El nuevo campeón del peso ligero se ha reivindicado desde sus orígenes.
El 24 de octubre de 2020 Khabib Nurmagomedov abrasó a Justin Gaethje en Abu Dabi, refrendando su dominio autoritario en la división del peso liguero de la UFC. Y, de inmediato, anunció que se retiraba de la práctica profesional de las artes marciales mixtas (MMA, por sus siglas en inglés). El bombazo daría paso a una persistente lucha de Dana White por convencer al invicto peleador daguestaní de lo mucho que le quedaba todavía por ganar en el octágono. Hasta que el directivo tiró la toalla.
El 19 de marzo de 2021 oficializó la jubilación de la estrella rusa. Y, a continuación, abrió la espita de las candidaturas para el cinturón vacante. Refrendando la igualdad sobrevenida en la categoría más reñida de la élite de las MMA. El regreso de Conor McGregor, el resurgir ganador de Dustin Poirier, la imprevisible pegada de Gaethje, la irrupción del recién contratado Michael Chandler y el renacer triunfal de Charles Oliveira entremezclaban en una novedosa e interesante guerra por el título.
Serían estos dos últimos luchadores los encargados de asumir la primera bala. El 16 de mayo se vieron las caras en un lleno Toyota Center, en Houston (Texas). El UFC 262 acogería la aclamada vuelta a la acción de Tony Ferguson -que fue amaestrado por Beneil Dariush- y el duelo protagónico entre Chandler y Oliveira. El estadounidense -tres veces campeón en Bellator- arribaba con 22 victorias y cinco derrotas, mientras que el brasileño -mayor número de finalizaciones, sumisiones y de premios a la Actuación de la Noche en la historia de UFC- llegaba con un 30-8. Y montado en una racha de ocho triunfos seguidos.
El guión del encontronazo pautó un festejo del norteamericano, que comenzó atronando con su potencia y la fuerza de sus puños. 'Do Bronx' hubo de sobrevivir al prólogo y esperar su turno -recibió hasta 21 puñetazos en la cabeza-. Cuando llegó el momento embocó un golpe certero que tambaleó a 'Iron' y le puso en bandeja una conquista de la gloria que certificó con un KO técnico. Sin usar su extraordinaria capacidad en el suelo y con el jiu-jitsu, arte marcial que vive un furor mayúsculo en Brasil. Y el gigante americano recibió a su hijo pródigo como un auténtico ídolo.
A hombros de cientos de seguidores, y en una nube anímica, Oliveira se relajó, al fin, como campeón de la UFC. Un sueño que llevaba persiguiendo durante más de una década. Y es que aterrizó en la compañía norteamericana en 2008, concatenando dos victorias y sus primeras dos derrotas. Y hasta diciembre de 2017 no cortaría la sangría con la que alternaba celebraciones y depresión. Ante Paul Felder encajó su octava pelea perdida, para un récord de 22-8. Aunque había dejado chispazos de su extraordinaria clase y técnica -que le valió un puñado de premios-, yacía lejos del radar del cinturón.
Mas localizó el punto de inflexión anhelado y entró en ignición. Arrasó, en este orden, a Clay Guida, Christos Giagos, Jim Miller, David Teymur, Nik Lentz, Jared Gordon, Kevin Lee, Tony Ferguson y al mencionado Michael Chandler. Un total de nueve peleas en dos años y once meses le catapultaron hacia el éxito. Hacia el fruto sembrado por una amalgama de esfuerzos que se traduce en lágrimas con cada gesta trascendental dentro del octágono. Con lágrimas en sus ojos alzaría el título en Texas y en su región de nacimiento.
Pero, para comprender la dimensión del personaje cabe un poco de contexto. Porque Oliveira es producto de la favela brasileña. Se crió en una barriada deprimida del distrito de Vicente de Carvalho, en la localidad paulista de Guarujá. Allí fue diagnosticado con un soplo cardíaco y fiebre reumática a la edad de siete años. Por eso, sus padres le iniciaron en el deporte. Se negaban a que su hijo no perdiera la capacidad de caminar. Así que se encargaron de asegurarle actividad deportiva. Trabajando su madre como empleada de hogar en tres viviendas diarias -desde las 4:30 de la mañana- y su padre buscándose la vida. Porque habían adoptado a otros dos niños.
Esa dura infancia contrastó con la suavidad con la que se adaptó al jiu-jitsu. Sólo unos meses de entrenamiento le bastaron, con 12 años, para ganar un campeonato regional. En el inicio de una trayectoria deportiva que ha desembocado en la cima de las MMA internacionales. En declaraciones para 'UOL Esporte', doña Ozana -su madre- confesó que el barrio se tomó la victoria de Charles en la UFC como si se tratara de la consecución del Mundial de fútbol. Aunque los vecinos no pudieran acceder a la retransmisión del evento -sujeto a pago por visión-. La progenitora se encontraba vigilando que no hubiera robos en la casa de Oliveira -protocolo seguido por la familia cada vez que el peleador tiene que viajar- cuando el nuevo campeón del peso liguero manifestaba, en Houston, lo siguiente: "Favela, una vez más ganamos. Pueden llorar, pero llorar de alegría. Porque él cinturón ya está con nosotros".