Nunca como este 4-M, se han celebrado unas elecciones autonómicas tan decisivas para el futuro de España. El duelo entre Pedro Sánchez e Isabel Díaz Ayuso va más allá de la tradicional rivalidad entre el PP y el PSOE. Porque lo que está en juego es el modelo democrático de nuestra Constitución, amenazado por una izquierda totalitaria en manos del comunismo. Por un Gobierno que asalta sin pudor las Instituciones para eternizarse en el poder.
El apoyo a la candidatura de Isabel Díaz Ayuso supone un voto de castigo a Pedro Sánchez y a su modelo antidemocrático de gobernar. Un voto de castigo a la alianza del PSOE con los partidos que quieren desguazar la Constitución. Porque el PP, ahora más que nunca, es el muro de contención al oxidado marxismo de Podemos, al racismo golpista de ERC o al terrorismo camuflado de Bildu.
Muchos madrileños votarán a Isabel Díaz Ayuso por su gestión al frente de la Comunidad de Madrid. Pero también por haber plantado cara a Pedro Sánchez en la política fiscal al bajar los impuestos, en la defensa de la libertad de educación, y hasta en la gestión del coronavirus al ser capaz de combatir la pandemia sin destruir la economía y crear más empleo que cualquier otra Autonomía, como ha reflejado la última EPA.
Sin duda, una abrumadora victoria del PP el 4-M provocará un terremoto en La Moncloa y se tambaleará el omnímodo poder del Gobierno socialcomunista. Pero, más importante aún: los dirigentes más sensatos del PSOE tendrán la excusa para enfrentarse a Pedro Sánchez por haber aniquilado los principios del histórico partido al aliarse con los que quieren trocear España y destruir la democracia. Porque el futuro de nuestra nación depende en buena parte de que el PSOE vuelva a los cauces democráticos y constitucionales de la transición. Y, para ello, es necesario que Pedro Sánchez desaparezca de la vida política.
Ni España ni el PSOE se merecen seguir en manos de un truhán de la política que llegó al Gobierno por una moción de censura urdida por los comunistas y que ha ido sobreviviendo en La Moncloa a golpe de decretazos y de asaltos a las Instituciones del Estado, que ha protagonizado la peor gestión del mundo en la primera ola del coronavirus, que ha dinamitado la convivencia esparciendo calumnias contra sus adversarios, que ha creado un clima de crispación insoportable partiendo la nación en dos bloques antagónicos con su estrategia guerracivilista y que lleva camino de conducir a nuestro país a la ruina.
El 4-M puede ser el principio del fin de este régimen autocrático que ha impuesto el Gobierno. Por eso, el apoyo a la candidatura de Isabel Díaz Ayuso supone un voto de castigo a Pedro Sánchez y a sus aliados comunistas, golpistas y proetarras. Supone el principio del fin del mayor sátrapa que ha pasado por el Palacio de La Moncloa.