Hay dos clases de derecho en la Unión que son como el turrón: uno duro y otro blando. El derecho duro (hard law) está representado por el estado de derecho del estado nacional, es el de la separación de poderes y el principio de legalidad y constituye un postre tradicional para celebrar la Navidad y empezar el Año Nuevo. Es el derecho que la Unión quiere condicionar si es que sus estados miembros la financiación europea quieren lograr, incluyendo los fondos para la recuperación “Next Generation”.
Luego hay otro derecho, el derecho blando (soft law), cada vez más desarrollado en la Unión, que está tan elaborado que no parece ni legislación y que ha tomado la forma de recomendaciones, orientaciones, conclusiones, directrices o programas de acción. Se trata de una normativa que se deshace de puro dulzor, que tiene tanta resiliencia que sin apenas esfuerzo se dobla que es un primor y aunque carece de obligación legal produce sus efectos igual. Y se utiliza por ejemplo en el Semestre Europeo que marca las reformas económicas a los estados miembro si es que quieren acceder a la financiación de recuperación.
La condicionalidad tiene un aspecto instrumental, de formas de las normas. Decía George Orwell, y eso lo decía cuando todavía no había la facilidad digital del “corta y pega” actual, acerca de la forma de escribir en general, a la que nosotros añadimos también la legal, algo que se puede aplicar al control jurídico financiero europeo del estado de derecho tradicional.
“La forma de escribir moderna consiste en pegar largas tiras de palabras que ya han sido ordenadas por otros y hacer que el resultado sea aceptable por mera embaucación… Tal fraseología es necesaria si lo que uno quiere es nombrar las cosas sin hacerse su representación.”
Y añadía Orwell que hay palabras que o bien han perdido el significado de tanto usarlas (democracia, justicia, libertad) o bien tienen significados que no se pueden conciliar y el que las usa, con su propia definición, puede dar a entender que es otra su intención.
Condicionar la legislación, desde este punto de vista, no consistiría, entonces, más que en contrastar expresiones con un difuso o confuso sostén real. Exigir que se cumpla el estado de derecho sería una actividad gramatical, artificial y superficial, además de parcial y poco actual. Veamos ahora cuál es la situación si de las ideas pasamos a la acción.
En 2018 la Comisión Europea presentó una propuesta de reglamento para la protección del presupuesto en caso de, decía, “deficiencias generalizadas” con respecto al “estado de derecho” (rule of law) en los estados miembros. Eso significaba que si ella (la Comisión) daba con ellas (las deficiencias) podía recurrir a la suspensión o a la reducción del pago de los fondos europeos. La propuesta siguió su tramitación en la Unión y en 2019 el Parlamento dijo que la definición de deficiencia debía ser más concreta y la enmendó transformándola en enumeración.
Ahora el Consejo y el Parlamento de la Unión se acaba de poner de acuerdo con una nueva redacción de la condición y lo que antes era “deficiencia” se han convertido en “infracción” o en “indicación” que afecten o haya el riesgo de afectar (verbo neutral) de forma suficientemente directa a la buena gestión financiera o los intereses financieros de la Unión.
Así ha quedado acondicionado el turrón duro en la Unión pero y el blando ¿no tiene condición? Porque aunque no te rompes un diente si lo muerdes fuerte, si comes mucho te puedes empachar y al final es peor porque afecta al motor de la legislación.
Si Europa fuera realmente un continente con una visión global de última generación de lo que es el derecho en el mundo de hoy, incluiría en la condicionalidad del estado de derecho de los estados miembros de la Unión también el “soft law”.