Con el fin de conseguir los votos necesarios para la investidura y después para la aprobación de los Presupuestos...
Con el fin de conseguir los votos necesarios para la investidura y después para la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado, Pedro Sánchez cedió a las exigencias de los partidos separatistas catalanes y vascos. Cubrió de dinero al PNV y también a Bildu, y se comprometió al traslado de presos con delitos de sangre al País Vasco. Y lo más importante, acordó con ERC el indulto a los políticos encarcelados por el gravísimo delito de sedición y la fugaz proclamación de independencia de Cataluña.
Tan atroz comportamiento del presidente, hostil al interés de España, podría confirmarse ahora si Pedro Sánchez, en contra de la Fiscalía y tal vez del Tribunal Supremo que está a punto de pronunciarse, mantiene el compromiso contraído con los separatistas y concede el indulto.
Un indulto que, hasta ahora, no cumple con la condición imprescindible: el arrepentimiento de los posibles indultados. Y no solo eso: los encarcelados por sedición han declarado que volverán a hacer lo mismo. El indulto colocará al Rey, que debe refrendarlo, en contra de su magnífico discurso del 3 de octubre de 2017, que cubrió de banderas nacionales los balcones y ventanas de toda España.
La opinión pública está al cabo de la calle. Sabe que el indulto forma parte de un lamentable do ut des: tú votas mi investidura y yo concedo el indulto a los presos del proceso. Un indulto, que es una ignominia y que se otorga a furibundos antiespañoles
A Pedro Sánchez no le va a salir gratis semejante indecencia que hiere la dignidad nacional. La opinión pública, según las encuestas rigurosas, está ya contra él y en favor del Partido Popular. Claro que al presidente del Gobierno eso le trae sin cuidado. Es un político lapa, pegado a la roca del poder. Se propone resistir hasta que se consuma la legislatura. Y luego, Dios dirá. Dios y los electores españoles, que hoy están donde están, pero que ya veremos cuál es su posición dentro de treinta meses. Pedro Sánchez juega con el tiempo y con la suerte que hasta ahora no le ha abandonado.