Quousque tandem abutere Catilina patientia nostra. ¿Hasta dónde abusarás de nuestra paciencia, Pedro Sánchez? Desde que se estableció, en tiempos de Pío Cabanillas y José Terceiro, que el Premio Cervantes se entregara en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá en un acto solemne presidido por los Reyes, 44 premiados recibieron el galardón de la misma forma y su discurso de agradecimiento estuvo acompañado por unas palabras del ministro del ramo y un discurso del monarca. Un discurso que se preparó todos los años de forma académica, como corresponde al lugar donde el acto se celebraba y al que los invitados asistían vestidos de chaqué.
La pandemia Covid-19 exigía medidas de seguridad, menos asistentes, mascarillas y cautelas. Eso está claro. Pero de ahí a vejar al Rey, desplazándole de forma clandestina a Barcelona para entregar el Premio Cervantes a un poeta, excelente poeta, por cierto, que recibió a Felipe VI en su domicilio y descorbatado, media un abismo.
El Rey de España es un Rey constitucional que hace y firma lo que el Gobierno decide dentro de la Constitución. Corresponde a Pedro Sánchez, por tanto, la humillación a la que ha sido sometido Felipe VI para que el presidente del Gobierno no pierda el plato de votos circunstanciales del secesionismo catalán. Alguien debería recomendar a Sánchez que redondeara su célebre tesis doctoral citando a Ortega y Gasset, primera inteligencia del siglo XX español, que criticó la República por él propugnada con el célebre “no es esto, no es esto”. Y en el debate con Manuel Azaña, afirmó que a los secesionismos no se le podían hacer concesiones porque son por naturaleza insaciables: “debemos renunciar a curar lo incurable”.