hicieron el presidente ruso y sus generales quienes justo un día antes habían informado a su Comandante en Jefe de los brillantes resultados de la preparación del ejército ruso que habían demostrado las maniobras “Cáucaso- 2020”. Más cinismo y la enemistad para con su fiel aliado Armenia es difícil de imaginar.

¿Haría el presidente Putin lo mismo respecto a su buen amigo y colega el presidente armenio Kocherián o su sucesor Sargsián si un ataque parecido contra Nagorny Karabaj hubiera ocurrido cuando éstos dos habían estado en el poder? Creo que no. Más aún, teniendo en cuenta que ambos ex presidentes armenios procedían de la misma región de Nagorny Karabaj y que su doctrina, a lo largo de los últimos 20 años que ellos estaban gobernado Armenia, consistía en que la defensa de Nagorny Karabaj era un objetivo principal de la integridad histórica y religiosa de la nación armenia.

Así que la pasividad del presidente Putin y la no intervención de los militares rusos en la defensa de las tropas armenias frente a la agresión de Azerbaiyán se puede considerar como una venganza del presidente ruso al pueblo armenio por haber protagonizado la “revolución naranja” contra un régimen pro Putin en su país. Y, por otro lado, castigar a las nuevas autoridades armenias por el enjuiciamiento del amigo personal de Putin, el ex presidente armenio, Kocherián.

Con un agravante más: no ayudar a su aliado, cuando otro país, Turquía, poco amigo de Rusia desde los tiempos históricos, había apoyado abiertamente a su “hermano” Azerbaiyán con los suministros del más moderno armamento y el adiestramiento de las tropas azeríes por los expertos militares, conocedores de las doctrinas castrenses más modernas, siendo Turquía un miembro de la OTAN.

En los últimos años el gobierno de Azerbaiyán estaba gastando más de 1 mil millones de dólares anualmente en la compra del armamento, que representa un porcentaje importante de su presupuesto nacional. Y se ha demostrado que el dinero ha sido muy bien gastado.

Es difícil de suponer que la inteligencia militar rusa no lo sabía todo esto. Y que tampoco se ha enterado de los preparativos militares de Azerbaiyán contra Armenia. Así que, todo lo ocurrido no se puede calificar de otra manera como una traición a toda regla por parte de Rusia a su aliado. Rusia de Putin ha dejado a Armenia absolutamente sola frente al ataque militar por parte de Azerbaiyán, apoyado indirectamente por Turquía. Es un hecho evidente.

Turquía rompe el balance geoestratégico en la región

Que el apoyo de Turquía existía realmente demuestra, por lo menos, otro echo: después de la firma del Alto el Fuego entre Azerbaiyán y Armenia, el Presidente azerí, Iljam Alíev, ha declarado que no sólo Rusia, con su contingente “pacificador” de 2.000 efectivos militares va a participar en la vigilancia del cumplimiento del alto el fuego por ambas partes implicadas, sino también Turquía participaría con sus propios observadores en este proceso. Y que la parte rusa ha aceptado esta invitación de los observadores turcos bajo la insistencia del presidente azerí Alíev. Si no, Azerbaiyán no estaba dispuesto a firmar el Alto el Fuego y pensaba proseguir con su “blitzkrieg”. Aunque en el texto del Acuerdo la “participación” turca no esté plasmada sobre papel, es evidente que ha sido aceptada por Rusia “verbalmente”.

Y este pequeño detalle, sin embargo, tiene un significado muy importante y prácticamente no ha sido comentado por los comentaristas y expertos en el tema. Es que desde más de 220 años, cuando la Rusia Imperial había expulsado de la región del Cáucaso del Sur las tropas del Imperio Otomán, nunca más Turquía pudo de ninguna forma y manera estar presente en esta zona de la influencia rusa. Ahora, con la “entrada” de los observadores turcos para vigilar el armisticio entre Azerbaiyán y Armenia, se rompe este dominio ruso en el Cáucaso del Sur, lo que hay que interpretar como una evidente “derrota” geoestratégica de Rusia y una primera, aunque, de momento, muy pequeña victoria de Turquía.

Los comentaristas rusos y pro rusos no prestan ni más mínima importancia a este aspecto, destacando todo lo contrario: la gran victoria de Putin quien ha conseguido parar la guerra entre Azerbaiyán y Armenia, metiendo sus tropas en la franja de Nagorny Karabaj, haciendo a Armenia más dependiente todavía de Rusia de lo que ella era antes del enfrentamiento bélico.

Los mismos analistas intentan aminorar en lo posible la aplastante victoria de Azerbaiyán con la ayuda de Turquía que significa la creciente influencia de Turquía, vía Azerbaiyán, no sólo sobre la propia república azerí, hasta ahora controlada cíen por cien por el Kremlin, sino en toda la zona del Cáucaso del Sur, que, como ya he comentado, siempre se encontraba bajo el control absoluto de Rusia.

Así que, Putin ha conseguido su venganza personal contra Armenia, pero a costa del prestigio e intereses geoestratégicos de la propia Rusia en la región.

