Un régimen en quiebra
miércoles 03 de septiembre de 2008, 20:23h
Los servicios de inteligencia japoneses han dado a conocer que el gobierno de Corea del Norte está incumplido los recientes acuerdos sobre proliferación al reactivar la central nuclear de Yongbyon. No hace mucho que los informativos de todo el mundo emitían las imágenes de la voladura controlada de la torre de refrigeración de dicha central, al mismo tiempo que se celebraba el supuesto éxito diplomático norteamericano al haber logrado poner fin al programa nuclear norcoreano por medios pacíficos. Un éxito que, como no podía ser menos, no era extensible al Presidente Bush. Como se repitió en la prensa izquierdista y en parte de la que supuestamente no lo es, lo ocurrido era el resultado de la rectificación por parte del Departamento de Estado de las consignas dadas en un primer momento por Bush, que se centraban en exigir el cierre de la central, en disponer de información suficiente sobre el resto de las instalaciones vinculadas con el programa nuclear y, por último, en tener la capacidad de inspeccionar todos los establecimientos afectados. Bush no estaba pidiendo nada extraño. Partía de la experiencia de su predecesor. Clinton negoció con los norcoreanos, se fió de ellos y le engañaron. Mientras supuestamente el programa nuclear se estaba desmantelando, en realidad se estaba desarrollando.
Al tiempo que algunos celebraban otros advertíamos, comenzando por el propio embajador responsable de las negociaciones, de que faltaba mucho camino por recorrer antes de dar por zanjado este episodio. Los norcoreanos no parecían dispuestos a facilitar todas las inspecciones solicitadas y, sobre todo, negaban lo que antes afirmaban: que disponían de un segundo programa nuclear. El cierre de la central estaba condicionado a que Estados Unidos retirara a Corea del Norte de la lista de estados terroristas, pero el gobierno de Washington exigía poder inspeccionar a fondo. El inicio del proceso de reactivación es la respuesta a la exigencia norteamericana, en un nuevo intento de lanzar a la opinión pública contra Bush ¿Por qué el presidente norteamericano está interesado en mantener esta crisis abierta cuando Corea del Norte ha dado pruebas suficientes de buscar el desarme? No las ha dado, pero para muchos es lo de menos. Poder criticar a Estados Unidos bien vale llevarse por delante el régimen de no proliferación.
La reactivación del reactor nuclear hay que entenderla como una presión diplomática, pero deja bien a las claras la intención del gobierno de Pyongyang de no ceder a las exigencias norteamericanas de verificación, lo que no augura una fácil resolución de la negociación.
Si los programas nucleares norcoreano e iraní no se detienen entraremos realmente en una nueva etapa de la historia, sin duda menos segura. Los gobiernos vecinos no se quedarán de brazos cruzados ante la emergencia de esa amenaza, incrementándose el número de estados con esta tecnología. Cuantos más estados dispongan de ese armamento, sobre todo si tienen regímenes radicales, más posible será que ese armamento llegue a ser utilizado. Estamos hablando de catástrofes inimaginables. Han pasado ya muchos años desde la II Guerra Mundial y la gente ha ido perdiendo sensibilidad sobre el riesgo de una guerra, más aún de un conflicto nuclear. Nos hemos llegado a convencer de que la paz no sólo es un derecho, sino que además la tenemos garantizada. Tristemente ni es un derecho si estamos fuera de peligro. El régimen de no-proliferación fue una idea sensata que ha costado años y esfuerzo llevar adelante. No es inteligente quedarnos de brazos cruzados mientras se desmorona ante nuestros propios ojos.
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Profesor
FLORENTINO PORTERO es analista del Grupo de Estudios Estratégicos, responsable del Área de Política Exterior y de Seguridad española
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