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TRIBUNA

Es lo que hay: poco petróleo, planes sociales y país de cartón

lunes 25 de enero de 2021, 20:04h

He pasado con creces la edad que aconseja la Biblia para morirnos, y no es sin cierto desconsuelo que escribo estas líneas o este melancólico informe. Una antigua relación, aunque siempre renovada, me une a mi patria. Llamémosle una hermandad o una paternidad basada en los compartidos respetos de preclaros personajes de nuestra historia que la hicieron posible (pienso en Belgrano, San Martín y Sarmiento, entre tantísimos más), de íntimos rincones y de asombrosos paisajes con luminosos amaneceres y conmovedores crepúsculos, de noches estrelladas y apacibles (donde nuestra única y privada Cruz del Sur, solo imaginada por Dante en su Comedia, en el remoto siglo XIV, se anticipó a toda constelación continental), de memorables paseos a través de nuestras llanuras y valles verdecidos, de apacibles navegaciones por lentos y silenciosos ríos, que nacen a veces de imponentes montañas y desembocan en el inabarcable mar o el más ancho río de aguas color café con leche, como lo comparara Julio Cortázar en una espléndida metáfora; esta Argentina, estimulante de poemas preferidos que la representan y guardo en la memoria, basados en el emotivo amor a una generosa tierra de anchísimo y muy entregado cielo que nos vio nacer.

Creo, sin embargo, que el espacio emotivo que abarca el alma de nuestra amable y deseada República es mucho amplio que nuestra imaginación y su prolongado territorio; se extiende y expande ofrecido en las exaltaciones generadas por una noble emoción que nos hermana en la música y la danza, en las exaltadoras y epopéyicas zambas y cuecas, en el rústico chamamé y en la elegante chacarera, en la romántica tonada y en el quejumbroso tango, único folklore de ciudad que hoy germina no sólo en Buenos Aires, sino que ya incluye buena parte de Europa y del mundo; abrazado también en su acrobático baile, incorporado a un ballet abierto a las estéticas del mundo.

Si alguien quisiera identificar los trazos de la exuberante, ubérrima y extendida geografía que nos incluye, nos da vida y otorga personalidad en el terreno social, científico, cultural, político y económico, acaso debería detenerse en pocos nombres que nos honran, no en las decisiones de una demasiada y vasta dirigencia definitivamente inepta y pervertida que nos gobierna desde hace décadas, y cada día se expresa más en su decadencia, su corrupción y en su falta de ideas. Allí se podrán encontrar las mediocres corporaciones que se han sucedido enquistadas y representadas por protervos dirigentes maltratadores de indefensos e inocentes ciudadanos, utilizados para legitimarlos con sus votos; de productores e inversores financieros foráneos, manipuladores de un birlibirloque que incluye precios cuidados y modelados según imperativos electorales. Fascinación morbosa, si cabe una expresión, infaltable en todos los populismos nacionalistas o en las corporaciones neo liberales que establecen leyes y medidas en detrimento de mayorías, siempre favoreciendo a muy contados pequeños sectores, mientras más de 40 por ciento de trabajadores conviven con la indigencia.

Fracasado el intento de estatizar empresas nacionales, el paradigma reciente es la intervención política en una sociedad anónima, bien argentina, con cotización en la Bolsa de Nueva York, que pasó por manos españolas, se recuperó después de tires y aflojes, y sigue flotando en un mar de incertidumbres, con un accionar ecuménico que incide directamente en la economía local y en bolsillo de cada contribuyente; sobre todo en el de los más necesitados. YPF (sigla de Yacimientos Petrolíferos Fiscales), la petrolera estatal cuya falta de coordinación en las decisiones directivas hace que los oficialismos de turno lleven a cabo políticas experimentales acaso menos temerarias que grotescas.

La crisis actual se desencadenó esta semana a raíz de las restricciones impuestas por el Banco Central para que las compañías accedan al dólar para pagar sus deudas. Hoy, YPF debe hacer frente a un vencimiento de 400 millones de moneda fuerte, que es el remanente de una reestructuración anterior de administración macrista y también a la resolución del Banco Central. Alertados de que no obtendrían esas divisas a través de exportaciones agrícolas, los ejecutivos de la empresa dieron inicio a una negociación con los acreedores para saldar el compromiso con un poco creativo y reiterativo bono con respaldo de aire. En algún momento de las conversaciones hubo un cambio rotundo de orientación. YPF, sin consulta previa, propuso reprogramar todos sus pagos. Aunque, según ha trascendido, el primero pagaría la risueña cifra del 8,5 por ciento de interés hasta su vencimiento en 2026 y estaría respaldado por el flujo de las exportaciones del campo (¿?), mezcla al boleo -ni más ni menos- que de paja con trigo. El segundo alegre bono carece de garantía y el respaldo podemos imaginar que lo dará el mago Mandrake; pues vence en 2029 y se asegura, con el mismo interés del anterior; en cuanto al tercero, tal vez el más disparatado, ofrece una tasa del 7 por ciento y vence en 2033. Remota época en qué, quizá nuestra Argentina ya no exista si seguimos a este paso, cumpliendo las predicciones del inefable y siempre recordado monologuista Tato Bores. Una ensoñación del Ministerio de Economía que llevó al presidente de la petrolera a presentar sensatamente su renuncia.

