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TRIBUNA

El Coronel sí tiene quien le escriba

Pedro Romero-Requejo
martes 20 de abril de 2021, 20:15h
Actualizado el: 21/04/2021 20:18h
El himno, mil veces cantado, resonaba en su interior....

“...Instituto, gloria a ti,
Por tu honor quiero vivir....!Viva España, viva el Rey, viva el orden y la Ley,
viva honrada la Guardia Civil...”

Y es que cuando uno es fruto de su propio esfuerzo, suele caminar por la vereda que escoge en la vida y no por la que otros le quieran indicar.

En su caso, escuchaba en posición de firmes la vil sugerencia de contravenir sus obligaciones más sagradas....

Ello suponía, a su juicio, violentar su fidelidad, su propia honradez profesional, romper el código de honor de los que son calificados como pertenecientes a una religión de hombres justos...

“...Benemérito Instituto,
guarda fiel de España entera,
que llevas en tu bandera,
el lema de paz y honor..”

¿Merecía la pena?

Siendo hombre de paz, en su vida profesional había vivido ocasiones complicadas en la lucha antiterrorista en el País Vasco, en la Secretaría de Estado de Interior, en la aplicación del art. 155 en Cataluña o incluso dando su valioso testimonio -directo y contundente- en el llamado juicio del procés....

El cumplimiento del deber le había provocado en más de una ocasión algún maltrato injusto...zarandeos normales en la profesión cuyo costo nunca le importó asumir si era en defensa de los ideales que el fundador, Duque de Ahumada, había marcado como divisas y que cada componente del Cuerpo de la Guardia Civil llevaba dentro desde el ingreso...

“...Por glorificar el nombre, que el gran Ahumada te diera,
con tu sangre noble y fiera, has bordado tu blasón...”

El himno seguía resonando en su interior, aún con más fuerza si cabe, cuando recordaba las órdenes estrictas que había recibido de la Magistrada responsable del delicado asunto que estaba investigando..

”...nada de información, filtración o comunicación ajena a ella misma o que no fuese autorizada expresamente por ella...”

Era consciente que se jugaba tanto el puesto de mando que ejercía con eficacia y agrado como el cercano Generalato, al que tenía perfecto derecho por escalafón e historial.... pero el himno, machacón, continuaba resonando en su cabeza...

“...Vigor, firmeza y constancia, valor en pos de la gloria,
amor, lealtad y arrogancia, ideales tuyos son...”

Qué difícil era a veces mantener aquel vigor, la entereza, la firmeza, la constancia, la lealtad.....qué complicado era ser persona de bien y mantenerse en el cumplimiento del deber.

Recordaba a algún compañero que había perdido esa opción, ser nombrado General, por no hacer cosas del agrado del político de turno, pero su auténtico superior era aquella Magistrada y nunca en su vida había incumplido una orden. Bien sabía que actuando como Policía Judicial se debía a las instrucciones que impartiesen los Jueces y Magistrados competentes en el ejercicio de sus funciones...

“...Por ti cultivan la tierra, la Patria goza de calma, por tu conducta en la guerra, brilla airoso tu pendón..”

Y es que le dolía perder el mando actual y aún más, el ascenso a General porque tenía perfecto derecho a optar a tal máxima distinción en el escalafón del Cuerpo de la Guardia Civil. Todos sabían que alcanzar el Generalato constituye el sueño de cada guardia y de cada soldado.... es conseguir llegar a la cima del monte más alto y más escarpado, el profesional.

También perdía, aunque poco importaba, pequeñas cosas inherentes al rango, siempre bienvenidas porque tapan huecos de las economías normales, pero el himno estaba ahí, insistente, infundiéndole coraje y fuerza y las palabras Gloria, Honor, Orden, España, Ley y Honradez tomaban auténtico significado... y es que algunos no entienden ni tampoco recuerdan lo que nos enseñaron los clásicos del Siglo de Oro: el Honor es patrimonio del alma.

En posición de firmes, de forma educada y correcta, se negó aceptar las sugerencias que le transmitían unos y otros, y lo hizo con la palabra, con la cabeza, con el corazón y con toda su alma, asumiendo con entereza lo que el futuro le pudiese deparar.

Y efectivamente perdió el mando de la Agrupación que tan orgullosamente ejercía y también, de paso, el ascenso al Generalato, quedando en situación de disponible y lo que suponía.

Y qué ganó?

Pues su propio respeto -lo más importante- y el de su familia, unido a la admiración de sus auténticos amigos, de sus compañeros de profesión y de la gran mayoría de los españoles.

Y es que eso suele ocurrir cuando uno pasa a formar parte del selecto grupo de servidores del Estado, muy pocos, a los que se reconoce una conducta honorable.
Y eso tiene también rango de empleo pero mucho más altoy superior al propio de General, con la ventaja de que nunca puede uno ser cesado del mismo.

“...Por tu honor quiero vivir....viva honrada la Guardia Civil..”

Siempre a sus órdenes, mi Coronel.
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