Por sorpresa, Pedro Sánchez compareció ante el Congreso de los Diputados para exponer los acuerdos de la UE sobre los fondos de recuperación y la distribución de las vacunas. Como suele, el discurso se limitó a un autobombo personal y a justificar sus medidas económicas y sanitarias. Llegó a decir que, como “España está en la senda de la recuperación económica” se inicia “un cambio de época” que “gracias al Gobierno progresista” nos conducirá “a la prosperidad”. Un optimismo que choca con la realidad, que desprecia las catastróficas previsiones de todos los organismos internacionales.
Pero Pablo Casado, en un demoledor discurso, puso contra las cuerdas a Pedro Sánchez “por sus mentiras” y por eludir los pactos de Estado que le ofrece el PP en políticas sanitaria, económica, social, institucional y laboral.
A diferencia del presidente del Gobierno que se limita a leer el discurso elaborado por el equipo de Iván Redondo, el líder del PP improvisó una intervención certera e implacable. Pero poco le importa a Sánchez que Casado le humillara al hurgar en la desquiciada tensión que padece el Consejo de Ministros, en su rendición ante Pablo Iglesias en todas las propuestas de Podemos sobre el SMI o los desahucios, pese a chocar con el criterio de Nadia Calviño, su vicepresidenta económica. Y es que como ya se sabe y le recordó Casado, “solo le interesa el poder.” Y para mantenerlo necesita a su socio de coalición y, siempre, siempre, a los que intentaron dar un golpe de Estado, que se llevarán el botín de los indultos de los políticos presos y a los herederos de ETA que ya trabajan para “crear la República vasca”. Y, más pronto que tarde, para amarrar los apoyos de ERC y a Bildu, les permitirá celebrar un referéndum de autodeterminación. Se desconoce todavía cómo sorteará la Constitución. Quizás con un decretazo, que Rufián y Otegui ya preparan en la “dirección del Estado.”
No lo reconocerá, su Ejército mediático lo ocultará, pero Pablo Casado arrolló a Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados. Demostró que el Gobierno se encamina al desastre, por su radicalismo comunista y por despreciar los pactos de Estado que le ofrece el PP.