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Novela

Élizabeth Filhol: Doggerland

domingo 06 de diciembre de 2020, 19:35h
Élizabeth Filhol: Doggerland

Traducción de Rubén Martín Giráldez. Anagrama. Barcelona, 2020. 264 páginas. 18,90 €. Libro electrónico: 9,99 €.

Por Soledad Garaizábal

¡Sigan a esa chica!, se llama Élisabeth Filhol (Mende, 1965), es francesa, acaba de publicar con Anagrama su última novela, Doggerland. Después de La Centrale y Bois II, vuelve al panorama editorial con una obra que reclama un hueco en la literatura europea actual y con una voz muy original, distinta y reconocible, que combina explicaciones científicas con emociones íntimas. Habla de tempestades y de movimientos sísmicos en el interior de sus personajes, de quiebras emocionales vinculadas a la estratificación de las placas tectónicas. Ilustra al lector con conocimientos geográficos, geodésicos, arqueológicos, meteorológicos y económicos y, en su repaso constante por todas las disciplinas vinculadas a las geociencias, entre isobaras y explotación de hidrocarburos, es capaz de tejer una preciosa historia de amor. Doggerland, la masa de tierra fértil que conectaba Gran Bretaña al continente europeo hasta hace once mil años, le sirve como metáfora para poner a escala humana los sismógrafos y hablar de un amor hundido en el mar del Norte, de dos amantes que llevan veintidós años alejados, separados por ese mar que hasta la última glaciación se podía recorrer caminando.

Después de toda una vida volcada en sus respectivas carreras, sus personajes parecen latir bajo los efectos de la deformación profesional. Pasan de lo personal a lo cósmico para recordarnos la verdadera dimensión de los humanos en el planeta tierra y lo fugaz de nuestras propias exitencias. Ella, Margaret, se ha convertido en toda una experta en territorios sumergidos. Anclada a su orilla británica, a su vida en Aberdeen, es investigadora en la universidad escocesa de St. Andrews y lleva décadas estudiando el paraíso perdido durante el Mesozoico, cuando la naturaleza hundió Doggerland bajo las frías aguas del mar del Norte.

Marc, cara a cara contra las olas del mismo mar, pero desde la otra orilla, espera en las costas danesas de la península de Jutlandia volver a reunirse con ella. Desde los veintisiete años, cuando se marchó de su lado, trabaja en la explotación de yacimientos de hidrocarburos. Van a coincidir en un congreso internacional de expertos.

El encuentro tendrá lugar bajo las influencias imprevisibles de una tormenta colosal y casi apocalíptica, a la que los meteorólogos “vieron nacer, emerger de la nada en el mar de Islandia. Asistieron embelesados a su eclosión, anidada en el hueco de su lecho depresionario, engendrada por un aire húmedo subtropical extraviado en las fronteras del océano Ártico”. No han vuelto a verse desde la última tarde en un bar de Aberdeen, un sábado lluvioso de octubre del 91, el momento de la gran quiebra en su corteza vital.

Élisabeth Filhol es capaz de hablar de amor a escala geodésica, personifica los fenómenos atmosféricos, estratifica los sentimientos y perfora los yacimientos del alma. Lo meteorológico, lo geográfico, lo sísmico, la extracción de hidrocarburos, las etapas de sedimentación geológica, todo vale para establecer simbologías y personificaciones. La obra de Filhol encuentra todos los matices a los mil tonos de estados del alma reflejados en una explicación científica del mundo. “Lo que siente ahora es que la presión del mar del Norte aumenta. Que hay tensiones en marcha en el subsuelo, que viejas heridas, hundidas bajo sedimentos con millones de años y mal cicatrizadas, están a punto de reabrirse”.

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