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TRIBUNA

Inicio del pensar

José María Méndez
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axiologiatelefonicanet/9/9/20
martes 02 de febrero de 2021, 20:24h

Descartes se plateó cuál podría ser la verdad más básica y elemental -la piedra angular- con la que empezar la aventura del pensamiento. No en sentido histórico, sino según un orden racional y sistemático. Creyó haberla encontrado en su famoso “cogito ergo sum”. Muy pocas alforjas para tan enorme viaje.

En cambio, el nuevo cálculo lógico posee la potencia adecuada para ser el verdadero inicio del pensar. En realidad se trata de la mayor conquista intelectual hecha nunca por la humanidad. Haber resuelto la eterna pregunta contra la que se estrellaron los mejores filósofos. Cuál es la relación exacta entre realidad y pensamiento, entre los tradicionales “Esse” y “Logos”. Al menos en su más elemental presentación.

El pensamiento como tal nos es inaccesible. Pero se materializa en el lenguaje ordinario escrito. Y éste sí está a nuestro alcance. En cualquiera de los casi 5.000 idiomas existentes, cada palabra y cada frase pretende corresponder a un elemento de la realidad. Supongamos ahora que no hay sinonimias ni polisemias. A cada elemento de la realidad le correspondería una palabra y sólo una. Y cada palabra denotaría un elemento de la realidad y sólo uno. Supongamos además que toda la realidad es cubierta por ese lenguaje. Entonces tal lenguaje ideal sería como la imagen especular de la realidad, por decirlo así. Pues bien, todo esto ocurre en la triple correspondencia de la que nos ocuparemos enseguida.

La lógica formalizada ha dado con el tesoro que en vano perseguía Descartes. Ahora sabemos cuál es la verdadera piedra angular del pensamiento. Sólo que esta piedra angular, o inicio absoluto del pensar, es triple. Hay tres realidades esenciales o fundamentales, las más simples de todas. Componen el ESSE. Y hay otras tres palabras en correspondencia biunívoca con ellas, que forman el LOGOS. Demos el nombre de “triple correspondencia” a este inicio del pensar.

Tenemos esto: LOGOS

.............................................ESSE

válido...............necesario

consistente.................... posible

contradictorio.................imposible

La tercera correspondencia la entiende todo el mundo. Que algo sea y no sea a la vez es imposible. Entre el ser y el no ser no hay término medio. Lo contradictorio no puede existir.

Pero las tres correspondencias forman un bloque. Si se admite la tercera, hay que admitir también la primera. Y eso es nada menos que afirmar “Dios existe”. No hay más ser necesario que Dios. Su existencia se corresponde con cualquier validez lógica, o con el conjunto de todas ellas, de la misma manera que una contradicción se corresponde con la nada absoluta o imposible. Y tampoco hay nada más verdadero que una validez lógica, “verdadera en todo mundo posible”, como decía Leibniz.

Nada relativa es la inexistencia de algún ente posible. Nada absoluta es la inexistencia de lo contradictorio, o imposible.

Así pues, lo válido existe absolutamente y lo contradictorio inexiste absolutamente también. Esta es la piedra angular del pensamiento y del lenguaje. Tan absoluto es que lo válido no pueda no existir, como absoluto es que lo contradictorio no pueda existir. Tan absoluto es que lo válido necesariamente exista, como absoluto es que lo contradictorio necesariamente inexista.

Digamos lo mismo con un ejemplo tomado de la historia. Heidegger, que en su tiempo fue estimado como el mejor metafísico del mundo, buscó también la piedra angular del pensamiento. De ahí su famosa pregunta “¿por qué el ser y no la nada?”. Pero la pregunta es incorrecta. Considera sólo el Esse y prescinde del Logos. Sólo bajo este error puede parecer que la nada sea el antónimo del ser. Ni siquiera distingue Heidegger entre nada absoluta y nada relativa.

En cambio, si tenemos en cuenta el Esse y el Logos a la vez, la pregunta correcta sonaría así: “¿por qué a la vez lo válido existe y lo contradictorio inexiste?” En efecto, éste es el absoluto del que debemos partir. Dios y la nada absoluta, como conceptos del Esse, son inseparables de lo válido y lo contradictorio, como conceptos del Logos. La existencia de Dios y la “nadez” de lo contradictorio, como diría Heidegger, son inseparables.

Los medievales acuñaron la expresión “Ipsum Esse” para Dios o el ser que existe necesariamente. Usemos “Ipsa Veritas” para designar lo válido o necesariamente verdadero.

Observemos además que la primera correspondencia se relaciona con la tercera añadiendo la palabra “no”. Sólo que “después”, si se trata del Esse, y “antes”, si se trata del Logos. La posición exacta de “no” es crucial en cuanto se intenta mejorar el descuidado e impreciso lenguaje ordinario.

