www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

100 años de la muerte de Max Weber

Juan José Laborda
x
1718lamartingmailcom/12/12/18
viernes 25 de diciembre de 2020, 20:17h

Este año se cumple el siglo de la muerte prematura de Max Weber (1864-1920), el sabio alemán, uno de los fundadores de la sociología moderna, junto con Carlos Marx (1818-1883) y Emile Durkheim (1858-1917). Weber falleció de gripe española, la anterior famosa pandemia.

En vida, Max Weber, aunque fue un académico reputado, no tuvo la resonancia intelectual que alcanzó después de muerto. Su hermano Alfred Weber (1868-1989), otro gran economista y sociólogo, que mantuvo con Max una rivalidad sorprendente, dijo de él cuando desapareció que los universitarios en Alemania solo querían saber de “Max y de Marx”. De hecho, Marianne Weber (1870-1954), la fiel esposa de Max, tenía más fama cultural que su esposo cuando éste falleció.

A su muerte, Max Weber era conocido básicamente por su artículo “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”, y varios trabajos más, publicados la mayoría en la legendaria revista “Archivo de la ciencia social y política”, que el dirigió.

La influencia de Weber se produjo cuando se publicaron póstumas sus grandes obras, en especial “Economía y sociedad. Esbozo de sociología comprensiva”, y ese hecho fue debido al trabajo de dos personas, la principal, su viuda Marianne (ella misma una socióloga), y la segunda, el sociólogo norteamericano Talcott Parsons (1902-1979).

El prestigio de las teorías de Weber en Estados Unidos, a partir de su traducción al inglés de Parsons, tuvo mucho que ver con que Weber parecía desmentir con su idealismo a Marx, rechazando el materialismo comunista de este último. Mientras Marx señalaba el origen del capitalismo en la avaricia de la burguesía, Weber sostenía que solo cuando los puritanos introdujeron el comportamiento ascético del ahorro, la reinversión del beneficio y la práctica de la caridad con los desprotegidos, apareció el capitalismo moderno. Como en otras teorías igualmente complejas y plurales, el contenido de la obra de Weber se estudia en nuestros días sin los prejuicios que impidieron ver su verdadero significado, oscurecido por la batalla ideológica contra el marxismo soviético.

La obra de Weber está traducida prácticamente entera al español desde hace muchos años, gracias editoriales como la mejicana Fondo de Cultura Económica, y en la actualidad se siguen editando con traducciones más perfectas, o con estudios aclarativos, como es el caso de “Los fundamentos racionales y sociológicos de la música” (Clásicos del pensamiento, Tecnos, 2016), un texto que escribió Weber para una mujer importante en su vida sentimental, la pianista Mina Tobler (1880-1967), poniendo de relieve la capacidad enciclopédica y la curiosidad renacentista de Max Weber.

Creo que cualquiera que se haya enfrascado en la lectura de Weber habrá experimentado algo parecido a una excitación mental. Weber no es un académico que fríamente expone sus ordenadas conclusiones de su investigación. Más de un siglo después de su escritura, los textos de Weber trasmiten la pasión de un hombre atormentado por su sexualidad, y también la de un ciudadano alemán, pero también ciudadano de Europa y del mundo, que busca en los hechos la “comprensión” de los fenómenos sociales a los que él se aproxima, eso sí, manteniendo “una neutralidad axiológica”, en otras palabras, analizando los hechos sin tener en cuenta los valores morales, pues la investigación científica no puede actuar como enjuicia la ética. Sin duda, el método weberiano, en este presente nuestro de juicios simplísimos y anacrónicos en la red, aparece más necesario que nunca.

Max Weber vivió una época que parió, en medio de enormes dolores, la Europa y el mundo de nuestros días. Vio nacer a Alemania como Estado y como pueblo, y aunque fue un nacionalista alemán, tuvo dudas de la nacionalidad alemana, antes y después de Bismarck, pues la Primera Guerra Mundial, y la República alemana surgida de la derrota (que él ayudó a establecer), mostraron que la política alemana se alejaba del ideal que él definió como “dominación racional o legal”, algo que se haría realidad después con la “dominación carismática” de Hitler. También analizó la violencia en los Estados, y llegó a ver la destrucción de los Imperios austrohúngaro, ruso y turco; y hoy seguimos condicionados por ello.

En 2005 se publicó un libro de más de mil páginas, titulado en español “Max Weber. La pasión del pensamiento.”, cuyo autor es Joachim Radkau (1943), un historiador alemán que ha estudiado la personalidad neurótica de Weber o de Thomas Mann (1875-1955), en una Alemania socialmente desquiciada. Radkau investiga la vida intima de Weber, y nos muestra a un hombre reprimido sexualmente a causa de la influencia de su madre, Helene Fallenstein (1844-1919), una puritana e inteligente mujer. El matrimonio de Max con Marianne, que era sobrina suya, fue un desastre integral; nunca pudieron hacer el amor, y esa es la causa de la enfermedad que entonces se le diagnosticó como “neurastenia”. Pero la impotencia sexual de Max Weber terminó cuando éste se hizo amante, primero, de Else Jaffé (1874-1973), una bellísima mujer y economista prestigiosa, y después con la pianista Mina Tobler. Esas relaciones fueron conocidas, e incluso apoyadas por Marianne, no obstante su activo feminismo. La tesis de Joachim Radkau es que Weber describió el espíritu puritano, las creencias morales, la sociedad desencantada del capitalismo represor, y tantos otros fenómenos de su “sociología comprensiva”, porque las sintió personalmente durante su vida. De ahí que su lectura, cien años después, resulte fascinante.

Juan José Laborda

Consejero de Estado-Historiador.

JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (12)    No(0)

+
0 comentarios