La obsesión por Madrid, el pánico a salir trasquilado el 4-M y su inquina por el éxito de Isabel Díaz Ayuso han llevado a Pedro Sánchez a implicarse en la campaña electoral como si fuera el mismísimo candidato del PSOE. Ha caído en la trampa de protagonizar el duelo con la presidenta de la Comunidad. El “soso” Ángel Gabilondo ha desaparecido del escenario. Ya no se le ve ni en Callao, donde la Junta Electoral ha obligado a descolgar la gigantesca lona. Porque aunque no lo parezca, todavía no ha comenzado oficialmente la campaña electoral.
El presidente del Gobierno celebra mítines hasta en Senegal y durante un viaje oficial. Su único eslogan es atacar a Díaz Ayuso, embarrar la campaña para desacreditar a la candidata del PP. Y su estrategia se basa en propagar bulos, mentiras e insinuaciones.
Pero es inaceptable que en su último mitin africano y sin una sola prueba acuse a la presidenta de la Comunidad de Madrid de maquillar los datos del coronavirus, de “no registrar todos los contagios”. Como le ha respondido Ayuso, “cree el ladrón que todos son de su condición”. Porque ha sido él quien desde el primer día ha mentido sobre la evolución de la pandemia en España; para empezar sobre el número de muertos. El Ministerio de Sanidad reconoce ahora que los fallecidos rondan los 75.000, cuando hasta el INE certifica que son más de 100. 000. Aunque las dos mentiras más graves fueron, primero ocultar el peligro del virus para celebrar la manifestación del 8-M y, luego, dar por extinguida la pandemia para irse de vacaciones en julio.
Desde el primer día, Pedro Sánchez ha empleado el juego sucio para desacreditar a Isabel Díaz Ayuso. Pero la última maniobra es inmoral. Por acusar a la candidata del PP de mentir sin aportar una sola prueba. Y por atacar a Madrid desde Senegal y durante un viaje oficial. El presidente del Gobierno es capaz de llevar la campaña electoral hasta África.