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Y DIGO YO

Lo siento Gabilondo, no me fío de Sánchez

Javier Cámara
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
martes 23 de marzo de 2021, 20:13h

La desafección política de la ciudadanía se acentúa con actuaciones como las vividas recientemente con mociones de censura, adelantos electorales preventivos y tránsfugas. Parto de la base de que nadie tiene por qué estar de acuerdo conmigo, pero mi opinión es que ya todo vale en este país desde el momento en el que PSOE no tiene ningún reparo moral en alcanzar el poder comprando los apoyos de los partidos que más odian España. Y digo esto porque lo peor es que le da resultado.

Va en cada uno, en su forma de ser, pero el fin no siempre justifica los medios y hay muchos ejemplos en la Historia que lo avalan. La arena política se enfanga cuando un Pedro Sánchez ansioso por pisar moqueta pacta con un Pablo Iglesias sin escrúpulos y ambos cimentan su Gobierno de coalición en la mentira para engañar a la opinión pública, a la ciudadanía e, incluso, a los partidos separatistas y nacionalistas amigos de ETA con promesas que todos saben que no podrá cumplir. A partir de ahí, el resto de partidos, arrastrados por los buenos resultados que se obtienen con el juego sucio, elaboran con mayor o menor suerte sus estrategias de supervivencia.

Claro, después, como se suele decir, pagan justos por pecadores y cuando oímos al candidato del PSOE a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, Ángel Gabilondo, decir que después del 4 de mayo se abre a pactar con Cs o Más Madrid, pero que rechaza los planteamientos “extremistas” de Pablo Iglesias y por eso no piensa acordar nada con Podemos, me da por pensar: ¿Lo dice en serio? ¿De verdad quiere que le creamos con el precedente de su jefe cuando dijo que no dormiría tranquilo por las noches si incorporase a Iglesias a su Gobierno? ¿Le creo o no le creo?

Vaya por delante que tengo la mejor de las consideraciones sobre Ángel Gabilondo. Creo que es un hombre honesto que, sin embargo, está en política por esos giros a veces insospechados que da la vida, pero no da la sensación de que le guste demasiado su trabajo. Parece un político de fiar quizá porque no parece un político. Y lo peor de su candidatura es, sin duda, el secretario general del partido que representa.

Porque ese ha sido siempre su problema, el jefe. Hay que recordar que Ángel Gabilondo fue ministro de Educación y sé que trabajó mucho para conseguir el consenso necesario entre las dos grandes formaciones para un pacto por la Educación. ¡Qué importante habría sido para España aprobar una ley de educación con el beneplácito de PSOE y PP sin ideologías ni sectarismos! Lo tenía. Era casi imposible de creer.

Y así fue, imposible. Llegó entonces José Luis Rodríguez Zapatero, su jefe, y echó por tierra toda esa concordia y autorización. “¡Pero tú estás loco -debió decirle el entonces presidente del Gobierno-, cómo vamos a prescindir de nuestra ley de Educación! ¡Si no adoctrinamos a los jóvenes de hoy, no nos votarán mañana!

Por eso, no resulta creíble que un dirigente del PSOE diga una cosa y la cumpla porque lo más probable es que, bajo el dictado de la Moncloa, haga lo contrario y si dice Gabilondo que rechaza los planteamientos extremistas de Iglesias, lo más probable es que si a Sánchez le interesa, se vuelva a aliar con él. Así, que nadie descarte que socialistas y populistas vuelvan a ser socios si da la aritmética.

Entonces veremos a otro de los jugadores moverse por el tablero. Gabilondo ha dicho que no quiere el clima de confrontación y extremismo que propone Iglesias en su forma de actuar, pero ¿Cs opina lo mismo? ¿Qué tendrá más peso para Edmundo Bal desde la formación naranja, la censura a Podemos, que siempre les ha vetado, o las ansias de revancha de la formación naranja para con el PP?

¡Qué difícil se lo ponen al votante cuando hay tanto candidato que no genera ninguna confianza cuando explica su política de pactos! Cuando cada vez es más necesario saber con quién pactaría cada partido porque la demoscopia deja claro que las mayorías absolutas están fuera del alcance, menos aclaran su postura, sus filias y sus fobias. Uno confía en Sánchez porque no va a pactar con Iglesias y luego, una vez está tu voto en su bolsillo, te lo tienes que aguantar como vicepresidente del Gobierno. ¿En qué quedamos?

Javier Cámara

Periodista

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