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Editorial: Inflación de problemas

viernes 01 de febrero de 2008, 00:51h
INFLACIÓN DE PROBLEMAS

El aumento de la inflación hasta el 4,4 por ciento, en la peor cifra para España desde 1995, cuando también gobernaban los socialistas, es una muy mala noticia para los españoles. Y más cuando se le añade que también ha crecido el diferencial de inflación respecto a los países de la zona euro.

Además, la última encuesta del CIS ha reflejado que los españoles son cada vez más pesimistas sobre el futuro económico. Y es normal, porque conocen que ha subido de forma sustancial el paro, se ha rebajado el crecimiento, aunque siga siendo alto, la vivienda está en estado de shock y la demanda interna ha caído drásticamente estas navidades.

El panorama no debe calificarse de crítico, pero sí de muy preocupante. Y más cuando no parece existir reacción alguna del Ejecutivo, que contempla con pasividad el incendio y sólo se enfrenta a él con apelaciones a la calma y con argumentos como el superávit acumulado durante las vacas gordas.

Por el contrario, los signos gubernamentales sobre la gestión pública acrecientan el desconcierto. En lugar de anunciar ajustes y reformas, el Gobierno, inmerso en campaña, no ha hecho más que tirar del gasto público con subvenciones y donaciones, como la última ocurrencia de retrotraer 400 euros a los contribuyentes (si es que los autónomos, que no los percibirían, no terminan por ponerse en pie de guerra), de regalar cheques-bebé o de subvencionar el alquiler. Medidas todas ellas, y no hay que ser un genio para descubrirlo, profundamente inflacionistas (que es lo mismo que decir injustas para el conjunto de la ciudadanía que pierde poder adquisitivo). Baste, como muestra, constatar el dato de que la vivienda en alquiler ha subido un ocho por ciento desde que al Gobierno se le ocurrió subvencionar los arrendamientos con 210 euros.

La campaña electoral es muy mala época para abordar una crisis incipiente. Y poco tiempo para corregir cuatro años de fuegos artificiales en lo económico. Pero, pese a todo, es preciso evitar que las cosas empeoren a base de prometer el uso sin fin de la chequera pública, que no hace sino desalentar l preocupada economía productiva.


EL VOTO CATÓLICO

La Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal ha expuesto las orientaciones de la Iglesia a los católicos ante la cita con las urnas del 9 de marzo. En esencia, nada es novedoso en sus propuestas, y, sin embargo, ha abierto ampollas en determinados sectores políticos, especialmente en los próximos al Gobierno.

Tal vez el Ejecutivo no esperara la exposición del argumentario eclesial, pero los obispos españoles se han limitado a decir que apoyan que se vote a aquellos partidos que defienden la vida en todas sus etapas (frente a los que coquetean o propugnan el aborto y la eutanasia); que defienden el matrimonio cristiano (frene a los que lo hacen al matrimonio homosexual); que defienden la libertad de educación moral de los padres (frente a la asignatura de Educación para la Ciudadanía); y que rechazan la negociación con los terroristas o los convierten en interlocutores políticos.

La Conferencia Episcopal ha dejado claro que sus orientaciones corresponden a sus feligreses, y que no entran en la libertad de elección política del conjunto de los ciudadanos. Pero, una vez dicho esto, y escuchada su posición sobre el voto, a nadie le puede quedar duda alguna.

Entre los grandes partidos, PSOE y PP, es obvio para todos discernir quien cumple todas las sugerencias morales de la Iglesia, y quien las incumple todas. Si descontamos el aborto, con decisión aplazada de favorecerlo con un cambio legislativo para que no perjudique la campaña socialista, este Gobierno es el que ha hecho una ley de matrimonios homosexuales, una asignatura de Educación para la Ciudadanía y ha negociado con terroristas. Y hay otro partido, el PP, que ha defendido exactamente lo contrario. Por ello, sin decirlo expresamente, los obispos han pedido a los católicos que voten al partido de Rajoy.

Es comprensible que los socialistas hayan reaccionado de forma airada al conocer el documento. Pero éste no recoge más que lo escuchado durante cuatro años, con una política del Gobierno inequívocamente laicista y una reacción de la Iglesia no menos enérgica en sentido opuesto. Otra cuestión es si lo ahora planteado tiene repercusiones electorales directas, porque eran tan conocidos los argumentos que todos sabían antes de escucharlos de nuevo en qué lado de las urnas estaban.

ARGELIA, UN AMIGO DISGUSTADO

La entrevista que ha publicado en exclusiva EL IMPARCIAL con el primer ministro de Argelia demuestra a las claras que el país norteafricano se encuentra en una posición fría o, cuando menos, distante, respecto a las autoridades españolas. La posición, difícil de explicar, de la diplomacia española en una zona fundamental para los intereses estratégicos españoles ha conducido a una situación que preocupa enormemente a las empresas nacionales interesadas en la energía, que han visto como retrocedían sus posiciones en relación con el auge de las francesas. Antes de Zapatero, el Gobierno español intentó mantener un delicado equilibrio en el Magreb. El actual presidente, al volcarse hacia los intereses marroquíes en el contencioso del Sahara, frente a la tradicional política socialista, ha conducido a un alejamiento acusado de Argelia. Ahora, a última hora, el Ministerio de Exteriores intenta la aproximación, pero las autoridades argelinas no están precisamente por la labor. Tampoco ahí, en el Norte de África, ha estado afortunada la gestión exterior del Gobierno.
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