Movimientos desesperados para situaciones desesperadas. Como la vida misma. Cuando una situación te asfixia, lo lógico es sacar la cabeza por donde se pueda y si no hay forma y te hundes, te agarras a un clavo ardiendo. Esto es lo que le ha pasado los últimos días tanto a Podemos como a Ciudadanos, ambos con serios problemas demoscópicos que atisban sendos fracasos electorales si no se sacan un conejo de la chistera.
El conejo de los primeros se llama Pablo Iglesias presentándose a la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Un órdago en toda la regla que puede suponer la salvación de la formación morada o el final de los herederos del 15-M. El truco de Inés Arrimadas, por su parte, apareció por arte de magia en forma de moción de censura en Murcia. En este caso si sabemos ya que no salió como esperaban.
La urgencia para Podemos está en que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias no se soportan, no se fían el uno del otro, y el desgaste de la riña diaria está afectando más a los morados, que ya han perdido tres millones de votos en los últimos años, ha visto reducida a la mitad su representación en el Congreso de los Diputados y las encuestas no apuntan a que la cosa vaya a mejorar. La marca Podemos se gasta y ya no genera la ilusión de las primeras épocas. Y en esto tiene gran parte de culpa el que ahora se erige en salvador de la causa. Es el fin del culto al líder.
Otras encuestas ofrecen un panorama igual de triste para Ciudadanos, llegándose, incluso, al escenario de que en las próximas elecciones, el partido de Arrimadas solo consiga un diputado. Esto supondría su práctica desaparición que, por otra parte, no deja de advertirse desde distintos frentes y por una variedad ideológica nada desdeñable de opinantes.
De ahí la radicalidad de las acciones emprendidas en ambos casos. Habrá que pensar que ambas decisiones fueron meditadas. La pregunta es si estuvieron suficientemente contrastadas las consecuencias. El “terremoto político con epicentro en Murcia”, escuchaba este lunes en la radio a un informador, todavía tiene “réplicas” que se dejan sentir multiplicadas y de forma insospechada con más intensidad en Madrid.
Lo que está por ver es el grado de éxito o fracaso que tendrán ambos líderes, cada uno en su respectiva batalla. No me atrevo a decir quién lo tiene más difícil porque en ninguna de las dos situaciones se intuye un futuro nítido de victoria. Iglesias es el político con peor valoración de todo el equipo de Gobierno desde que forma parte de él y ahora, además, se ha visto obligado a protagonizar la gran bajada de pantalones al pedir a su antiguo mejor amigo Íñigo Errejón que formen una candidatura conjunta de izquierdas, como eterna cantinela siempre, para vencer a la derecha.
Si se creó Más Madrid fue precisamente porque no gustaba cómo se hacían las cosas en Podemos. Resulta paradójico que el vicepresidente segundo saliente pidiera ahora “alturas de miras” y, sobre todo, “humildad”. La respuesta ya la saben: un rotundo “no” lleno de la satisfacción y del gozo que siente el que ha cumplido una misión en la vida y ya si eso, en todo caso, mejor, después de las votaciones, cuando se sepan los resultados…
Arrimadas, por su parte, tampoco está para fiestas pese a la euforia de rodearse de pesos pesados del partido en la Ejecutiva Permanente. Mal asesorada, sabremos algún día quién la convenció para dar el paso, pero sus explicaciones para justificar la moción de censura en Murcia no se las han creído ni en su propio partido. El conchaveo con los socialistas, “tú te quedas la comunidad y yo con el ayuntamiento”, no ha gustado en la militancia de Ciudadanos que sopesa ahora si vale la pena seguir formando parte de un partido que se vende a las primeras de cambio. Muchos han dado ya el paso. Es cuestión de tiempo ver cuántos acaban en el PP y cuántos en el PSOE. Aunque la pregunta que está en el aire es quién es la verdadera tránsfuga en esta historia, es decir, quién hace trampas y cambia las reglas del juego a mitad de partido.
Al final, veremos si Cs coge el camino de UPyD y todos titularán que fue la crónica de una muerte anunciada. Es un tópico, lo sé, pero es que huele a refundación profunda de un partido de centro de verdad o mueren como lo hicieron sus casi hermanos magenta. Y será una pena porque es necesario un partido en medio de una España polarizada. Pero claro, hay que estar en medio.
En Podemos veremos si le sale la jugada a Iglesias, si consigue hacer algo fuera de una coalición de izquierdas, si suma el 4-M y si es así, si le permiten el resto de partidos de izquierdas (PSOE incluido) ser el presidente de la Comunidad de Madrid. No parece muy probable, pero la capacidad de chantaje de Iglesias a Sánchez está demostrada y es notable.
Y digo yo: Si nada de lo sucedido en Murcia ha resultado ser lo que parecía al principio y ninguna de las explicaciones ofrecidas por todo lo que ha pasado después es verdad, ¿ha errado el tiro Iván Redondo al calcular mal las consecuencias de la moción de censura murciana o todavía hay más lecturas de este culebrón y Sánchez volverá a salirse con la suya?
Yo no descarto nada, ni siquiera que se adelanten las elecciones generales. Al menos, hay que reconocer que periodísticamente está divertida la actualidad. Alguien me preguntaba ayer si ya se ha firmado la segunda temporada de la serie más inesperada desde el procés.