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CORONAVIRUS

Tokio 2020. El tremendo dilema de Japón, a 80 días del inicio de sus Juegos Olímpicos

Tokio 2020. El tremendo dilema de Japón, a 80 días del inicio de sus Juegos Olímpicos
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miércoles 05 de mayo de 2021, 17:17h
División en las autoridades niponas sobre la celebración de la ahelada cita olímpica.

Del 23 de julio al 8 de agosto de 2021 se desarrollarán los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Así lo afirma, con rotundidad, el Comité Organizador. Lo hace, a menos de tres meses de la inauguración y con la misma convicción con la que proclamaron, el 2 de marzo del pasado año, que los preparativos para la cita programada "proseguían según lo planeado". El Comité Olímpico Internacional (COI) corroboraría esta opinión un día más tarde, por medio de un portavoz. Y el organismo lo volvió a confirmar el 18 de marzo. Pero el calendario se empezaría a torcer cuando, en 23 de marzo, Gran Bretaña, Australia y Canadá publicaron su negativa de participar en el evento ante el impacto de la pandemia.

De inmediato tomó la palabra Shinzo Abe, primer ministro, estrenando el planteamiento del aplazamiento. Horas más tarde, Dick Pound, miembro veterano del COI, expuso ante el diario USA Today que tenía claro que los JJ.OO. se iban a posponer. Le lloverían las críticas al veterano ex presidente del órgano gestor de las Olimpiadas, pero atinó. El 24 de marzo de 2020, el COI y el Comité Organizador tiraron la toalla ante el evidente colapso sanitario y económico del planeta. Tardaron en darse cuenta del sinsentido organizativo y manifestaron que los Juegos Olímpicos nipones se reprogramarían. A un enclave temporal "no posterior al verano de 2021".

Así las cosas, se ha quemado un buen puñado de meses y el presente atisba un escenario muy resbaladizo de cara al pistoletazo de salida, fijado en el casi inminente viernes 23 de julio. No en vano, estos son los datos pandémicos actuales: ha sobrevenido con fuerza la cuarta ola, batiendo récords en el país asiático de personas con síntomas graves de Covid-19 (1.050 enfermos). En las prefecturas de Tokio, Osaka, Hyogo y Kyoto las plazas hospitalarias para pacientes contagiados yace al rozando el desborde. Y esas cuatro regiones siguen bajo el estado de emergencia decretado por las autoridades desde el pasado 26 de abril.

Todo esto, es evidente, compromete, y mucho, la actitud que han vuelto a asumir el COI y el Comité Organizador. En una nación en la que las jerarquías y la prudencia son religión, este fin de semana alzaron la voz desde el la Asociación de Enfermería de Japón (JNA), para reclamar sentido común a estos actores. Están abiertamente en contra del despliegue de 10.000 sanitarios para el evento olímpico, un desplazamiento de efectivos que ahondaría en la dramática situación que se vive en los centros hospitalarios.

La prioridad, que se ha constatado, en atender a los deportistas que competirían en la cita deportiva ha terminado de colmar la paciencia y el respeto a las costumbres del sector sanitario. No hay personal, a día de hoy, para hacer frente a la carta ola de coronavirus, por lo que no quieren ni pensar lo que supondría sufrir una merma de efectivos, con la explosión vírica india rondando. Nunca antes han acumulado tantos pacientes que requieren cuidados intensivos como en estas semanas. Así que interpretan el trasvase hacia la Villa Olímpica como una suerte de falta de respeto a su derroche. Para más inri, los sanitarios desplazados trabajarían en condición de "voluntarios".

Las redes sociales se han inundado de protestas de enfermeros japoneses ante lo que se les avecina. Con la etiqueta "enfermeros en contra de ser enviados a las Olimpiadas" resaltando y el apoyo explícito de la Federación Japonesa de Sindicatos Médicos (Iroren), un colectivo que denuncia que la falta estructural de sanitarios -por contagios o la renuncia, ante las durísimas condiciones laborales- se podría agudizar hasta volverse insostenible. Ha virado en costumbre apilar guardias nocturnas, muy superior al límite legal, remarcan. Así que no están para bromas.

La polvareda ha llegado tan alto que Katsunobu Kato, portavoz del Gobierno, ha tomado los micrófonos para compartir este mensaje: "Intentaremos tomar medidas de forma que no afecten al sistema médico local y para que, al mismo tiempo, el personal sanitario ayude a desarrollar unos Juegos de forma segura". Pero su propuesta de que los sanitarios "colaboren con horarios flexibles y condiciones cómodas", además de "pagar ayudas financieras a los centros médicos que aporten personal para los Juegos" no ha convencido.

