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DESDE ULTRAMAR

Colombia duele y moviliza

Marcos Marín Amezcua
jueves 20 de mayo de 2021, 20:25h

Colombia nos es cercana y su importancia no puede dejarnos indiferentes a los duros acontecimientos que allí suceden. Transcurren las semanas y queda claro que en Colombia no se solucionarán las cosas con solo dejarlas pasar. Ni a las cosas ni a las semanas. Una situación tan crispada con una sociedad polarizada al máximo, que envía mensajes de auxilio ante el incremento del descontento social reprimido porque pone en jaque al gobierno del presidente Duque y que no admite más coartadas dilatorias, son una lección de resistencia y puntual reclamo que impide acallarse, puesto que no pasa inadvertida. La nación hermana se pronuncia y su pronunciamiento es atronador y muy aleccionador, generando nuestra más rotunda e indeclinable simpatía.

Seguimos en México con particular interés las jornadas difíciles de este cada vez más cercano país –ligados por una historia común, una fuerte migración colombiana y su riqueza en todos los órdenes que tanto nos admira y reconocemos en México– y por todo eso queremos entender mejor el rompecabezas que plantea esta situación tan violenta y tan reclamante. En esa búsqueda he solicitado a amigos colombianos situados dentro y fuera de Colombia que me contaran qué sucede y así poderles compartir sus palabras. Su generosidad es impagable tanto como la enorme oportunidad de leerlos, ustedes y yo, y solo puedo agradecer a todos infinitamente su prestancia y comedimiento.

Así, ya desde Colombia, Catalina Robledo Sánchez, egresada de la carrera de Relaciones Internacionales de la Universidad del Valle de México, responde: “para mí es muy grato la invitación para dar mi opinión sobre la situación que estamos viviendo en este momento en Colombia. Gracias por dejarnos levantar la voz. El estallido de Colombia en los últimos días es la crónica de una muerte anunciada. Tenemos un presidente que llegó al puesto por rebote, sin experiencia y con un pobre capital político a asumir el mando de un País que estaba atravesando un momento coyuntural de su historia y que requería de una gran fortaleza y voluntad política. Lamentablemente a la carencia de estas dos últimas habilidades se sumó la pandemia y el impacto económico ocasionado por los favores tributarios iniciados hace más de 2 años realizados a los grandes grupos empresariales, obligando a nuestro presidente a lanzarse al vacío con una reforma tributaria mal creada que terminó por exacerbar al pueblo de tal manera, que ni el retiro de la reforma ni la renuncia del ministro de Hacienda lograron calmarlo. El futuro es incierto, el polvorín sigue lleno y solo falta una chispa para que vuelva a estallar. La gran lección de la jornada es que el pueblo colombiano ya no traga entero”.

Desde el exterior Yei mira a su país y expresa: “actualmente Colombia atraviesa una situación sumamente complicada que no es otro resultado más que la suma de muchos hechos que han agobiado y han ido en contra del pueblo; un pueblo que ahora no tiene vergüenza de reclamar, un pueblo que actualmente no tiene otra opción… pero que en épocas pasadas de alguna manera solapó y sufrió abusos, guerras, grupos al margen de la ley, negocios ilícitos, inseguridad, corrupción y políticos que no han hecho otra cosa que tragarse el país y sus recursos durante décadas. Así, al final hemos sido ciegos todos los colombianos. La gota que derramó el vaso –ya lleno y turbio por tantas situaciones adversas y difíciles para los colombianos– fue la nueva reforma tributaria amparada por el gobierno en la necesidad de incrementar los impuestos a una población que lleva más de un año enfrentando el COVID-19 y todos los efectos que a su vez trajo, sufriendo la inequidad de oportunidades tras la migración de venezolanos, ad portas de una reforma en la salud, una reforma pensional que nada beneficia a la población, con un índice de subempleo del 65% que se traduce en una población marginada en la pobreza y por ende en el hambre, mientras el gobierno actual es títere de Álvaro Uribe Vélez y otros empresarios que manejan el país cual finca y cumplen cuotas políticas que solo contribuyen a incrementar la corrupción.

Todas estas situaciones han sido el motivo para las manifestaciones y el paro nacional que estamos enfrentando, pero que lejos de solucionar solo han agravado las cosas a tal punto de traducirse en violencia, muertes y aún más deterioro de la economía. El panorama no es alentador, más aún cuando la imagen de instituciones como la policía y el ejército se ha deteriorado, cuando hay mezcla de intereses de distintos grupos y cuando el pueblo mismo se agrede entre sí justificando la violencia y el odio como única herramienta de expresión ante la inequidad y la falta de oportunidades. ¿Qué está en juego?

Está en juego el futuro de una nación, el cambio de mentalidad de un pueblo que ya no tiene miedo y se enfrenta por lo que sea; está en juego la salud, la economía y hasta el plato de comida de una familia”.

Así, un esbozo de la situación deja claro que hay clamor traducido en un ¡ya basta! Un ¡ya basta! que nos recuerda la eterna situación regional que donde pone la palabra Colombia pone México o cualquier nombre de un país de la región. Países ricos, mal administrados, saqueados por sus élites en comparsa con transnacionales voraces. Bonito resumen y muy certero. Lo entendemos perfectamente porque son los pueblos latinoamericanos los que se joden. Y frente a eso, sociedades que reclaman, que no callan, que no consienten y que claman justicia y a las que no amaina medidas carroñeras como las que se anuncian estos días. ¿Qué Standard & Poor’s baja al último escalón la deuda de Colombia y que Estados Unidos sugiere no visitarla en esta turbulencia? ¡ea! ¡sea por Dios! No fuera el país que diga sí a todos esos porque ahí les tendrías, cortejando favores y leoninas concesiones dando un pan por el costal de harina con el que se alzan. ¿A que sí? Una historia que sabemos bien en los países latinoamericanos.

Duque retiró su intento de reforma tributaria, cayó su ministra de Exteriores, empero no por ello impidió que atestiguamos un hartazgo de un pueblo valiente y agobiado ante una inconsistencia gubernamental que no le ayuda. Colombia merece mejor suerte, ya que su grandeza e importancia no tiene porque normalizar esta situación de explotación y de legítimo hartazgo. Su reciedumbre la reconocemos y abona en pro de su lucha. Y ¡ojo! para no alzar espantajos de izquierdismo o clamar izquierdización como una peste, porque se llega al panorama descrito cuando Colombia no ha sido gobernada por una izquierda a la que cualquier despistado engañapastores pueda culpar del desastre. Al contrario: se la ha presentado como alumna neoliberal, como a Chile. Y por ahí nos vamos. Y ¡ojo! con eso porque la coartada de izquierdización no cuela para satanizar de pasada a ideologías y justificar el saqueo sistemático de la región. No cabe si somos intelectualmente honestos. Entre iberoamericanos no nos vamos a contar cuentos chinos de qué somos y qué hemos pasado.

A Colombia todo mi reconocimiento y mi solidaridad desde México.

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