Los ganadores y perdedores

Muchos comentaristas y analistas políticos consideran, sin embargo, que si Rusia no hubiera intervenido “a tiempo”, Azerbaiyán habría podido derrotar por completo las tropas armenias y conquistar todo el territorio de Nagorny Karabaj. Pero no creo que este fue el objetivo final de Putin. Él simplemente ha esperado justo lo necesario, hasta que las tropas armenias tomaran la ciudad de Shusha, la más estratégica desde el punto de vista militar en Nagorny Karabaj y también la más emblemática cultural y religiosamente hablando para la nación Armenia. Y entonces ha intervenido para negociar el Alto el Fuego.

Aunque Armenia resultara duramente castigada y humillada, tampoco, creo yo, entraba en los cálculos del Kremlin fortalecer excesivamente el poderío y la influencia de Azerbaiyán, versus Turquía, en la zona. Por otro lado, pienso que tampoco ha sido el objetivo de Alíev conquistar por completo Nagorny Karabaj para ser luego acusado del genocidio de los armenios que representan una mayoría absoluta en Nagorny Karabaj, como fue condenada Turquía por el genocidio de los armenios en su territorio, en 1915, que costó la vida a más de un millón y medio de armenios y un gran desprestigio para Turquía en el mundo civilizado.

Conquistada ahora Shusha, a través de la cual pasa la única vía de comunicación de Nagorny Karabaj con Armenia, y con la salida de todos los militares armenios de los territorios conquistados por Azerbaiyán, dejando a la población armenia totalmente desprotegida, sólo es cuestión de tiempo que los 150.000 armenios, que viven hoy en día en el territorio de Nagorny Karabaj, lo abandonen desplazándose a Armenia. Y este territorio en litigios durante décadas, sin más guerras caerá “pacíficamente” por sí solo en manos de Azerbaiyán. Creo que en los próximos años la estrategia de Azerbaiyán será potenciar el éxodo de la población armenia de Nagorny Karabaj hacia el territorio armenio, si no lo impide Rusia, sin el “ofendido” Putin ya en el poder, u otros países del Grupo de Minsk. El tiempo lo demostrará.

Un futuro incierto.

El partido del alto ajedrez político no ha terminado. Ya está durando más de un cuarto de siglo, desde que en 1992, después del descalabro de la URSS, cuando las ex repúblicas soviéticas Armenia y Azerbaiyán se convirtieron en unos estados independientes, se explotó la guerra entre ellas por Nagorny Karabaj. Entonces las tropas armenias mejor preparadas y con más espirito luchador derrotaron a las tropas azeríes, conquistando nuevos e importantes territorios alrededor del Nagorny Karabaj. En 1994, con la mediación de Rusia y del Grupo de Minsk, se llegó a un Alto el Fuego, que sólo fue interrumpido en abril de 2016 cuando Azerbaiyán intentó a recuperar parte de las posiciones perdidas en los enfrentamientos de 1992-1994, pero sin éxito alguno. Y ahora, en septiembre-noviembre de 2020, la suerte cambio del bando y Azerbaiyán durante 44 días prácticamente ha recuperado lo perdido en la guerra anterior.

Así que el “partido” sigue su juego y los grandes maestros del ajedrez político, Rusia y Turquía, seguirán moviendo sus peones. Y no hay que olvidar a otro jugador de primera, Irán, que tiene frontera con Armenia y colabora activamente con ella en el campo energético y especialmente en el nuclear – en territorio armenio, en la ciudad de Spitak, está funcionando una gran central nuclear construida en los tiempos soviéticos – para un gran disgusto de Israel, un enemigo acérrimo del régimen de los ayotalás.

Por otro lado, Turquía es un gran rival de los persas en la región del Oriente Medio, donde el régimen del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, pretende acaparar el máximo dominio después del enorme debilitamiento de los países regionales como Irak, Libia y Siria.

Preguntas sin respuestas

Y por último: quedan todavía muchas preguntas sin contestar. ¿Por qué precisamente ahora, después de más de dos decenios de vigencia del “status quo” en Nagorny Karabaj, Azerbaiyán, de repente, ha decidido empezar la guerra? ¿Fue su idea propia o la impuso su “hermana” Turquía, debido a que el presidente turco estaba necesitando alguna victoria fuera de sus fronteras para levantar el ánimo nacionalista “pan-turco” como un arma más en su lucha contra la oposición en su propio país?

¿O el momento del ataque ha sido elegido precisamente porque el cabecilla turco y su cómplice azerí eran conscientes de la creciente debilidad del presidente ruso, de la que tanto se hablan varios politólogos rusos y extranjeros en las redes, y de su incapacidad de tomar las decisiones tan rápidas y contundentes como lo hacía antes, por ejemplo, en los casos de Crimea durante el enfrentamiento con Ucrania o en el de la Osetia del Sur en el conflicto con Georgia?

¿O, al contrario, como dicen algunos analistas, más próximos al Kremlin, que fue una operación especial, diseñada por los militares rusos con el asesoramiento de los servicios secretos, destinada para introducir en el territorio de Azerbaiyán un contingente militar, camuflado como una fuerza pacificadora, para ejercer más control sobre esta ex república soviética de acuerdo con el plan estratégico de Putin del sometimiento a más control e influencia rusa a los territorios que antes se encontraban bajo el dominio de la URSS y antes del Gran Imperio del Zar?

Sólo el tiempo podrá darnos unas respuestas a estos y otros interrogantes. Así que, nos esperan todavía muchas sorpresas y unas jugadas “maestras” en el gran “gambito caucásico”.

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