Como informamos en El Imparcial, el próximo 20 de marzo, varios grupos antisistema han convocado manifestaciones y protestas en Madrid para sumar toda una serie de reivindicaciones de la extrema izquierda. Curiosamente, la convocatoria se produce tras el anuncio de elecciones anticipadas en la Comunidad de Madrid.
Se trata solo del primero de los actos que prepara la izquierda, desde el Gobierno hasta Podemos, para boicotear, sabotear, divulgar infundios y propagar falsedades contra Isabel Díaz Ayuso. También participarán en la “campaña callejera” los sindicatos que ya preparan incontables huelgas, con las consiguientes algaradas, en los servicios públicos como Sanidad, Educación y Transportes. La campaña de la izquierda contará también con la contratación de hackers que inundarán las redes sociales de bulos que perjudiquen al PP y, naturalmente, el Gobierno derramará millones de euros en las arcas de los medios afines para animarlos en el acoso a Isabel Díaz Ayuso.
El Gobierno y la izquierda en general están aterrados de que se cumplan los pronósticos y las encuestas y que el 4 de mayo, Ayuso arrolle en las elecciones. El inesperado movimiento de Pablo Iglesias es el mejor ejemplo. El líder de Podemos se juega la supervivencia de su partido en la Asamblea de Madrid y, sobre todo, quiere evitar que la probable victoria del PP suponga un impulso al partido de Pablo Casado ante las próximas elecciones generales. Unos comicios que podría adelantar Pedro Sánchez si, en efecto, se produce una contundente victoria del Partido Popular en la Comunidad.
Es habitual que la izquierda recurra a las algaradas callejeras para caldear el ambiente y animar a sus seguidores a votar. Pero también es peligroso. Para la convivencia, para el orden público y, además, para los propios intereses del PSOE, sin ir más lejos. En plena pandemia, los madrileños no soportarán que el vandalismo se apodere de las calles como ocurre en Barcelona. Sin duda, la campaña será bronca. El cara a cara entre Isabel Díaz Ayuso y Pablo Iglesias se producirá a garrotazos. Pero los cuerpos de seguridad deben evitar que el terrorismo callejero se adueñe de la ciudad. Marlaska no está en campaña. Tiene la obligación de que la Policía Nacional impida las manifestaciones ilegales y, en especial, los disturbios del orden público.