Dicha osadía, como es de suponer, fue para los inversores una declaración de guerra. Como viene sucediendo con los deudores de la Argentina, se formaron dos grupos de bonistas que dejaron el problema en manos de abogados, o de creativos ilusionistas en cobrar cuentas pendientes. Entre ellos, los del poderoso estudio White & Case, de Nueva York, que ya litigó en otras deudas saliendo siempre ganancioso. No es todo, en el mercado hay otra explicación. Atribuyen el cambio a una orden del ministro de economía Martín Guzmán, quien pretendería alinear a YPF en su estrategia general made in Harvard; esto es impulsando un hipotético crecimiento de la economía y liberándola, por un considerable tiempo, del peso de la deuda; algo que nadie entiende, ni aún los sabios más mentados del establishment economicus. Simples expresiones de deseo, claro, ya que tales medidas distan de ser aceptadas por cualquier persona seria y con criterio sobre sus finanzas.

En el mercado interno los precios de las naftas no están regulados, pero es YPF la que fija los precios. Lo cierto es que YPF, como empresa generadora de energía, cuesta hoy solo un 10 por ciento de lo que valía cuando el Estado se la vendió a la petrolera española Repsol en los años 90. Luego, Cristina Kirchner la nacionalizó y el resultado no puede ser más magro ni escandaloso. Ahora bien, el debate revela algo importante. Nadie quiere atribuirse la maniobra, ya que se teme una catástrofe. Más aún, en YPF han comenzado a explicar que se trata de un canje voluntario (¿?). Si bien es verdad que ya no existen cláusulas por las cuales, si se alcanza un determinado porcentaje de adhesión se obliga a quienes no quieren entregar sus viejos bonos. Aun así, existen determinadas mayorías de aceptación que son coercitivas porque habilitan a cambiar las condiciones de todos los títulos o bonos habidos y por haber.

La discordia de YPF con los acreedores reducirá al extremo el acceso de la petrolera al capital necesario para que produzca hidrocarburos para el consumo local; además, por consiguiente, el Banco Central deberá olvidarse de los dólares que podría recibir con una eventual corriente de inversión, que ahora queda definitivamente descartada. Los combustibles que dejen de producirse deberán importarse, lo que implica un mayor gasto de divisas. Sobre todo en un momento en que el precio del petróleo está en ascenso y la Argentina no cuenta ni con un dólar partido al medio. Quiere decir que para evitar hoy el consumo de divisas consistentes, se asegura un mayor consumo de dólares futuros (¿?). ¡Ja, ja, ja…!

La aspiración de reducir los pagos a los acreedores para evitar subas de precios energéticos garantiza otras distorsiones, ya que supone que los combustibles quedarán desconectados de las cotizaciones internacionales del petróleo. Y que, por lo tanto, las refinerías locales pagarán menos de lo que corresponde a los productores. Nadie puede declararse sorprendido ante tal dislate. Lo cual ha llevado al sector de la distribución de gas y de electricidad a fijar con anticipación un tope electoral para las tarifas, que quedarán congeladas en no más de 9 por ciento anual. Cifra negativa y cero rentable (¿?). ¡Oh, mama mía qué desborde de inteligencia!

La otra señal de estas horas es menos simbólica que demencial. Como ya señalamos, en medio de la complejísima negociación de estos bonos hipotéticos, YPF cambió a su presidente. Acción que parece estrafalaria. Y es, en verdad, algo más que estrafalaria. Se va Guillermo Nielsen y entra un tal Pablo González, que, con independencia de sus antecedentes personales, es interesante lo que cada uno representa. Nielsen fue el experto en finanzas que acompañó a Alberto Fernández en cada reunión que tuvo como candidato con bancos y fondos de inversión. Hombre serio y bien intencionado, doy fe, porque lo conozco de cerca. Fue el garante de que el nuevo gobierno no sería una regresión hacia el estatismo de la anterior experiencia kirchnerista-Esquenazi. Pero todavía hay más: fue el encargado de explicar que los dólares que le faltan a la economía argentina vendrían del sector petrolero, y ahora... Lo probable es que se sigan yendo especialistas debido a lo que sucede en el sector petrolero, mientras el garante es enviado a Arabia Saudita, y para qué... Un destino irónico, que parece una broma del dúo Fernández - Fernández.

