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TRIBUNA

Francis Bacon

Jesús Carasa Moreno
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carasajesusgmailcom/11/11/17
https://www.jcarasa.com/
viernes 16 de abril de 2021, 20:17h

He escrito, últimamente, sobre Velázquez y Ribera y lógicamente ha salido Caravaggio, que influenció a los dos, a nuestro Barroco y como consecuencia, a gran parte de la pintura española. De tal manera lo hizo y participaba de esa hondura, dramatismo y ambición de propósitos, que es la gran característica de nuestra pintura, que Caravaggio bien podría ser considerado un pintor español.

Enzarzado, todavía, en estas reflexiones, me acuerdo de otro que tal baila, el gran Francis Bacon, que se reconocía, de hecho, partícipe de esa cuadrilla española que se tomaba la pintura como una disciplina con posibilidades de buscar, analizar y transmitir ideas o emociones de gran profundidad y trascendencia, (El Greco, Zurbarán, Ribera, Velázquez, Goya, Picasso) a la que había entrado enrolado por el descubrimiento del que se consideró discípulo, el maestro Picasso.

Ya sabemos de qué forma menospreciaba otro tipo de pintura contemporánea, a la que consideraba meramente decorativa y carente de hondura que, sin embargo, se ha apoderado del protagonismo del siglo XX: despreciaba el Expresionismo Abstracto americano, “una pintura meramente estética que no podía transmitir sentimientos en el sentido mas amplio”, mofándose de los “encajes” que Jackson Pollock producía con su famoso goteo (Dripping) y de “las lúgubres variaciones de color” de Mark Rothko.

Su fijación por los nuestros se palpa continuamente en su pintura; pero cuál no sería su obsesión por algunos temas, que llegó a recrear o interpretar, mas de cincuenta veces, en dibujos, oleos y bocetos, el milagroso retrato que Velázquez hizo del Papa Inocencio X, sin llegar, nunca, a ver el original. Visitó El Prado, innumerables veces y murió, en Madrid, de un ataque de asma, enfermedad que le martirizó durante toda su vida y cuya angustia se transmite a su pintura, cuando había venido a una de ellas y a ver a su amante español

Yo ya escribí sobre él, cuando tuve la suerte de ver la increíble exposición antológica, conmemorativa de su centenario, que El Prado realizó en 2009. El museo se la debía como pago a su devoción. Repasando lo que escribí, entonces, sigo de acuerdo y creó que rebañé, a fondo, mis ideas, de entonces, sobre su pintura, pero ahora encuentro que me faltó lo mas importante, explicar los motivos que le llevaron a pintar al ser humano, víctima de su propia ferocidad, como a una res destazada en vivo, entre atroces dolores, que le llevan a emitir gritos, que nadie oye. “Sus rostros, a menudo, contienen una boca gritando silenciosamente”. Otra vez “el grito”.

Y es que pienso que, quizá, inspirado por uno de sus mas grandes referentes, él es el Goya del siglo XX y acabó destilando, en su obra, las visiones del periodo mas atroz, cruel y violento, de la historia de la humanidad. Él fue el que pintó esos horrores cometidos por nuestros “civilizadisimos vecinos”, los habitantes de “los países de nuestro entorno”, los demócratas de “toda la vida” a los que nuestros entrañables derrotistas nos repiten, con arrogante displicencia, que debemos imitar.

Sí, sí, los exterminadores de indígenas, que, todavía, no han conseguido integrar a sus recientes esclavos, los de la gran depresión, los altivos colonizadores de medio mundo, los de las tres guerras mundiales (incluida la fria), los de los fascismos, comunismos, dictaduras, gulags, campos de exterminio, Hiroshima, Nagasaki, infinitas pruebas nucleares, Chernobyl, el muro, los silos nucleares, etc....

En su obra pictórica se evoca, continuamente, esa increíble violencia del siglo XX, escenario de la “inhumana” agresividad del ser humano, “que él entiende como su innata e inexorable inclinación hacia la violencia”. Violencia que él entremezclaba con su propia vida que fue un martirio ininterrumpido. Esa brutalidad que hacía escandalizar a muchos exquisitos que se decantaban por un arte mas ornamental y amable que ha ido ganando terreno en la crítica, los coleccionistas, las subastas y los especuladores.

AD: Feliz coincidencia: Bacon creía que ese raro paisaje, “La Vista de Toledo”, de El Greco, “es uno de los grandes cuadros del mundo”. Me agrada estar de acuerdo con él. Yo expresaba en mis escritos, anteriores, la misma opinión.

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