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ORIENT EXPRESS

“¡A por ellos como en Paracuellos!”

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 11 de abril de 2021, 19:59h

El grito lo lanza un tipo barbudo que sostiene una bandera rojinegra medio arrugada. Parece una de esas que se han popularizado entre los antisistema y que dicen “Acción antifascista”. Se quita la mascarilla para que se le entienda mejor. “¡A por ellos como en Paracuellos!” No cabe duda de lo que dice. Después de gritar, despliega de nuevo su bandera.

El miércoles pasado, en la Plaza de la Constitución de Vallecas, una turba de violentos convocados por distintas organizaciones de extrema izquierda apedrearon, insultaron, coaccionaron y amenazaron a los asistentes a un mitin de Vox. La presencia policial no sirvió para disuadir a los agresores, que lanzaron piedras, ladrillos, trozos de adoquín y botellas a Santiago Abascal, Rocío Monasterio, Macarena Olona, José Luis Ruiz Bartolomé y Víctor Sánchez del Real, entre otros. Al diputado por Guadalajara Ángel López lo hirieron en una mano y tuvo que ser atendido en el Hospital La Paz. Hubo varias personas con lesiones en la cabeza. A la plaza habían acudido familias con niños. Podría haber sido una tragedia aún mayor. Contra esos asistentes al mitin de Vox daba voces este hombre de la bandera.

Es inevitable preguntarse cómo fue posible que, durante horas, los terroristas callejeros -creo que el término es ajustado- se fueron congregando en los alrededores de la plaza. Cuando los asistentes al mitin llegaron, ya estaba rodeados. He leído en varios sitios que ese cerco impidió a decenas de personas acceder a la plaza. Menos de veinte pasos separaban a los agresores de los agredidos. Hubo cargas policiales, sí, pero el dispositivo policial fue insuficiente para prevenir la violencia desatada contra los diputados de Vox, sus militantes y sus simpatizantes. Alguien debería aclarar qué instrucciones se cursaron desde la Delegación del Gobierno.

¡A por ellos como en Paracuellos!

El tipo que grita no es un niño. Tampoco es un adolescente víctima del adoctrinamiento político que, desde los tiempos de José Luis Rodríguez Zapatero, se ha venido instalando en todos los órdenes de la sociedad española. Desde el cine y las series de televisión hasta el los cambios en los nombres de las calles pasando por el sistema educativo, ya son muchas promociones de jóvenes a quienes se ha enseñado una historia de la II República y la Guerra Civil Española sesgada e incompleta. La idealización del régimen de 1931 y la estigmatización de la Transición y el sistema constitucional de 1978 exigen un relato en blanco y negro donde a la Corona, la Iglesia católica, el Ejército, la derecha, el tradicionalismo y todos los demás “enemigos del pueblo” se les pretende imponer la etiqueta de “fascismo”. Al cabo de los años, la izquierda ha logrado convertir el guerracivilismo en una ideología de jóvenes que han recibido el rencor y el odio de generaciones pasadas.

Pero este señor de la bandera y la consigna de odio es mayor que esos muchachos que quieren ser antifascistas del siglo XXI. Este barbudo que se baja la mascarilla para que se le entienda mejor viene de mucho tiempo atrás. Él sabe bien lo que fue Paracuellos. Sabe bien lo que dice.

Las matanzas de Paracuellos del Jarama simbolizan el gobierno del Frente Popular y el horror del Madrid republicano. Entre los meses de noviembre y diciembre de 1936 -aunque hubo algunas “sacas” de presos antes- más de cuatro mil prisioneros encerrados en las cárceles madrileñas -la modelo, San Antón, Porlier y Ventas- fueron asesinados en Aravaca, Torrejón de Ardoz y Paracuellos del Jarama. Muchos de ellos, eran sacerdotes, monjas, frailes, consagrados y seglares a quienes mataron por sus creencias religiosas en el contexto de la persecución religiosa desatada contra la Iglesia católica entre 1931 y 1939.

No entraré ahora en las explicaciones de las circunstancias de Madrid a finales de 1936, que, por cierto, se emplean a veces como pretendida justificación de lo injustificable. El barbudo de la bandera rojinegra no gritaba porque Madrid estuviese rodeado por las tropas “nacionales” ni por el temor de los quintacolumnistas.

Se trataba de una invitación y una advertencia.

Para la ultraizquierda española, así como para los nacionalistas vascos y catalanes, la violencia política es legítima y necesaria. So pretexto de luchar contra el fascismo, despliegan el arsenal de tácticas empleadas por el comunismo. Las matanzas de Paracuellos del Jarama se ejecutaron siendo el comunista Santiago Carrillo Solares consejero de Orden Público. Hay un hilo que conduce, desde esos crímenes de la II República y la Guerra Civil, hasta los conciertos de los años 80 en los que se gritaba “¡ETA, más metralleta!”. Así hemos llegado al blanqueamiento actual de los herederos de la banda. Nunca faltaron, en la capital de España, los simpatizantes del terrorismo “antifranquista” en plena democracia.

Los asistentes al mitin de Vox no se arredraron. Sin embargo, la lluvia de piedras, palos, botellas, ladrillos y trozos de pavimento que los terroristas callejeros arrojaron sobre ellos nos muestra lo que cabe esperar si los nostálgicos de las matanzas de Paracuellos del Jarama llegan al poder en Madrid. Lo que hicieron esos comunistas, esos antisistema y esos pretendidos “antifascistas” no fue un episodio aislado.

Fue un anticipo.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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