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TRIBUNA

Y así está el mundo

jueves 21 de enero de 2021, 20:04h

Resulta ahora que nos hemos divertido por encima de nuestras posibilidades, como otrora nos endeudamos por encima de nuestras posibilidades. En general, vivimos de prestado y lo mejor que podemos hacer es salir pronto de escena y calladitos, para que el patrón no se nos encorajine. Culpables, inconscientes, temerarios: no hemos querido escuchar las admoniciones de La Ciencia que vino a salvarnos y que está empeñada en salvarnos de nosotros mismos.

Pero la vigilancia microfísica – que decía el otro – servirá para tenernos bien amarraditos, para someternos a las directrices de los curadores paternalistas y bondadosos, de la nueva clerecía ya no religiosa, ni intelectual, sino científica. Verdadero sacerdocio de nuestra postmodernidad, cuya verdad nadie se atrevería a impugnar. Las voces de los médicos claman por el confinamiento sanitario, higiénico y pedagógico. Única verdad que nos salvará de la muerte y nos transfigurará en ciudadanos ejemplares, sujetos emancipados de toda superstición, pero dóciles. Iluminados por la luz sin matices de la Verdad, pero obedientes a la voz de la Razón por nuestro bien.

La educación online permite ya suprimir docentes. La relación de enseñanza-aprendizaje, que sustituyó al discipulado, será sustituida por el seguimiento del tutorial. Y así podremos mantener la salvífica distancia, sin echarnos el aliento unos a otros como bestias salvajes, como perros en celo, como animales de otro tiempo. Distanciados y discretos, silenciosos manipuladores de aplicaciones facilitadoras y eficaces. Separados para no componer masas indomables, organismos en rebelión. Desbravados y mustios salvaremos la vida, porque – según se repite con paciencia oriental – el bien más preciado es la vida: aunque sea ignorante y miserable. “Mejor morir de pie que vivir de rodillas”, clamaba un grito salvaje de otro tiempo. Racionalistas asustados, hemos concluido que es mejor vivir, vivir por encima de todo, vivir como sea, sobre todo vivir, que simplemente es sobrevivir.

Mientras, los señores de la cosa confunden las palabras y llaman refugiados políticos a reos de la justicia o señalan sus sueños republicanos tan lindos y tan enrojecidos. Cárdeno sol naciente, carmesí color de sangre. Del oriente viene el nuevo poder que oscurece la tierra, como empieza a verse en esos Estados Unidos que van a ser redimidos por Biden, el mandarín de ojos achinados que identifica su victoria con el triunfo de la Democracia: otro singular hipostático. El runner envejecido que ha tomado la Casa Blanca con un aluvión de votos casi-orientales y ha puesto contra la pared al último avatar del sueño americano, con sus momos y jeringotes de hombre fuerte del medio oeste al que le ha salido un ágil contrincante, capaz de disparar sin desenfundar. Artes marciales orientales, rápidas y fugaces. Golpes invisibles frente a los puños de hierro del cowboy.

Por la tierra desolada de los hijos de Túbal – vicepresididos por el señor de la ley – se evitará criminalizar al independentismo. Como si el honorable fugado no hubiera violado la ley, como si la ley fuera un mecanismo de criminalización. Aniquilemos la legalidad y desaparecerá el delito. La ley, el baluarte del derecho, la muralla que contuvo el capricho del poderoso. Simple instrumento de categorización criminal que hay que deconstruir para que se haga el mundo según mi voluntad. Mientras, desde las calles vacías puede oírse el llanto y el rechinar de dientes. Decía el maestro Aquilino Duque que nunca ha visto en la política otra cosa que un divertimento literario, aunque – añadiría uno – maldita sea la gracia, cuando la sonrisa que nos arranca tiene el valor de la risa sardónica.

Y así está el mundo, ahora que se me vino a las mientes el vate y el poeta: arrasado por las manos infecciosas de los señores de la tierra. Pero no prevalecerán, porque bajo la mala sombra de su política sigue creciendo la verdad primera, sigue alentando la única, la eterna primavera.

Fernando Muñoz

Doctor en Filosofía y Sociología

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