Rusia en pie
Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 07 de septiembre de 2008, 21:18h
Este verano de 2008 ha visto la reaparición del poder militar ruso. La guerra de Georgia ha sido corta, pero ha mostrado bien a las claras que Rusia es una potencia con la que se debe contar necesariamente y que los viejos tiempos de la postración posterior a la caída del Muro son parte del pasado. Sin embargo, su fuerza no proviene sólo de sus ejércitos sino del poder económico de un gigante energético como Gazprom y del apoyo popular a las políticas decididas de Putin y Medvedev. Si es cierto que, a veces, es peor la vacilación que el error, Rusia decidió no correr riesgos con Georgia.
Tbilisi confió en que tendría ayuda de Occidente y en que Moscú no respondería, pero se equivocó. Con una Unión Europea que encuentra serias dificultades para unificar criterios en política exterior y dar una imagen de firmeza, sólo Estados Unidos ha tenido la decisión de oponerse a la reacción rusa. Sin embargo, en Washington hay una Administración saliente a la que le quedan pocos meses. Después de las elecciones presidenciales, veremos qué pasa; hasta entonces, Estados Unidos no parece interesado en nuevas aventuras militares: se diría que Irán, Corea del Norte y Cuba pueden esperar.
Es cierto que Obama ha tenido que admitir que mantener las tropas en Irak no fue un error y que la situación ha cambiado. Ahora bien, la relación con el viejo rival de la Guerra Fría es distinta: el despliegue del escudo antimisiles en Europa y la expansión de la OTAN despiertan el recelo ruso, que no deja de verlo como una amenaza. Así, Rusia pretende erigirse en defensora de una globalización con varios centros de poder y en la que destaquen las potencias emergentes: Brasil, China, India y, cómo no, una Rusia que ha dejado atrás los complejos de la era Yeltsin. Mientras tanto, Ucrania contempla con preocupación la situación de Crimea, con una mayoría rusa que mira más hacia Moscú que hacia Kiev.
Si tenemos que hacer balance de los últimos años, ha sido un error minusvalorar las posibles reacciones rusas. Cuando se opuso a la independencia de Kosovo –aplaudida por Estados Unidos y parte de los Estados europeos– y denunció que se trataba de una violación del Derecho internacional cuyas consecuencias podrían ser funestas, nadie pareció darle demasiada importancia. Es cierto que sí hubo un temor a la política energética, pero siempre podría reconducirse: Solana ha destacado que también Rusia necesita a la Unión Europea.
No obstante, ha habido un error de cálculo: los rusos se han sentido humillados durante años. El Occidente triunfador proclamó confiado el fin de la Historia mientras Rusia quedaba en manos de los oligarcas mientras se extendían la miseria, el desempleo y el resentimiento entre la población. Por otra parte, la caída del bloque comunista y la independencia de las repúblicas soviéticas creó una importantísima diáspora rusa que se extiende desde Ucrania y Bielorrusia a Kazajstán y Armenia, y hoy Moscú se interesa por ella. Durante el período de Yeltsin, los rusos eran los perdedores de una partida que ya había terminado. Ahora, el juego se ha repartido de nuevo y saben que sus cartas no son malas. Rusia está en pie y pide paso.
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Analista político
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