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En la FRONTERA

Se nos ha ido un gran pastor

sábado 30 de enero de 2021, 19:43h

La Iglesia española ha perdido a un gran pastor, Juan del Río, pero el cielo ha ganado un ángel. Esta semana, el pasado jueves, la “maldita pandemia” nos arrebató de su presencia terrena a Monseñor Juan del Río, arzobispo castrense, que ha dejado una ejemplar vida para todos los que le conocimos y recibimos lecciones de amor.

Don Juan era ante todo un sacerdote que supo enmarcar toda su vida en la entrega a los demás. Una entrega desinteresada y de hermandad total con consejos acertados siempre para todos los que acudíamos a él. Nos consta que a algunos hermanos eclesiales la actitud de Juan del Río no era muy bien acogida, pero también sabemos que él mismo quitaba importancia esas “críticas”, que ahora esos mismos transforman en elogios.

Llegó al arzobispado castrense con sorpresa para algunos de esos críticos, pero con gran alegría personal. Fue un fiel amigo para sus compañeros de armas y defendió siempre “la atención espiritual al Ejército que se lleva haciendo en España de forma estable y organizada desde 1532”, al mismo tiempo que “aseguraba que “el Estado debe reconocerla y no obstaculizarla” y ensalzaba “la figura del capellán, de sus queridos curas castrenses”.

Tras su nombramiento como arzobispo castrense hizo la visita de rigor a la entonces ministra de defensa, la fallecida Carmen Chacón, quien tras la conversación protocolaria con monseñor del Río salió de su despacho para ir a buscar a su hija de pocos meses y pidió a don Juan que la bendijera. Fue un momento entrañable, según me comentó el arzobispo, y que habla de la cercanía y de la bonhomía que mostraba, pues además siempre decía que “el 'pater’ ha de tener alma de apóstol y corazón samaritano, para hacer presente el Amor entre las armas”, y proclamaba que “debemos sentirnos orgullos de nuestros soldados, auténticos ‘guardianes de la paz’”.

Ahora, dentro de unos meses, la Santa Sede tendrá que nombrar un nuevo arzobispo castrense. Una labor un poco complicada pues tiene que haber un consenso entre la Casa Real y el Vaticano. Sustituir a don Juan no será nada fácil pues era un hombre tan cercano que era capaz de renunciar a parte de sus emolumentos militares para ayudar a los más necesitados. No en balde puso en marcha Cáritas Castrense, que ayuda a cientos de personas cercanas a los tres ejércitos en situaciones muy complicadas.

Por eso, me gustaría terminar mi artículo de hoy en El Imparcial transcribiendo el último twit que publico monseñor del Río antes de su ingreso en el hospital Gómez Ulla:“En estos tiempos recios, son más necesarios que nunca: la alegría, el humor y la sonrisa cotidiana; porque si la pandemia alcanza el alma, esta languidece y se pierde la esperanza. Por favor no olvidéis el refrán al mal tiempo buena cara”.

Descanse en paz, Don Juan del Rio.

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