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Novela

Lorenzo Silva: El nombre de los nuestros

domingo 28 de marzo de 2021, 18:50h
Lorenzo Silva: El nombre de los nuestros

Destino. Barcelona, 2021. 384 páginas. 18 €. Libro electrónico: 8,99 €. Con acierto, se recupera esta novela del escritor madrileño, con motivo de los cien años del desastre de Annual, cuya intrahistoria aborda Lorenzo Silva situándose y haciéndonos empatizar con los olvidados “peones de la Historia”. Una emocionante gesta épica, gloriosa en su inútil heroicidad. Por Adrián Sanmartín

En el verano de 1921 se produjo uno de los episodios bélicos más trágicos de la historia de nuestro país. En el marco de la guerra del Rif, tuvo lugar el conocido como desastre de Annual, donde las tropas españolas sufrieron una severa derrota a manos de los rifeños bajo el mando de Abd el-Krim. Entre soldados españoles y rifeños afectos a España hubo cerca de doce mil muertos, y muchos heridos. La contienda fue especialmente cruel y puso sobre la mesa la errónea política colonial española en el protectorado de Marruecos y una desastrosa y chapucera preparación de la batalla, que tanto dolor y tantas vidas humanas costaron.

Este desgraciado momento es la base de la novela El nombre de los nuestros, de Lorenzo Silva (Madrid, 1966), publicada originariamente en 2001 y que ahora Destino recupera con acierto al cumplirse los cien años del luctuoso suceso. El “padre” de la pareja de la Guardia Civil, formada por Rubén Bevilacqua, Vila, y Virginia Chamorro, vuelve a demostrar en El nombre de los nuestros, que es un excelente narrador, más allá de una de las series novelísticas más exitosas de la literatura española. Y en este caso, no lo tenía precisamente fácil, pues el asunto cuenta con conseguidas obras, como Imán, de Ramón J. Sender, El blocao, de José Díaz Fernández y La ruta, segunda parte de La forja de un rebelde, de Arturo Barea, entre otras.

Lorenzo Silva, como él mismo explica en la Advertencia preliminar, ha manejado una amplia documentación, sin olvidar testimonios que le han llegado por vía familiar, como el de Lorenzo Silva Molina, sargento en el ejército de África, pero todo tamizado por el gran pulso literario que caracteriza al escritor madrileño: “Si bien es cierto –señala- que la secuencia de la acción se corresponde a grandes rasgos con la de los acontecimientos reales, debo indicar que me he permitido introducir algunas modificaciones que impiden que el relato pueda seguirse como un fiel reflejo de lo allí acaecido. En algún caso sòlo he abreviado o refundido peripecias, pero en muchos otros he recurrido lisa y llanamente a la invención. El criterio para ello ha sido estrictamente literario”.

La narración se centra en el regimiento de Ceriñola, que defendió las posiciones avanzadas de Sidi Dris, Talilit y Afrau en Marruecos, y nos presenta a una serie de personajes perfectamente trazados. Así, el sargento Molina, quizá el más complejo, junto a los soldados Andreu, un anarquista barcelonés, y el madrileño Amador, un empleado de seguros, militante de la UGT, y un peculiar policía rifeño, Haddú. A través de diversos capítulos alternos les vamos conociendo: su vida, su comportamiento, su frustración y la levísima esperanza de que van a salir con bien de la batalla. Algo que en el fondo saben completamente imposible ante las tropas marroquíes a las que los gerifaltes, desde el parapeto de sus cómodos despachos, quitan importancia, sin importarles la sangría que se avecinaba. Ni las penurias que pasaron quienes, final y fatalmente, quedaron enterrados en la mayoría en fosas comunes y de los que se conoce ni siquiera todos sus nombres. Esos héroes olvidados a los que Lorenzo Silva recuerda y rinde justo homenaje.

Lorenzo Silva nos sumerge en la intrahistoria de una guerra con todo el horror que impregna los conflictos bélicos, pero destacando el fatídico destino al que se condenó a miles de combatientes bajo la gélida égida de la razón de Estado que tantos desmanes suele amparar. Silva tiene muy claro en qué lado se sitúa: “El nombre de los nuestros, desde su mismo título, proclama su radical compromiso con los peones de la Historia”. Frente a las figuras de personajes ilustres que ensalza la historiografía, se recogen “las cuitas de los que están a pie de obra: esos seres anónimos cuya peripecia queda velada y cuyo perfil se traga para siempre el olvido”. Pero, afortunadamente, algunos, como Lorenzo Silva, se niegan a que se consuma ese olvido. Y logra hacernos empatizar con los protagonistas de una gesta épica, más heroica y gloriosa en cuanto más trágica e inútil.

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