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TRIBUNA

José Marchena

Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
sábado 13 de febrero de 2021, 19:30h

Se acaba de publicar un libro interesante: Marchena. Obra francesa. Escritos del primer exilio, editado en Pamplona por Los ilustrados. Laetoli, 2021.

Digo que es interesante porque los textos que José Marchena (Utrera, Sevilla, 1768-Madrid, 1821) escribió durante su primer exilio en Francia, no son una erudita curiosidad sobre un revolucionario liberal español, partícipe de las tremendas sacudidas históricas de la Revolución Francesa, sino que sus juicios acerca de la demagogia siniestra de los jacobinos, y su fanatismo ideológico, por ejemplo, captan el interés de quienes hoy están atentos al cariz que adopta el debate político en la mayoría de las democracias, las que yo denomino “democracias atlánticas.”

La editorial Laetoli merece un comentario. Es obra de Serafín Senosiain Erro (Pamplona,1956), una persona cuyos intereses culturales son extensísimos, desde la música hasta paleontología, siendo él mismo poeta y autor de ensayos filosóficos, y que con su nueva editorial -cuyo nombre procede de un lugar de África donde aparecieron huellas de los australopithecus laetoli- está poniendo a disposición del lector en español autores y obras que se pueden calificar como propias de la Ilustración -por ejemplo, Diderot o Condorcet-, pero en general aquellos textos cuya función ha sido liberar las conciencias de prejuicios y supersticiones.

Este libro ofrece más de lo que anuncia su portada. Efectivamente, contiene los textos escritos por Marchena en Francia desde 1792, cuando huye de la Inquisición española, hasta 1808, cuando regresa a España integrado en las esferas gubernamentales del rey José Bonaparte. Estos textos, que están al nivel de los mejores autores polemistas de época revolucionaria, fueron compilados y estudiados por Juan Francisco Fuentes (Barcelona, 1955), en su magistral biografía de Marchena. Pero además, el libro contiene su Ensayo de teología (1797), una reflexión en la que Marchena sostiene que la religión, significativamente las religiones monoteístas, después de tantas violencias cometidas en nombre de sus respectivas divinidades, no puede ser “premisa necesaria para fundar la moral”, según escribe Francisco Sánchez-Blanco (Sevilla, 1943), en el magnífico Epílogo con el que este profesor de la universidad de Bochum (Alemania) cierra el libro. Finalmente, se incluye el Fragmento de Petronio, una portentosa broma que hizo Marchena, gracias a su también portentoso dominio del latín clásico, quien redactó un texto eróticamente libertino, que hizo pasar por un pasaje perdido del Satiricón, sin que afamadas autoridades llegarán a descubrir entonces la malvada broma.

La Obra francesa de Marchena contiene muchos registros interesantes. Por su actualidad, su crítica a la radicalización de la Revolución me parece moral y políticamente útil en nuestros días. Marchena, convencido de los ideales revolucionarios de la libertad, se alineó con los girondinos y con personalidades como Nicolás de Condorcet (1743-1794) o Jean S. Bailly (1736-1793). Al producirse la radicalización jacobina, y la instauración del Terror con Robespierre -la violencia filosófica, justificadora del terrorismo hasta hoy-, Marchena es encarcelado, y como en la España de la Inquisición, por inventados delitos de pensamiento, y si no fue guillotinado, como tantos revolucionarios de primera hora, se debió a que Robespierre perdió antes el poder y su cabeza. Marcelino Menéndez y Pelayo, llevado de su fanático desprecio del liberalismo, juzgó a Marchena sin matices -el esencial método de los antiliberales-, y lo definió como un compendio de todos los males, cuya raíz era su denuncia constante de las injerencias de la Iglesia en la sociedad y en el Estado.

Marchena observa lúcidamente que los gobiernos que justifican ideológicamente que no haya libertad, necesitan que el “pueblo” se convierta en “masa”. Pero al mismo tiempo que critica la demagogia de los jacobinos, y la oclocracia (el dominio de las “turbas” o de la “gente”, como única ley), Marchena denuncia: “Se ha llevado la inepcia y la mala fe hasta acusar a los philosophes de los crímenes de los jacobinos. ¡Qué extraños filósofos eran los asesinos de Bailly y Condorcet, los bandidos del gorro rojo, los vociferadores de los clubs…”¡La mayoría de esos atroces criminales no sabía leer!”. Y en otro pasaje escribe: “Que la ley sienta horror por la sangre humana y la pena de muerte no mancille nuestro código”.

Denuncia a los escritores y periodistas oportunistas, la cultura mercantilizada: “Se diría, querido amigo, que hoy en día un escritor obtiene más lectores a medida que dice más estupideces.” Sin embargo: “La razón no se impone, ni siquiera se predica. Este preciado fruto sólo se obtiene mediante los progresos lentos, pero infalibles, de la educación pública.”

Hay un capítulo titulado, Descripción de las tres Provincias Vascongadas y de Navarra (1807), que merecería un comentario más amplio. Ahora sólo cabe opinar que Marchena podría ser un ejemplo del pensamiento foralista que no pudo evolucionar a federalismo por las mismas causas que en España se prefirió la justicia más que la libertad.

Juan José Laborda

Consejero de Estado-Historiador.

JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.

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