Las declaraciones de Joe Biden, el moderado presidente de Estados Unidos, calificando al líder ruso...
Las declaraciones de Joe Biden, el moderado presidente de Estados Unidos, calificando al líder ruso Vladimir Putin de asesino y denunciando la injerencia en las elecciones estadounidenses abre un interrogante que inquieta a muchos. Si Rusia no ha vacilado en entrometerse digitalmente en los comicios de la primera potencia del mundo, ¿qué no hará en otros países para favorecer a los partidos que considere afines a sus intereses? De la I Guerra Fría que tantas desgracias nos trajo hemos pasado a la II Guerra Fría que es la del 5-G y las trampas digitales en las elecciones. En ella, además de Rusia y Estados Unidos, participa destacadamente China.
Parece obligado que Pablo Casado tome las riendas que permitan a su partido defenderse de los acosos digitales. Para ello deberá contratar, si no lo ha hecho ya, a los máximos expertos digitales de España. El voto por correo, multiplicado a causa de la pandemia, ha acrecentado las posibilidades de fraude para aquellos que nacional o internacionalmente estén dispuestos a alterar o influir en los resultados electorales. La primera gran prueba en España podemos centrarla en las elecciones autonómicas madrileñas del 4 de mayo. Una intervención rusa puede ser decisiva en el resultado final, chasqueando a los que se consideren fáciles vencedores en las urnas.
La contundencia del presidente Biden al acusar a Rusia solo puede entenderse si le han presentado pruebas concluyentes de la injerencia de Putin. Será difícil encontrar un caso en el que el presidente de una gran nación acuse públicamente al presidente de otro gran país de asesino. La II Guerra Fría amenaza con crispar hasta el límite la borrascosa situación internacional.