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TRIBUNA

La política toda es máscaras

jueves 21 de enero de 2021, 20:02h

“El mundo todo es máscaras: todo el año es carnaval” es un artículo satírico con cerca de dos siglos de antigüedad y que sigue siendo actual. Lo escribió Mariano José de Larra cuando tenía veinticuatro años de edad. No me pregunto ya si este autor es leído, sino siquiera si es conocido. Me temo que a los jóvenes no se les habla de ningún escritor interesante con el que puedan aprender a vivir con mayor plenitud y a pensar mejor. De este modo, resulta inevitable que el nivel de comprensión e interpretación de lo que se dice y se lee cada vez sea más bajo e insatisfactorio. ¿A nadie le inquieta esta inmensa fragilidad? ¿Podemos consentir que esto siga siendo así?

El simple título de este artículo de Larra es ya aleccionador. Las apariencias engañan, con imágenes y palabras disfrazadas y simulando lo que no es cierto o lo que es exactamente al revés. Uno no debería ignorar lo evidente, so pena de condenarse a una vida hueca y perturbada por la irrealidad transmitida. Se impone el deber y la responsabilidad de no confundir.

Leo al ministro de Sanidad, de la pandemia del coronavirus y de las mascarillas, Salvador Illa. En una entrevista reciente ha dicho que “todos somos responsables de lo que ha pasado en Cataluña estos años”. Vuelvo a comprobar lo leído por si un prejuicio oscuro me ha hecho una mala pasada. Pero no, compruebo que es textual y se me pone la cara de tonto, de modo que intento recomponerme y ser ecuánime al interpretarla.

Esta frase de Illa es injusta porque no pondera. Hay grados muy diferentes de responsabilidad en lo ocurrido aquí estos años, incluido un intento de golpe de Estado que pretendió sustituir un orden legal democrático por medios ilegales. Ocultar lo que no conviene reconocer, pero que es público y notorio, es arrojar falsedad. Es un engaño grave recubierto de inocencia con un ‘buenismo’ que finge equidistancia.

Habrá que repetir una vez más que el poder político en Cataluña ha apretado hacia el secesionismo unilateral, ha inventado y exagerado agravios con el resto de España, ha sembrado el ofuscamiento, la intolerancia y el supremacismo y ha regado de dineros públicos (esto es, de todos los ciudadanos sin excepción) la tergiversación histórica. En estas condiciones, es hipócrita exigir diálogo, denunciar bloques y condescender a quien toma por la fuerza los espacios públicos.

Sin embargo, no cabe duda de que todos tenemos la obligación cívica y la responsabilidad de trabajar por la concordia, y no atizar el resentimiento y la violencia. Y esto exige que los políticos se dispongan a aglutinar sensibilidades distintas y a buscar consensos razonables. Sostiene Illa que “no va a haber un gobierno del PSC con ERC ni apoyo a ningún gobierno liderado por nadie que defienda la independencia”. Ni al PSC ni a ERC les conviene explicitar su acuerdo tácito; no sería la primera vez ni la segunda que lo hacen. ¿Se refiere Illa a que, si él presidiera un gobierno con ERC, contendría su acción separatista durante unos años y el partido de Junqueras dejaría de trabajar por su proyecto? ¿Le bastaría a ERC que se estableciera un federalismo asimétrico, se declarase a España Estado plurinacional o se indultase a los políticos presos, como pidió Iceta en 2017? ¿A estas alturas, quién ignora que no se puede satisfacer a quien con nada se va a satisfacer?

Creo que nos tratan como a tontos. En un perverso juego pueril, unos pretenden ser más nacionalistas que nadie, y otros ser más buenos que los demás. Pero todo lo que dicen y hacen depende de sus intereses coyunturales, sin más principios. Esto no sólo destroza el sentido de la democracia, sino que es calamitoso para la salud pública.

Ahora bien, quien esté libre de pecado que tire la primera piedra. La señalada en su momento por Albert Rivera como valor en auge de sus huestes se ha ido con la música a otra parte, al compás de los cantos de sirena de la calle Génova de Madrid. Nunca me gustó la afición a chillar y abroncar de esa joven, tampoco me sorprende que el mismo día de incorporarse al PP, acompañada de su paisano Alejandro Fernández, se afanara a hablar sin ningún pudor de ‘nosotros’, ‘siempre hemos dicho y hecho tal y cual’. Puro teatro, penoso espectáculo.

Para distraerme un rato, estos días he vuelto a ver un falso documental de Woody Allen, rodado en 1983: ‘Zelig’, que trata de camaleones y de mimetismo, del fingir y del transformarse. Recuerdo que tras ‘curarse’, Leonard Zelig aconsejaba a un grupo de niños: “Chicos, sed naturales. No imitéis a los demás, aunque creáis que lo saben todo. Sed como sois y decid lo que penséis”.

Es un consejo muy adecuado también para los mayores, para que vayan con la cabeza alta y sin avergonzarse en su interior. La autenticidad, sin máscara, el único modo de estar orgulloso de tu alma.

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