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Ensayo

Evelyn Mesquida: Y ahora, volved a vuestras casas

domingo 13 de diciembre de 2020, 16:25h
Evelyn Mesquida: Y ahora, volved a vuestras casas

Ediciones B. Barcelona, 2020, 319 páginas. 18,95 €. Libro electrónico: 9, 99 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar

En Y ahora, volved a vuestras casas, Evelyn Mesquida nos acerca la trayectoria vital de una serie de personas, desconocidas en su mayoría para el gran público, que comparten un rasgo fundamental: todos ellas fueron refugiados españoles en Francia, país en el que se establecieron en 1939, viviendo en un escenario especialmente complejo como fue el derivado de la ocupación alemana. En consecuencia, la primera característica distintiva de la obra que tenemos entre manos radica en que la autora visibiliza y humaniza a un conjunto de seres anónimos.

En íntima relación con el planteamiento anterior, debe subrayarse el ingente trabajo de Mesquida a la hora de manejar bibliografía y consultar fuentes. Acerca de éstas últimas, sobresalen las numerosas entrevistas mantenidas con los descendientes de esos refugiados, lo que permite conocer sus aspectos más íntimos. Además, la autora no inicia su biografía en el momento en que acontece su llegada a Francia. Por el contrario, a través de una notable labor de contextualización nos describe su posicionamiento durante la Guerra Civil española, contienda en la que tomaron parte dentro de las filas republicanas. En efecto, la mayoría de ellos había comulgado con el anarquismo y el comunismo durante los años 20 y 30, cuyo ideario, en función de los testimonios de sus descendientes, jamás abandonaron.

Esta última idea es fundamental ya que le sirve a la autora para enlazarla con otro de los temas centrales de la obra: una vez en Francia, la mayoría de ellos se unió a la resistencia contra el fascismo llevando a cabo actos de sabotaje, integrando en ocasiones al personal de los servicios secretos aliados. Dicho con otras palabras, pusieron tanto sus conocimientos militares como su ideología política al servicio del combate contra el nazismo.

Sin embargo, pese a sus heroicas acciones, pocos vieron reconocida su labor al término de la Segunda Guerra Mundial: Después de la guerra, Eustaquio consiguió diversos trabajos en empresas locales y terminó como conductor en una empresa de transportes. Murió en 1982, a la edad de sesenta y nueve años. El reconocimiento y homenaje del Ayuntamiento llegó mucho tiempo después, en agosto de 2010, gracias al empeño y constancia de su hija y nietos” (p.239).

Con todo ello, el libro no es una mera descripción de perfiles biográficos. Por el contrario, la autora también refleja la opacidad, como sinónimo de secretismo, que rodeó a la muerte de algunos de ellos. Al respecto, destaca la de Francisco Ponzán, imputada a las tropas alemanas, pero sin que los historiadores hayan podido confirmar la veracidad de tal hipótesis. Como ha sucedido en otros países, también en Francia existe un velo de silencio, patrocinado incluso desde la propia administración central, sobre algunos acontecimientos que se produjeron entre 1939 y 1945.

En lo que alude a su trayectoria tras 1945, todos se siguieron sintiendo muy españoles pese al forzoso exilio. Algunos pudieron regresar puntualmente tras la muerte de Franco, si bien la mayoría permaneció en Francia el resto de su vida: “Mi padre se ganaba la vida honradamente. No le pesaba nada haber renunciado a su carrera militar. Eso sí, se pasó la vida esperando volver a España. Lo hizo en 1975, después de la muerte de Franco. En el pueblo fue recibido como un héroe y mi padre parecía muy feliz. Compró una casa en Nerja, quería irse allí…Murió en 1976” (p.161). En consecuencia, predominó el no retorno: “Mi padre nunca volvió a su país. Salió de España en 1939 y murió en 1980, llevando su tierra todavía dentro” (p.84).

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