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TRIBUNA

Daños colaterales

Juan Carlos Barros
lunes 08 de marzo de 2021, 21:05h

La Resolución 2337(2020) de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa dice que no se puede permitir que la democracia, los derechos humanos y el estado de derecho se conviertan en “daños colaterales” de la pandemia. “Ninguna emergencia de salud pública puede ser usada como pretexto para destruir el acervo democrático. Restringir el debate publico y el funcionamiento de los elementos clave del sistema democrático no solo socava la democracia como tal sino también la adhesion de la gente y la efectividad de cualquier política de emergencia y de las acciones tomadas para abordar las causas primordiales de la crisis y proteger a la población”.

Y a continuación, la Asamblea Parlamentaria llama a abstenerse de hacer cambios permanentes en la legislación, en especial los que se refieran al sistema electoral, a no hacer enmiendas constitucionales, leyes orgánicas u otros cambios a largo plazo ni reformas fundamentales ni referéndums, sobre todo referéndums constitucionales.

Hablar de “daños colaterales” es hacer un eufemismo, decir con suavidad algo que haría feo si lo dijéramos tal como es de verdad en nuestra sociedad. Al eufemismo se opone el disfemismo, que es lo mismo pero dicho de modo que todo el mundo lo entiende. Es como si, al referirnos a las víctimas del covid, en vez de decir que han fallecido dijéramos que han “estirado la pata” o con la misma soltura en inglés que “han pegado la patada al cubo”, que tampoco está nada mal como ordinariez.

Ambas figuras retóricas, aunque contrarias pueden ir juntas, lo que constituye un recurso literario muy eficaz, un buen ejemplo de lo cual lo tenemos en Romeo y Julieta cuando en el acto III, tras lo que parecía simplemente un rifirrafe callejero, Benvolio le pregunta a Mercucio: “¿Estás herido?” y éste responde: “Un rasguño, pero si alguien pregunta por mi mañana, que hablen con el sepulturero por que ya soy un fiambre”. Y, caballerosamente, allí mismo la cascó.

El lenguaje político suele estar bastante lleno de eufemismos, no creo que haya que insistir mucho sobre ello actualmente porque tampoco es cosa reciente. En su artículo Politics and the English Language (1946), George Orwell, pone un ejemplo de dos maneras distintas de decir lo mismo (una literaria y otra política), y utiliza un conocido párrafo (9:11) del Ecclesiastes:

“En este mundo no gana la carrera el veloz, ni la batalla el fuerte, ni el pan es para el sabio, ni las riquezas para el hombre inteligente, ni le va bien a quienes tienen grandes cualidades; sino que todo es cuestión del momento y de la suerte”.

Políticamente, dice Orwell que se diría así:

“Consideraciones objetivas de los fenómenos contemporáneos imponen como conclusión que el éxito o el fracaso en actividades competitivas no muestran tendencia a ser acordes con la capacidad innata, sino que un considerable elemento de impredecibilidad debe invariablemente ser tenido en cuenta”.

Este lenguaje vacío viene impulsado, a su vez, por lo que llama Orwell el “pensamiento doble” como característica de la sociedad distópica del futuro, o sea en la que estamos actualmente, de manera tal que el que lo utiliza se distingue por ser capaz de “sostener al mismo tiempo dos opiniones contradictorias, sabiendo que lo son y creer a la vez en las dos”. Esto en España ahora sonará también familiar.

Para entender un eufemismo es condición sine qua non estar en la misma onda que quien lo dice y así si un español nos preguntara cómo van las cosas con la democracia y la pandemia y le contestamos que “tirando”, entenderá que no van muy bien, pero que de momento aguantan. Si nos hace la misma pregunta un inglés le podemos responder “sticky”, que quiere decir pringoso, o sea como te pones por comer con las manos algo con salsa, y que se puede emplear figuradamente para decir que un asunto es verdaderamente peliagudo pero a la vez, educadamente, quitarle importancia. O sea, que sí decimos “sticky” pensará que las cosas no van tan mal aunque se vaya todo a freír espárragos al final.

Juan Carlos Barros

Abogado, consultor europeo y periodista

JUAN CARLOS BARROS es abogado, consultor europeo y periodista

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