Así pues, la tercera correspondencia suena “lo contradictorio es imposible que exista.” Esto lo entiende todo el mundo de entrada. Pongamos ahora “no” delante de contradictorio y “no” detrás de imposible. Resulta: “lo no contradictorio es imposible que no exista”. Hemos llegado a la primera correspondencia. Pues el negador delante de contradictorio, o “no contradictorio”, es lo mismo que “válido”. Igual que “no válido“ es lo mismo que “contradictorio”. Esto requiere molestarse en estudiar un mínimo de lógica, si no se capta de entrada. En conclusión, aceptar la tercera correspondencia implica aceptar también la primera.

Si la gente de nuestra época pusiera tanto interés en las consecuencias teóricas del cálculo lógico como pone en sus consecuencias prácticas, o sea los ordenadores y la informática, cambiaría completamente su manera de pensar. El observador que no sabe lógica afirma “hay muchos ateos y agnósticos en nuestra sociedad occidental”. En cambio, el observador que sabe lógica diría más bien ”lo que hay es muchos analfabetos lógicos”. En efecto, el agnóstico que duda de la existencia de Dios, y no digamos el ateo que cree estar seguro de que no existe, son en realidad meros ignorantes, insipientes, ignaros o analfabetos de la lógica moderna.

El analfabetismo gramatical se ha erradicado enseñando a los niños a leer y escribir. El analfabetismo lógico tiene el mismo arreglo, estudiar y aprender. La triple correspondencia debería ser explicada a los niños en la enseñanza primaria. Incluso aunque no puedan entenderla bien. Pero al menos sabrían que existe y es la piedra angular del pensamiento y del lenguaje. Un adulto, que en la enseñanza secundaria aprendió algo de derivadas e integrales, cuando tiene 40 años no sabe ya ni derivar ni integrar, si ha estudiado Derecho y se ha dedicado luego a la abogacía. Sin embargo, lo que no ha olvidado es que existen las derivadas y las integrales, y sabe la enorme importancia que han tenido en el progreso de la humanidad. Y eso ya es mucho saber.

Falta exponer la segunda correspondencia. Hasta la formalización de la lógica por Frege y Peano nadie sospechó la importancia de las consistencias lógicas, o “lo verdadero en algún mundo posible” en boca de Leibniz. Por ejemplo, en el nuestro se realiza la consistencia “si llueve el suelo se moja”. Pero antes del Big Bang estaba abierta la posibilidad de un mundo en que eso fuese falso. Frente a una consistencia lógica se abren tanto la posibilidad positiva de ser como la negativa de ser lo contrario. O dicho de otra manera, la negación de una consistencia lógica es otra consistencia lógica. Cualquiera de las dos puede en principio acceder al ser. Pero si una de los dos llega a ser de hecho, la otra se convierte en una nada relativa.

En consecuencia, podemos compactar a dos renglones la triple correspondencia. La primera y la tercera correspondencias se pueden conjuntar en un primer renglón. Y la segunda correspondencia se desdobla en dos, la positiva y la negativa, formando el segundo renglón. Además explicitamos el afirmador “si”, que siempre se supone tácito.

Resulta esto:

(sí válido.…..necesario sí) y (no válido. necesario no)

(sí consistente...posible sí) y (no consistente. posible no)

Los seis conceptos de la triple correspondencia quedan reducidos a cuatro.

Prescindimos de “contradictorio” e “imposible”.

El primer renglón denota a Dios como Ipsum Esse e Ipsa Veritas a la vez. El segundo renglón designa el poder creador de Dios, aún no estrenado.

Recuérdese que consistente, con un negador delante, es también una posibilidad abierta antes de que tenga lugar el paso de lo posible a lo actual.

Pero nos aguarda una gran sorpresa. En la triple correspondencia compactada a dos renglones brilla una patente simetría en la posición de todos sus elementos. Si se escriben los cuatro conceptos con abreviaturas del mismo tamaño tipográfico -Vz, Ne, Cs, Po, por ejemplo-, se pone el coimplicador en vez de los puntos suspensivos, el conjuntor en vez de la partícula “y”, el signo + en vez de “sí” y el signo - en vez de “no”, la simetría salta aún más a la vista. Y la simetría es una de las más inmediatas y patentes manifestaciones de la Belleza. Basta contemplar una columna del Partenón.

Mas aún, los coimplicadores de la triple correspondencia compactada a dos renglones pueden disponerse en forma de fractal. A quien ignore hasta dónde puede llegar la belleza de un fractal le basta poner en Google “conjunto de Mandelbrot”.

Así pues, aparte de la fundamental unión entre Ipsum Esse e Ipsa Veritas, expresada en el primer renglón, aparece en el conjunto de ambos renglones el Ipsum Pulchrum, Dios como la Belleza en sí y manantial de toda posible belleza.

Ser, Verdad y Belleza constituyen los tres supremos y más radicales valores de Dios, visto en axiología como “Valor Valorum”. En la terminología cristiana más familiar siempre hemos usado “Dios Padre”, “Dios Hijo” y “Dios Espíritu Santo”.

Existe Dios uno y trino, y antes del Big Bang. Este el verdadero inicio del pensar, la piedra angular sobre la cual todo intelectual honrado debiera construir su propio pensamiento.

José María Méndez

Presidente de la Asociación Estudios de Axiología

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