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TRIBUNA

Una participación y un civismo de marca

martes 04 de mayo de 2021, 22:12h

Hasta hoy, 4 de mayo de 2021, las elecciones a la Asamblea de Madrid que contaron con una mayor participación de votantes fueron las celebradas en el año 1995. Votamos entonces el 70,36 % o casi 3 millones de personas de las contempladas en el censo electoral, que estaba formado por 4.129.852 individuos. En las de hoy, a las siete de la tarde (una hora antes del cierre de los colegios), habíamos votado el 69,27 %. Está claro que el dato final superará la marca de 1995. El censo electoral para estos comicios autonómicos lo integrábamos 5.112.658 personas. Lo que significa no solo un nuevo récord de participación en términos porcentuales, sino correlativamente de votantes.

Debe tenerse en cuenta, a mayor mérito de la participación de hoy en estos comicios a la Asamblea de Madrid, que ha sido insólitamente un día laborable. Lo habitual es que se celebren en domingo y así ocurrió con las de 1995, que fueron el domingo, 28 de mayo. Los que hemos votado hemos tenido que organizarnos para acudir a los colegios electorales atendiendo a nuestras cargas laborales, necesidades del centro de trabajo u obligaciones profesionales y académicas.

Existe una relación bien establecida entre el nivel de participación en las elecciones y el sistema electoral seleccionado. En general, los sistemas de representación proporcional están asociados a una mayor participación. La votación más baja en unos comicios autonómicos madrileños fue del 58,98 % del censo el 26 de mayo de 1991. También se enuncia como regla que la participación en los sistemas proporcionales se incrementa cuando se espera que los resultados sean muy cerrados frente a cuando aparece un partido como claro ganador. ¿Ha sido esta la causa de la extraordinaria movilización vivida hoy en la Comunidad de Madrid? No parece evidente a la luz de los antecedentes, como acaso otros motivos. Corresponde a los sociólogos rigurosos indagar una interpretación plausible colectiva, si es que es posible.

El sistema electoral para la elección de los diputados a la Asamblea de Madrid es de representación proporcional por listas cerradas, con uso de la fórmula D´Hondt para la distribución de los escaños. Se conoce generalmente como sistema proporcional corregido. Es el mismo que fija la Ley Orgánica del Régimen Electoral (LOREG) para la elección de los diputados al Congreso. Cada comunidad autónoma dispone de su propia ley electoral, que debe adecuarse en sus procedimientos básicos a la LOREG.

El concepto de la ley electoral en España, por su consideración de ley orgánica (se la ha llamado «cuasi constitucional»), es de unidad, en el sentido de que responde a «la necesidad de tratar de una manera unificada y global» todos los aspectos de los procesos electorales que se verifiquen en el Estado central, las comunidades autónomas y las entidades locales.

La enorme diferencia es que, mientras que, en la elección para el Congreso de los Diputados, la circunscripción es la provincia. Con los desequilibrios que implica como consecuencia de su gran tamaño, su alto número mínimo de escaños y su bajo número total de diputados por circunscripción media, con los efectos de supra e infra representación que evidencia, en la Comunidad de Madrid, al tratarse de una sola circunscripción, los efectos deformantes sobre la idea de un sistema proporcional corregido que padece la elección de la citada cámara parlamentaria nacional se ven netamente mitigados. Al menos, una vez que se supera la barrera del 5 % de los votos válidos emitidos, que es el mínimo electoral para esas elecciones autonómicas, como lo es el 3 % de cada provincia para el Congreso de los Diputados.

Aunque a esta hora en que escribo (21:21 horas) no se puede hablar de resultados, sino de encuestas; todas coinciden en una victoria casi absoluta del Partido Popular, que, teniendo en cuenta que se eligen 4 diputados más (136 frente a 132 en 2019), doblaría escaños y más (pasaría de 30 en 2019 a 62-65), un cierto movimiento de votantes a la baja entre el PSOE (de 37 a 22-25), Más Madrid (de 20 a 21-24) y Unidas Podemos (de 7 a 10-11), la estabilidad al alza de Vox (de 12 a 12-14) y la desaparición de Ciudadanos, al no alcanzar el mínimo electoral señalado (de 26 a 0).

Finalmente, se debe también caer en la cuenta de otro dato que ha caracterizado a esta jornada electoral como única. Se ha desarrollado sobrellevando la cuarta ola de una pandemia criminal y asfixiante, que ha obligado a afrontar las medidas sanitarias de seguridad ante el campante virus chino (distancia social, mascarillas añadidas, dispensación de geles). Esto ha generado larguísimas colas de electores durante casi todo el día, que han llegado a enrollarse en manzanas urbanas enteras; ha provocado pacientes y risueñas esperas de entre una y dos horas para votar, y hasta varios intentos con tal de alcanzar el democrático objetivo.

Los ciudadanos han mostrado, además de una participación de marca, una normalidad, una cooperación, una voluntad de centrarse en lo importante, en suma, un civismo de marca, del que debería tomar nota los tóxicos dirigentes políticos y los que, sin serlo, se ven contagiados por las deformadas y teatrales sugestiones donde aquellos afloran y prosperan.

Daniel Berzosa

Profesor de Derecho Constitucional y abogado

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