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El ‘México bárbaro’… ¿de Nuevo?

Artemio Benavides
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artemiobenavideshotmailcom/16/16/24
sábado 06 de septiembre de 2008, 19:16h
El horror homicida azotó tanto al norte (Chihuahua) como al sureste (Yucatán) de este sufrido país mexicano. Y la respuesta a ese horror no se hizo esperar: otra manifestación ciudadana exigiendo mayor eficiencia contra el narcotráfico, los secuestros, las decapitaciones, robos y, en suma, la inseguridad triunfante y la impunidad montante en todo el territorio nacional.

Los desfiles en la capital federal, en Guadalajara, en Monterrey, en Mérida y en otras ciudades fueron claros en sus peticiones a las autoridades para combatir la delincuencia organizada con mayor vigor y a los delincuentes en general. La manifestación cívica se extendió más allá de nuestras fronteras y, al parecer, se vislumbra una respuesta por parte de los poderes establecidos (¿con ‘mayor vigor’? bueno, algún gobernador ha pretendido reestablecer la pena de muerte oficial, esto es, inscribirla de nuevo en nuestros códigos penales. Y aunque es una solicitud quizá mayoritaria, esperamos que no sea escuchada. En Europa, desde luego, no es admitida. Y con razón: se ha demostrado que en nada contribuye a disminuir los delitos y, ante todo, es una crueldad inhumana inaceptable).

Pero es claro que los demagogos de siempre aprovechan esta justa indignación para, como siempre, llevar agua a sus molinos. Lo que se impone es ir a fondo en la lucha contra el crimen. Y ello es una tarea grave para este país, en momentos de crisis política, de reformas económicas esenciales que no acaban de imponerse, ya porque su clase dirigente carece de oficio, ya porque las proclividades populistas no acaban de ecliparse y, en fin, por la aparentemente inerradicable corrupción que, tal vez, sean polvos de otros lados autoritarios que no han sido combatidos con eficacia por los nuevos ejercicios de gobierno desde, digamos, la translación de poderes al partido de oposición Acción Nacional (diciembre del 2000).

Los pilares del autoritarismo no han quedado ilesos, por supuesto: el partido oficial revolucionario ya no despacha desde el sitial presidencial y sus miembros están, por supuesto, confundidos, sí, pero… vivitos y coleando, aquí y allá, en las cámaras de diputados y senadores y en la mayoría de las entidades federales, huérfanos de su ‘big-brother’ de otrora: el presidente de la república. Subsisten también los ‘cacicazgos sectoriales’ (líderes sindicales ‘campesinos’ y ‘populares’) de enorme poder en la educación, en la industria petrolera, eléctrica y telefónica, para citar unos ejemplos: como lo ha expresado el poeta y ensayista Gabriel Zaid: “Ya no existe el supremo árbitro (capo de tutti capi) y todavía no hay instituciones democráticas suficientemente fuertes para que impere la ley. Los partidos mismos son cacicazgos sectoriales, dedicados a la guerra intersindical por el queso”.

Parece que estamos, de nuevo, en el ‘México bárbaro’ que un anarquista norteamericano, noble pero estridente, pintó en 1911, podría decirse. Pero no es así: la traslación de poderes no ha sido en vano, pues el ‘señor presidente’ autocrático ya no está presente. Y como dice el romance español “…tiremos a lo alto que lo bajo ello se daría”, aunque lo bajo no se cumple por la fuerza de las cosas, requiere tiempo y ya la sociedad civil despierta.

Artemio Benavides

Historiador

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