Por consiguiente, se ha detonado un punto de inflexión. Otra vez. Eso sí, de lo ocurrido en marzo de 2020 sólo sobrevive Thomas Bach, presidente del COI. El mandatario del Comité Organizador -y ex primer ministro japonés-, Yoshiro Mori, dimitió por el camino. Ofreció su renuncia por la repulsa generalizada a unas declaraciones tildadas de sexistas. Mori, de 83 años, dijo durante una reunión del Comité Olímpico Japonés (COJ) que celebrar reuniones con mujeres era difícil porque hablan "demasiado". E hizo las maletas.

Antes de este brete, tuvo tiempo de señalar que "los Juegos se celebrarán independientemente de cómo evolucione la situación de la pandemia del coronavirus". "Debemos ir más allá de discutir si va a haber Juegos o no. Hablemos de cómo se van a realizar. Pensemos en un nuevo tipo de Juegos Olímpicos", remató hace semanas. Aunque se confirmara que enero ha sido el mes más mortífero para el país en cuanto a la pandemia. El día 28 de ese mes, en plena debacle sanitaria, alegó que "estamos convencidos de que todas estas dudas se despejarán el día de la apertura de los Juegos". Y aclaró que no les importaba si habría afición en las gradas de los estadios o no. Para el comité resultaba indiferente el proceso de vacunación.

El COI, en el entretanto, ha seguido trabajando para empujar en favor de la celebración del evento. Mientras que Bach declaraba que "no pierde tiempo en conjeturas" y que la fecha de inicio de los JJ.OO. es intocable, su organismo anunciaba que los deportistas olímpicos no tendrían que cumplir con cuarentena alguna al aterrizar en Tokio -se pedirá una PCR negativa realizada al menos 72 horas antes del viaje-. La guía de medidas de seguridad y salud diseñada para los atletas recogía, asimismo, la obligación de apoyar a los demás participantes "aplaudiendo, y no gritando o cantando".

No asoma comedido en sus afirmaciones tampoco el primer ministro. Yoshihide Suga ha deslizado que Japón está "centrado en continuar sus esfuerzos para organizar unos Juegos Olímpicos de forma segura". "Estudiaremos la situación dentro y fuera de Japón", manifestó al ser cuestionado por la flexibilización del estado de emergencia declarado -acabaría el 11 de mayo si mejora el contexto-. Y ha rubricado esta lectura de la situación: la cita se celebrará, sea cual sea la evolución de la pandemia. Con o sin aficionados. Con el favor o la crítica de una ciudadanía que en un 39% entiende que los Juegos deben cancelarse, siendo un 32% partidario de un nuevo aplazamiento. Según amplios sondeos efectuados por la agencia de noticias nacional. "Es momento de detener nuestras pérdidas y cancelar los Juegos", ha proclamado desde un editorial el Asahi, uno de los principales diarios nipones.

La mesura ha llegado, finalmente, por parte de la nueva presidenta del Comité Organizador. El pasado 30 de abril, Seiko Hashimoto reconoció que "puede haber una situación en la que no podamos permitir que asistan espectadores. La única forma en que podemos decir que los Juegos son un éxito es si protegemos la vida y la salud de los atletas y los japoneses". Y, dos días antes, Shigeru Omi, máximo responsable del panel de expertos del Ejecutivo, argumentó esto: las autoridades del país "deben discutir" la celebración de los Juegos Olímpicos ante el repunte de la pandemia.

"Estamos llegando al momento en que debemos discutir (la celebración) del evento, teniendo en cuenta la situación de la expansión de los contagios y la presión sobre el sistema médico como factores más importantes", añadió, alertando de que "sería tarde" esperar a las fechas de comienzo previstas para tomar una decisión. Y reivindicó que su labor consiste en "pensar sobre la situación de la pandemia", y no "tomar una decisión sobre los JJ.OO.". Su posicionamiento es nítido. Recomienda a Suga preponderar la salud de los ciudadanos. Aunque enfrente una perspectiva de hasta 41.500 millones de dólares en pérdidas si se cancela Tokio 2020. A estas alturas, sólo el 1% de su población ha sido inoculada con al menos una dosis. Y si se cree en las señales, valga esta: un policía japonés ha dado positivo en coronavirus durante el relevo de la antorcha olímpica -que arrancó el pasado 25 de marzo en la prefectura de Fukushima-.

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