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TRIBUNA

La hora de la verdad

José Luis Martínez López-Muñiz
miércoles 28 de abril de 2021, 20:19h

Tras estas semanas en las que algunos lo han intentado todo, aun con abierta o taimada falsedad, para tratar de atraer el veredicto de las urnas, se acerca ya la hora de la verdad de lo que los madrileños van a querer para el gobierno de su Comunidad Autónoma durante lo que resta de la presente Legislatura. Un voto que, sin duda, como se viene destacando también por muchos, no dejará de implicar a la vez, aun indirectamente, una valoración por los electores de Madrid de lo que piensan sobre lo que está haciendo el Gobierno nacional del PSOE + Unidas Podemos, sostenido por los nacionalistas más o menos independentistas.

No: no está en juego la democracia, como torticeramente la izquierda ha querido hacer creer. Ni siquiera aunque se produjera lo improbable, es decir que lograse la mayoría para formar gobierno esa izquierda, correría serio peligro en realidad la democracia, a pesar de que grupos como Unidas Podemos o Más Madrid, de inequívoca tendencia totalitaria, impusieran sus condiciones y amenazasen las libertades sin las que la democracia simplemente deja de existir. Por la sencilla razón de que España es y seguirá siendo un Estado de Derecho y hay una Constitución, unas leyes estatales y todo un ordenamiento que el Poder Judicial del Estado tiene que hacer cumplir y respetar, también a quienes manden en cualquier Comunidad Autónoma. Mucho más grave es lo que viene ocurriendo con el actual Gobierno nacional, donde ya Unidas Podemos y los independentistas vienen llevando al PSOE a posiciones que incluso lamentan y rechazan tantos de los que erigieron y potenciaron este partido desde la transición al actual régimen democrático. Y aún con eso, nuestro Estado de Derecho, inserto felizmente en el entramado de la Unión Europea y del Consejo de Europa, resiste y hay que esperar que lo siga haciendo. Esta etapa, aun con todo el daño que en ella se está produciendo, pasará, y prosperarán alternativas que enderecen lo torcido y nos devuelvan a la línea de mejora en la que anduvimos. Precisamente lo que va a pasar el 4 de mayo en Madrid puede impulsar una nueva convergencia de las energías necesarias para que, más pronto que tarde, y sobre todo aún a tiempo, España pueda superar esta ya no corta fase de tantos síndromes de descomposición, ruptura e impotencia.

Quien haya seguido con alguna atención objetiva e imparcial el origen y el caminar de VOX, podrá estar o no de acuerdo con algunos o muchos de sus postulados, gestos y actitudes, pero resulta completamente artificiosa, interesada y falsa cualquier imputación que se haga a ese partido de amenazar al Estado social y democrático de Derecho que vertebra nuestra Constitución. Siempre le he visto en contra de la violencia o de cualquier método que margine la Constitución y las leyes. Defienden con calor sus pretensiones, tan legítimas, en principio, como las de los demás partidos y lo que dicen de sus adversarios responde en realidad a lo que ellos mismos dicen de sí mismos. Por más que puedan provocar desacuerdo por algunos de sus tonos. Y aunque, desde luego, su empeño en constituirse en partido y crecer como tal, rompiendo la unidad política sustancial del arco conocido como de centro-derecha –de lo que hay que reconocer que no son tampoco los únicos responsables- haya contribuido y esté contribuyendo a desestabilizar la vida política nacional y a dificultar considerablemente las posibilidades efectivas de recambio a la izquierda.

Lo que es ciertamente poco acorde con un talante sinceramente democrático es pretender etiquetar y señalar a VOX como “antidemocrático”, para tratar de ponerlo en una suerte de “gueto” al que se puede excluir de todo, incluido el más elemental deber de respeto, y contra el que cabría incluso –en el colmo de la incongruencia- hacer objeto de violencia física. Y ello porque lo que dice querer defender o lograr es contrario a lo que quieren defender o lograr los que así quieren desacreditarlo. El deber de dar razones, de exponer argumentos, se sustituye con la descalificación.

Sólo merece ser calificado de antidemocrático quien, contra nuestra Constitución democrática –incluido el debido acatamiento de sus mecanismos de cambio de su contenido-, y contra lo que hace posible toda verdadera democracia, pretende recortar o impedir las libertades y derechos fundamentales inherentes a la dignidad de toda persona humana. También quien agrede las instituciones establecidas por nuestra Constitución democrática. Puede propiciarse legítimamente su cambio y sustitución, pero deben respetarse íntegramente, como expresión que son de la voluntad democrática nacional, en tanto sean legítimamente las que son.

El 4 de mayo hablará finalmente el pueblo de Madrid, el de la gran urbe y el de sus zonas rurales. Algunos líderes han podido dar la impresión estas semanas de que los electores se creen fácilmente cualquier cosa. Y puede que algunos sí, desde luego, pero todo parece indicar que aún predomina el sentido común que desvela lo contradictorio y aprecia lo honesto, y la capacidad de discernir y de no permitir que se adormile la memoria con cantos de sirena.

José Luis Martínez López-Muñiz

Catedrático de Derecho Administrativo y profesor emérito de la Universidad de Valladolid

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