La politización de la gestión es el peor servicio que este Gobierno le infringe al país (no el sentido jesuítico que podría prestarle como bienestar a su pueblo, sino en el más destructivo y perverso). ¿Quién les va a creer que el sacrificio que piden, o se exigen, será puesto en función de una gestión más eficiente? Por otro lado, la acción de YPF a nivel internacional cayó por la asunción de Joe Biden, en más de un 6 por ciento. Este derrumbe alienta las versiones sobre una fácil estatización. Se atribuye este objetivo al kirchnerista Instituto Patria, comandado por la Cámpora. Tal vez esa confiscación sea más atractiva para los accionistas privados de la empresa. En especial si se tiene en cuenta la legendaria prodigalidad del kirchnerismo para indemnizar. De tal forma las fantasías estatizantes presentan el mismo problema que la agresividad financiera del juvenil ministro Guzmán. Pues más allá de su dudosa intervención en YPF, el férvido ministro actuó sobre varios gobernadores para endurecer las reestructuraciones provinciales. Fue el tema principal, y oculto de la visita que el presidente Fernández hizo a la provincia de La Rioja. Esta estrategia del catedrático Guzmán, basada en ahorrar los dólares que se deben, no contesta un interrogante menos simple que estratégico: ¿de dónde saldrán los dólares que se requieren para las inversiones que impulsarían el crecimiento que él promete? YPF viene a reforzar un problema (o problemita previo): el aislamiento de la Argentina respecto de las corrientes internacionales de financiamiento. El costo del capital para cualquier emprendimiento es insostenible, cada vez más alejado de la mano de Dios, aunque no de la del jerarca Putin ni de Xi Jinpin, ni de la de Maduro. ¿Qué país puede pagar tasas de alrededor del 16 por ciento? ¿Qué negocio puede ofrecer entonces dicho retorno?

Así, en suma y sigue, carente de dólares para saldar compromisos y alentar inversiones, la única salida que tiene el presidente para todos sus anuncios de gasto es la emisión monetaria. No hay otro sendero. La llamada “maquinita” no cesa de imprimir papeles sin respaldo de dólares, lo cual significa mayor inflación y mayor desbarajuste de la economía; añejo tema que plantea el drama de una ensoñación populista basado en la epopeya de “vivir con los nuestro”; a pesar de que “lo nuestro hoy, es casi nada, o nada para ser más realistas, sinceros y rotundos”. Por eso la encrucijada del Gobierno es estremecedora y cabe la pregunta: ¿Puede lograr lo que Cristina Kirchner le pide para el año electoral el precoz ministro de economía? La cuadratura de este círculo disperso puede también hundir al kirchnerismo. Es otra de las tantas cosas que se plantea como objetivo este melancólico Gobierno efe-efe, ya que los planes sociales, también impulsados antes por el anterior y deslucido macrismo, hayan exhibido la más alta perfección de los Estados neo populistas-liberales. Creación aburrida y repetida si las hay, que ha demostrado no servir ni para espiar quién viene ni quien saca provecho del hambre de los demás.

De manera entonces que entre vericuetos intrincados, pasillos burocráticos inentendibles, centenares de miles de millones de pesos distribuidos sin transparencia y superposición de programas que llegan por diferentes caminos a las mismas personas, el país sigue barranca abajo. Y como en todo buen laberinto, la Argentina no ha podido encontrar la salida al dilema de una coherente distribución de la riqueza. Más aún, parece empeñada en construir nuevas opciones para la caída que en encontrar una puerta de salida.

¡Ah, con los laberintos borgeanos, qué complicada idea…! Todos los sectores políticos juegan la suya y no buscan una alianza que contribuya a sacar el país adelante. El arco político, judicial, burocrático y sindical crece desmesuradamente y una ex presidenta, un ex vice presidente y un ex juez de la Suprema Corte cobran cifras monumentales (cien, doscientas o trecientas veces más que un jubilado común, que apenas roza los treinta dólares), que ellos califican como sueldos prudentes y acordes a la envestidura. De un porcentaje solidario para los que menos tienen, nadie habla y todos hacen mutis por el foro.

En fin. La reciente reunión internacional de Davos, que se acaba de inaugurar, nos augura el estremecedor, negro porvenir de un país casi a la deriva sin puerto de destino. La entidad publicó un informe que deja mal parado al gobierno de Alberto Fernández en cuanto al manejo de la pandemia. Por un lado, por el poco estímulo fiscal que se destinó para paliar los efectos del Covid-19 y, por el otro, por la caída del PBI en 2020 y la cantidad de fallecimientos cada 100.000 habitantes. De acuerdo con el informe, el país solo fue superado por Perú y España en caída del PBI y quedó sexto detrás de Bélgica, Perú, España, Italia y el Reino Unido en cuanto a muertes, teniendo en cuenta que en Europa el virus comenzó a circular antes y en Inglaterra está activa una variante que tendría una mayor mortalidad. Así, sin petróleo, pero con limosnas, que se suavizan con el eufemismo planes sociales y mucha, mucha pobreza no nos queda sino el melancólico consuelo de resignarnos a un país de cartón. Horroriza decirlo, pero es lo que hay.

Roberto Alifano

Escritor y periodista

ROBERTO ALIFANO es escritor y periodista argentino, autor de algunos libros de poemas, de relatos y ensayos.

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