El ciclón Winograd
jueves 31 de enero de 2008, 21:48h
Nadie pone en duda la capacidad política del Primer Ministro israelí ¿Cómo si no puede retener el Gobierno después de haber perdido una guerra contra una guerrilla islamista y contando sólo con el apoyo de un 3% de la población? Podemos discutir si es o no un ejemplo de comportamiento democrático, pero es innegable que ha logrado mantener una compleja mayoría parlamentaria en un país en el que la ley electoral potencia la formación de partidos minoritarios y donde la tradición apunta a continuas infidelidades. Si profundizamos un poco más lo que encontramos no resulta muy ejemplar. El elemento cohesionador es el convencimiento de que en el caso de que las elecciones se convocaran anticipadamente sufrirían un serio varapalo. Estamos, por lo tanto, ante un sindicato de perdedores que trata de ganar tiempo y aprovechar su privilegiada situación para mejorar sus expectativas.
Kadima, el partido del Primer Ministro, puede desaparecer en breve. Nació como resultado de la tensión interna en el Likud por la política de "desenganche", de retirada de Gaza y de la mayor parte de Cisjordania. Ese debate está superado por la hegemonía de Hamás entre la población palestina y por el interés israelí de abandonar esos territorios. El Partido Laborista es corresponsable del desastre de la guerra contra Hizbolá. Es verdad que ya han depurado responsabilidades, cesaron a Peretz y recuperaron al general Barak, pero no ha sido suficiente. Los sondeos siguen apuntando una pérdida de escaños, lo que desanima la tentación constante de abandonar a Olmert y pasar página.
El proceso de paz es el gran argumento sobre el que se parapeta la mayoría parlamentaria. A su muy interesado entender, la Guerra del Líbano es agua pasada. El tema prioritario es el proceso de paz liderado por Estados Unidos, apoyado por Europa y Rusia y formalmente asumido por Israel y la Autoridad Palestina. Su sentido de la responsabilidad les impide abandonar el gobierno en un momento tan trascendental para Oriente Medio como éste. Hasta aquí el argumento. Los hechos van en otra dirección. El proceso es una iniciativa personal de Rice, que no parece haber contado con el entusiasmo de Bush. Sin embargo, sea o no realista, pone de manifiesto el interés de Estados Unidos y Europa por encontrar una vía para garantizar la seguridad de Israel y para lograr un estado palestino lo antes posible. Algo fundamental para dar satisfacción a la opinión pública y para mantener una relación fluida con el Mundo Árabe, esencial cuando hay que encontrar posiciones comunes tanto en temas energéticos como en la cuestión iraní. Es útil, pero no resuelve lo fundamental y ellos lo saben.
Ni Abbas, ni Olmert, ni Bush están en condiciones de asumir los compromisos necesarios para sacar adelante el proceso. Más aún, la Autoridad Palestina ha perdido todo su poder, tanto en Gaza como en Cisjordania. La idea de Netanyahu de que el futuro no pasa por un estado palestino, sino por la vuelta de Gaza a Egipto y de Cisjordania a Jordania, va ganando peso a la vista de la descomposición del campo palestino. En este sentido, el reciente derribo del muro que separa Gaza de Egipto puede haber sido un grave error táctico de Hamás.
Si el proceso de paz es una ficción interesada, la cuestión iraní emerge como el gran reto estratégico. Israel no acepta la "Estimación" norteamericana de que Irán ha detenido su progra-ma nuclear militar. No es que no compartan su análisis, es que lo rechazan. A la vista de la historia reciente, la credibilidad de la inteligencia israelí está muy por encima de la norteamericana. Pero, además, el texto de la "Estimación" norteamericana es contradictorio. La elite política israelí discute hoy si ha llegado el momento de lanzar un ataque contra las instalaciones nucleares iraníes, porque están convencidos de que será imposible establecer un sistema de disuasión nuclear con regímenes fanáticos, como el iraní, o con múltiples actores, como temen ocurrirá en el caso de que Irán logre finalmente su objetivo.
Tanto el proceso de paz como la política a seguir con Irán pueden verse seriamente afectadas por el impacto que puede producir la publicación de la segunda parte del Informe Winograd, sobre las responsabilidades del Gobierno en la derrota ante Hizboláh. El Likud será el gran beneficiario político y sus posiciones no coinciden con las de Olmert.
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Profesor
FLORENTINO PORTERO es analista del Grupo de Estudios Estratégicos, responsable del Área de Política Exterior y de Seguridad española
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