Salió Abascal con paso firme y decidido en busca de ese descarriado electorado que con resignación y tapándose la nariz votaba al PP, y hoy es el propio electorado el que ha de rescatar a cincuenta y dos diputados que, como ovejas descarriadas, se han creído las mentiras del lobo.
Cuenta Ramón Garriga, corresponsal en el Berlín hitleriano, que el año 1941 debía ser el año de la victoria y de la paz para Alemania. Así lo había asegurado el propio Hitler en la orden del día que el primero de enero de ese año dirigió a la Wehrmacht. Durante el año 1940 los alemanes estuvieron contentos y optimistas al haber asistido a unas victorias bélicas extraordinarias, especialmente, la victoria ante los franceses. Una berlinesa amiga antinazi del periodista español, explicaba a éste: “Hemos criticado los métodos de represión que emplea el régimen nazi, pero hoy debemos admitir que todo sistema es bueno si logra imponer el orden, una mejor justicia social y un mayor bienestar para todos”. Garriga supo en aquél momento que su amiga ya estaba seducida por la propaganda diabólica de Goebbels y, por ello, le dijo: “Falta mucho aún para cantar victoria como ha hecho Hitler. Las cosas pueden complicarse mucho. Además, recuerda que asistimos a una lucha entre el bien y el mal y la historia nos ha enseñado que las fuerzas oscuras terminan por sucumbir aunque parezcan triunfar de momento”. En efecto, aquella fue una lucha entre el bien y el mal. Chesterton, que acertó en muchos de sus vaticinios sobre la II Guerra Mundial, afirmaba sobre Hitler: “He aquí el nuevo enemigo con el que hemos de enfrentarnos: un orgullo pagano liberado de todas las trabas democráticas y religiosas…El hombre, que nada adoraba, llegó a ser un dios ciegamente adorado”. Cuántos políticos se desembarazan hoy de trabas democráticas y religiosas, o al menos, morales.
¿Hay algo de bisoñez parlamentaria en la abstención de Vox? ¿Es una jugada maestra? ¿Dónde reside la maestría, en qué consiste el juego y quiénes se alzan con el triunfo y acarrean con la derrota? No se puede despellejar a Cs ni reprochar tibieza al PP por sacar las castañas del fuego al Gobierno haciendo lo mismo y pidiendo luego árnica. A veces se canta las cuarenta llevándose las diez de monte y se pierde la partida. Ante este desgobierno, son muchos los ciudadanos que desean victorias eficaces, no victorias sin alas que acaban en derrotas heroicas.
A diferencia del rey Midas, lo que toca este Gobierno se convierte en mercancía de contrabando. Tiene la horrenda costumbre de pretender ayudar al ciudadano por cálculo electoral o por lástima, pero nunca respetándolo ni reconociendo su dignidad. Si la ayuda europea está en sus manos, virgencita que me quede como estaba, dirán empresarios y autónomos. “Bien sabe Dios, decía Chesterton, que nuestras esperanzas no están puestas en nuestros propios gobernantes ni en los demás gobernantes del Estado moderno sofisticado”. Y es que cada partido, que tiene su parte ínfima de razón, practica y ambiciona el chalaneo, la caza de cargos y la pelea sin cuartel por el poder. Ningún partido es intachable.