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TRIBUNA

El eco moribundo de la Democracia

viernes 30 de abril de 2021, 20:37h

Los ciudadanos estamos asistiendo impotentes a una agonía latente de nuestra Democracia. Para disipar esas tinieblas que la envuelve, aparecen como rayos de sol penetrantes, las crónicas diarias de intelectuales de la talla moral de Don Luis María Anson, Javier Marías y un elenco selecto de prestigiosos periodistas, que no dejan de ser fogonazos de luz que denuncian y sirven de contrapoder al cabildeo de nuestros dirigentes políticos, que se empeñan en detentar, y otros en rapiñar el poder con maledicencias y subterfugios.

A semejanza del Narciso de la Mitología griega, quien al verse reflejado en las aguas cristalinas del lago, se enamoró locamente de su propia imagen. En la década de los años setenta, un grupo de jóvenes universitarios con voluntad política de cambiar la sociedad dictatorial, se vieron reverberados como narcisos modernos en los espejos de una sociedad en transición, quedándose prendados de su imagen de juventud plena de dotes intelectuales para la conquista del poder.

Desde el instante del fallecimiento del Tiresias del siglo XX en 1975, que les impedía asociarse y pavonearse ante los azogues públicos, con la excelencia de convertirse en futuros hombres de estado, estos grupitos de jóvenes ilustrados en las reuniones underground y en los congresos social-comunista de la época en países europeos, forjaron sus sueños en la conquista de la Ninfa de la democracia, que ya reinaba tras la segunda guerra mundial en la mayoría del continente europeo. Los fulgores de ese enamoramiento, tuvo su apogeo en 1979 con el referéndum de aprobación de la Constitución y las primeras elecciones democráticas.

Tras el fallido intento del golpe militar el 23 de Febrero de 1981, podemos afirmar que el ya consagrado grupo de egocéntricos que ostentaron el poder, comenzaron sus infidelidades con la Ninfa de la Democracia, hasta el punto de que ésta, repudiada y vejada se refugió en una caverna oculta dentro de los bosques de la Moncloa, donde va languideciéndose durante cuarenta años, quedando solo El eco, ese sonoro y lastimero sonido que va irradiándose por los leones del Congreso, de sus salones y por los cimientos y ventanas de todas las Instituciones Públicas.

No perdamos nunca las expectativas del resurgir de la Democracia. Sabemos que el mero deseo no es suficiente, es imperativo las acciones de la prensa criticando las negligencias y los abusos de poder, así como la participación de los ciudadanos en su formación ética, asignatura que ha sido eliminada con la nueva ley de Educación, un agravio que dinamita los pilares de una democracia herida de muerte; puesto que es fundamental para los jóvenes en formación la de tener presente ese conjunto de normas morales que deben presidir nuestras relaciones.

Evitemos caer en la trampa de confiar todo a la esperanza, sigamos combatiendo los desaciertos de una clase política errática , para no caminar por el desfiladero que conduce al precipicio. Están poniendo a prueba nuestra capacidad de resiliencia con los permanentes ataques a la democracia, tomemos nota de los ultrajes al gobierno del pueblo y mantengamos enhiesto nuestro espíritu, antes de que lleguen a somatizarlo, paralizando nuestros corazones y el sistema neuronal.

La Democracia fluye cada día, amparando las libertades, auxiliando sanitariamente a los enfermos, castigando a los que vulneran las leyes. Nos permite desplazarnos con servicios públicos para visitar los familiares asentados en otros municipios, caminamos con ánimo y tranquilidad por caminos y veredas, disfrutamos de la Naturaleza de sus playas, de sus bosques y de sus praderas. No vemos la Democracia en una sola secuencia pintada de verde esperanza en el cielo y las estrellas, pero si la sentimos en nuestro corazón al otear su bandera.

Finalizo con un soneto del sufista Rumi: “El movimiento de las olas, día y noche vienen del Mar, vemos las argentas espumas que acarician vencidas las orillas de la playa, pero no logramos ver El Mar poderoso que pone en movimiento esos flujos de oleajes y mareas que da vida a la exuberante flora y fauna de los fondos marinos”.

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