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El gigante quiere parar la expansión de la otan en Europa

Rusia vuelve a la Guerra Fría y lanza una ofensiva energética a Europa

sábado 06 de septiembre de 2008, 21:10h
El control de la política por el control de los recursos. Es una vieja aspiración y es, a la vez, una de las pocas armas que tiene Rusia para reconquistar el papel de otra-potencia-hegemónica que le perteneció cuando sojuzgaba a la Europa del Este, además de a su propio pueblo. El viejo Continente está sediento de petróleo y gas y Rusia es proveedor esencial de ambos combustibles.

Gazprom no es sólo una gran empresa (y es enorme: la tercera del mundo en capitalización bursátil). No es sólo un monopolio, el de exportación de gas desde Rusia, o una de las principales fuentes de divisas para aquél país. Es un instrumento de política internacional. Valga como demostración que el actual presidente de Rusia, Dimitri Medvedev, ha sido el presidente de Gazprom durante siete de los ocho últimos años antes de llegar a su actual puesto. El 27 por ciento del gas que consume Italia procede de esta empresa. Ocurre lo mismo con el 25 por ciento del que quema Francia y nada menos que el 37 por ciento de la principal economía europea: Alemania.

La energía como brazo armado
El gigante euroasiático ve el gas y el petróleo como un arma política, como demostró en 2006. Entonces, por discrepancias con sus vecinas Ucrania y Bielorusia, cortó a estos países el suministro, con el efecto de que también Europa se viera momentáneamente sin la afluencia del gas ruso.

Este sábado, el vicepresidente de los Estados Unidos, Dick Cheney, ha acusado a Rusia de violar los principios internacionales y de usar la energía "como un instrumento de fuerza y manipulación " en Asia Central y en el Cáucaso. Y ha recordado los recortes de abastecimiento de gas a la República Checa justo el día después de que este país llegase a un acuerdo con EEUU para permitir la instalación de un radar del escudo antimisiles en su territorio.

Detrás de la agresiva política exterior rusa está su decisión, más allá de lo que deseen soberanamente sus Estados vecinos, de que éstos no se sumen al paraguas de la OTAN. Por eso Rusia habla de “reformar la arquitectura de seguridad europea” si prosigue el proceso de ampliación de la OTAN al este de Europa, una iniciativa que ha contado con un valedor en Europa Occidental: el ministro de Exteriores español, Miguel Ángel Moratinos.

La guerra del suministro
Rusia quiere acostumbrar a Europa a su suministro, merced a dos nuevos gasoductos que llegarán a los mercados europeos por el norte y por el sureste. El primero de ellos, llamado “Corriente norte”, es un gasoducto que llegará a Alemania por el Mar Báltico. El segundo, denominado “Corriente sur”, irá de la costa rusa del Mar Negro hacia Bulgaria, para cruzar Ucrania y Rumanía, hacia Grecia primero e Italia después. Es el abrazo ruso del gas a Europa, con el cual quiere arroparla, pero también sujetarla.

Estados Unidos y Europa están muy al tanto de este movimiento y de la pretensión rusa de condicionar las naciones europeas con la mano en la espita del gas y del petróleo. Por eso, y por el colapso de la antigua URSS, promovieron la construcción de un oleoducto que no dependiese de Rusia y que fuera capaz de surtir al Viejo Continente del oro negro. Las autoridades europeas también. Esta preocupación motivó la construcción del oleoducto Baku-Tbilisi-Ceyhan (BTC). Se trata del segundo oleoducto más largo del mundo: 1.768 kilómetros que unen los mares Caspio y Mediterráneo. En mayo de 2006 llegó a Ceyhan el primer petróleo bombeado desde Baku.



Parte del BTC cruza, precisamente, el país con el que Rusia acaba de tener un conflicto armado: Georgia. Es uno de los varios oleoductos que, como afluentes de un gran río, salen del BTC. Se llama Baku-Supsa y British Petrolium se vio obligado a cerrarlo precisamente por temor a que el conflicto con Osetia del Sur pudiera acabar con un ataque a la infraestructura.

Europa tiene ahora un arma diplomática en su mano: cerrar cualquier colaboración con Rusia para la construcción de los dos futuros oleoductos, Corriente norte y Corriente sur, si no respeta la integridad de su vecina (y pro occidental) Georgia. Pero para ello hace falta tener una alternativa

La alternativa nuclear
El principal uso del gas es la producción de electricidad. El gas es una energía relativamente limpia, lo que le confiere una ventaja sobre el carbón, y barata. Pero tiene una alternativa que solventaría la dependencia energética del gas y, de paso, de Rusia. Es, por supuesto, la energía nuclear. Este es el camino que han seguido varios países europeos, como Finlandia o Rumanía. Polonia, Lituania y Estonia también tienen planes de servirse de la tecnología francesa para tener nuevas plantas nucleares. Pero no todos los países europeos siguen esta estrategia. España, incluso, va en sentido opuesto.

Los países ganados para la democracia al yugo soviético necesitan desengancharse de la influencia rusa si quieren tener una verdadera independencia de aquél país. Entrar en la OTAN puede no ser suficiente. Pero construir centrales nucleares es caro, muy caro. Y países como Lituania o Bulgaria tienen poco capital y muchas necesidades por cubrir. Por eso, una estrategia occidental podría consistir, precisamente, en fomentar la alternativa nuclear con dinero estadounidense o de otros países occidentales. En cualquier caso, no sería una solución inmediata, ya que construir una nueva central lleva de 6 a 10 años.
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