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EDITORIAL

Unas medidas sanitarias para Navidad tan confusas como difíciles de cumplir

jueves 03 de diciembre de 2020, 13:48h

En una comparecencia ante los medios, con la solemnidad y derroche de marketing que emplean los miembros del Gobierno, el ministro de Sanidad ha anunciado las medidas sanitarias para las fiestas navideñas. Objetivamente, pueden ser acertadas para combatir la expansión del coronavirus. Pero son un galimatías.

Primero, porque aunque el Gobierno pretendía imponer un criterio único, las Comunidades mantienen ciertas competencias, lo que provoca una gran confusión en la opinión pública. Pero, sobre todo, porque la mayoría de ellas resultan imposibles de controlar.

El Gobierno pretende imponer un cierre perimetral de las Comunidades con unas excepciones que, aun siendo lógicas, impiden que los agentes de seguridad puedan controlar la movilidad. A las reuniones de los días de Nochebuena, Navidad y fin de año, los españoles solo pueden viajar a otra Autonomía si su destino es a la casa de un familiar o de una “persona entrañable”, según Salvador Illa. Al ministro le faltó explicar cómo puede la Policía hacer cumplir esta orden. Qué tipo de salvoconducto hay que llevar para demostrar que un ciudadano cambia de Comunidad para visitar a un familiar o a una persona entrañable.

Tampoco se puede controlar si en una casa se reúnen 10 personas o 20, salvo que los agentes de la Policía dediquen esas noches a entrar en todos los domicilios de España a contar el número de asistentes.

Tampoco logró el Gobierno el apoyo unánime de todas las Comunidades. Y así, para crear más confusión en la opinión pública, cada Autonomía ha decidido poner un horario diferente para el toque de queda, por poner un ejemplo. Pero lo más surrealista de esta medida, según la orden del Gobierno, es que “el toque de queda se reserva para reuniones familiares, pero en ningún caso se utilizará esa ampliación horaria para desplazarse a encuentros sociales”. El ministro ocultó explicar qué método aplicará el Gobierno para descubrir si alguien viaja a casa de un familiar o de un amigo, por muy “entrañable” que sea.

Además, según la orden ministerial, “las medidas se plantean en un escenario en el que la situación epidemiológica tiene una tendencia descendente. Pero con situaciones distintas podrán estar sujetas a ulteriores restricciones que pueden variar dependiendo de la evolución epidemiológica de las mismas”. De modo, que a día de hoy nadie puede planificar las cenas o comidas navideñas, ni reservar una habitación de hotel, un billete de avión o de tren antes de viajar, so pena de quedarse en tierra.

Seguramente, las medidas son acertadas. Y el ministro podía haberse limitado a recomendar a los ciudadanos que tomen esas precauciones. Pero no puede imponerlas. Hasta el autoritarismo de este Gobierno tiene un límite. En este caso, el del sentido común.

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