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TRIBUNA

Por un nuevo contrato social

miércoles 03 de marzo de 2021, 20:14h

Aparte de la grave pandemia y la muy importante crisis económica y de desempleo, uno de los mayores problemas de este país es la desastrosa imagen e incapacidad que muestra una buena parte de nuestra clase política, la cual adolece de una clamorosa falta de confianza y de credibilidad por parte de los ciudadanos, y cuyos mandatarios no hacen sino insultar, vociferar y faltar a la verdad sin preocuparse en cambio de la voluntad y los problemas acuciantes de nuestra sociedad.

España necesita con urgencia un nuevo Contrato social, que pase, en primer lugar, por un cambio radical en la actitud de nuestros representantes políticos, que se ocupen de una vez de buscar acuerdos y medidas efectivas para el progreso económico y social. Y ésta es una buena ocasión, aprovechando la oportunidad de haber pasado de una Europa de los hombres de negro a una Europa de los ciudadanos, cuyo primer exponente lo constituye esa novedosa y solidaria emisión de deuda mancomunada por parte de la UE, y los importantes fondos que se van a proporcionar en estos años a los países (más de 140.000 millones de euros para España), o también esa importante compra y distribución colectiva de vacunas a nivel europeo. Y aunque no parece posible que haya en este país un Draghi a la española, que consiga aunar a Partidos de muy distinto signo, algo tendrían que hacer nuestros mandatarios para coordinarse en aras del bien común, dejando a un lado sus egos partidistas, y mejorar de paso la imagen de ese gallinero político en el que se ha convertido el Parlamento.

Va a ser además muy importante que la utilización eficiente de esos ingentes fondos europeos se haga en base a dos ejes fundamentales: a) Transparencia y b) Participación, lo que implicará que en cada momento se haga público y se conozca con claridad la forma concreta en la que se van a emplear esos fondos, y que en su aplicación participen el conjunto de agentes sociales y económicos, esto es, no solamente las grandes empresas sino también al menos una parte de los cientos de miles de pymes y autónomos que integran nuestro sistema económico, aparte de nuestra sociedad civil, de cara a hacer efectivo ese nuevo Contrato social, alineado con la Agenda 2030, los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU y el Acuerdo de París, y en el que participen además coordinadamente las instituciones municipales, autonómicas y estatales. Para optimizar este proceso serían necesarios diversos cambios hacia una fiscalidad orientada a la sostenibilidad, modificándose parcialmente la estructura tributaria de los impuestos indirectos así como diversos aspectos de los impuestos directos a las empresas.

Será necesario propiciar en este contexto muy diversas medidas creativas para aplicar esos nuevos fondos europeos en aras del empleo y la mejora del medio ambiente. Un ejemplo de este tipo de iniciativas sería impulsar la plantación en nuestro país de un millón de árboles al año, a lo ancho de la España rural. Sabido es que los árboles, a través de su función clorofílica, son pequeñas factorías de oxígeno a partir del nocivo dióxido de carbono. En algunas especies un solo árbol captura cada día más de 20 kilos de CO2, produciendo con ello 6 kilos de oxígeno; imaginemos el efecto a gran escala de un proyecto como éste, extensivo en mano de obra y empleo, y que con un carácter esencialmente verde podría generar miles de puestos de trabajo en la España vaciada, orientándola así hacia una España oxigenada. Como ésta puede haber otras muchas medidas dirigidas a mejorar la economía y el medioambiente, y a través de un verdadero contrato social se debería propiciar el tránsito a una España de think tanks y clubs de ideas. a través de las redes de centros educativos, profesionales o sociales, en los que se animase a los ciudadanos a proponer iniciativas útiles para su entorno más cercano o para la sociedad en su conjunto.

En resumen, resulta realmente necesario salir cuanto antes de este hartazgo político y esta visión tan cansina de nuestros mandatarios, y empujarles en virtud de ese acuerdo social a hacer un trabajo más útil socialmente y desde luego más edificante, y que dediquen más tiempo a impulsar el conocimiento y fomentar el interés de los ciudadanos por la Ciencia y la investigación, que tanto contribuye a nuestro bienestar y a salvar tantas vidas, y también pedirles que se esfuercen en combatir conjuntamente los radicalismos y los exclusivismos, fomentando el diálogo y la tolerancia, lo primero entre ellos mismos.

Jesús Lizcano

Catedrático de la UAM y cofundador y expresidente de Transparencia Internacional España

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