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EDITORIAL

La formación del Gobierno catalán, caldo de cultivo del terrorismo callejero

lunes 01 de marzo de 2021, 11:13h

Ni uno solo de los vándalos que ejercen cada día el terrorismo callejero en las calles de Barcelona reivindica la libertad de expresión; la mayoría ni saben quién es Pablo Hasel. Se trata de separatistas fanáticos, de los mismos alborotadores que arrasaron las ciudades catalanas durante el llamado “procés”.

Muchos son menores, adoctrinados en las escuelas donde se prohíbe hablar español y donde se les inculca que España es su mayor enemigo, que les roba y les reprime. Y se sienten impunes, pues si los Mossos detienen a alguno no tarda más de media hora en volver a la calle. El resultado es estremecedor: los vecinos viven aterrados, los comercios son saqueados cada noche, las oficinas bancarias amanecen con los cajeros reventados y las puertas destrozadas, los contenedores son sistemáticamente incendiados y los furgones policiales, apedreados. El sábado un policía salvó la vida de milagro, pues un delincuente prendió fuego a su coche cuando se encontraba en su interior. El terrorista ni ha sido detenido ni se le ha localizado.

El problema se agrava por las negociaciones que se están produciendo para formar gobierno en Cataluña. Los partidos separatistas necesitan contar con los escaños de la CUP para tener la mayoría suficiente para que Pere Aragonés sea nombrado presidente de la Generalidad. Y el partido secesionista más radical está alentando las algaradas; incluso recrimina a los Mossos que actúen contra los violentos. Entre sus condiciones para apoyar al nuevo Ejecutivo figura que se revise la “represiva actuación policial”, pues entienden que deben permitir que los terroristas callejeros actúen a sus anchas, hasta que en Barcelona no quede un escaparate sin destruir. Colboni, el consejero de Interior, ha reconocido que la CUP exige la renovación de los mandos de los “Mossos” para pactar el Gobierno.

Y mientras los partidos separatistas negocian el Gobierno, las calles de Barcelona amanecen cada día arrasadas por los vándalos. El turismo, además, huye de la capital de Cataluña por el descomunal deterioro de su imagen, miles de empresas se trasladan fuera del campo de batalla, la economía se hunde y los ciudadanos viven aterrados.

El Gobierno de Pedro Sánchez está obligado a actuar, mientras no cese el terrorismo callejero en la segunda ciudad española. El ministro de Interior debería enviar a suficientes compañías de la Policía Nacional para que atajen la violencia sin remilgos, puesto que los mossos tienen las manos atadas al sentirse desamparados y hasta cuestionados por sus mandos, como han denunciado reiteradamente.

Porque los separatistas son capaces de cualquier cosa con tal de formar un Gobierno que vuelva a la carga con la celebración de un referéndum de autodeterminación y proclamar en el Parlamento catalán la República independiente. Y para formar ese Gobierno necesitan a la CUP; cuyo brazo armado, Arran, organiza y participa activamente en el terrorismo callejero.
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