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DESDE ULTRAMAR

Y el conflicto saharaui como trasfondo…

Marcos Marín Amezcua
jueves 27 de mayo de 2021, 20:19h

No, esta crisis diplomático-fronteriza no es solo un tema pasajero entre España y Marruecos. Un diferendo más. Y pasará a segundas como Perejil. No. El tema real de fondo es otro, polémico y mal tratado. Mal resuelto (si lo estuviera) y peor abordado y cada vez que se invoca genera arremolinamientos en la poltrona y carrasperas dirigiendo la mirada hacia otro lado. Así lo veo desde ultramar.

El tema real es dual: las pretensiones infundadas marroquíes de expandirse a toda costa y en ese proceso, su anexión ilegal del Sahara occidental, que lo empodera y por eso persigue a sus símbolos independentistas, incluido el presidente de la República Saharaui, Brahim Ghali, acogido en España por razones humanitarias. Ese es el tema y fundamental siendo un remanente con vestigios coloniales. Coloniales, con todas sus letras, sin eufemismos ni florituras. Y alcanza a España. Una patata caliente pospuesta por todos y con señalamientos graves al Emérito. Con Marruecos escamoteando los derechos saharauis y violando las resoluciones de la ONU sobre su independencia y recurriendo a chantajes y amenazas a diestra y siniestra. Y desde luego que ni el abrazo al migrante devuelto por donde vino ni menos aún el incidente en sí por brindar ayuda humanitaria a Ghali, son la nota más significativa o la foto más importante de esta borrascosa historia del choque hispano-marroquí. Todo eso nada más lo ribetea. Nada más.

¿Qué España no debate el tema saharaui? Ese es el primer gran error, y desde 1975, tanto como la forma en que se retiró de aquel territorio intempestivamente con la Marcha Verde. Comunicó a la ONU su cese de soberanía, desentendiéndose. Favoreció así a Marruecos fortaleciéndolo –apoyado por Estados Unidos– y el tema sigue y seguirá ensombreciendo tales relaciones bilaterales porque gracias a la dejadez, Marruecos ha ido demasiado lejos, envalentonado, demostrándolo otra vez. Los saharauis sí lo explican perfecto: para el caso, al quedar a merced de la monarquía alauita, que ahora reclama todo el bote con Canarias incluida, pues también va en el combo –de todo lo demás, ya se sabe– ninguna potencia apuesta por la causa saharaui, empoderando a Rabat y abandonando a España, mientras Marruecos entrega las enormes riquezas marinas del espacio saharaui a la UE, comprando así su complicidad y su silencio sobre el vergonzoso despojo que enloda a Mauritania por lo que le toca, como el invasor a trasmano que es. Y encima el miserable de Trump avaló todo ello.

El agandalle y el sistemático abuso marroquí de agenciarse el territorio saharaui alegando derechos inexistentes, ni siquiera endebles, configuró una invasión en toda regla, detonando emigración, amén de los campos de refugiados y la guerra, que no consiguen doblegar la voluntad saharaui, pese a desplazamientos, muros de vergüenza y persecución de sus líderes como ahora con Ghali, más la movilización diplomática alauita tratando de frenarlos, tal y como ahora acontece. Pero el Sahara occidental se trata de un país árabe peculiar, de habla española, que podría ser, sostienen sus dirigentes, una bisagra entre el mundo hispánico y el mundo árabe, porque carecemos de interlocutores allí. Y eso va por todos los países hispanohablantes, España incluida. Mas ciertamente que para ello la República Saharaui requiere ser libre e independiente en definitiva y ha reanudado su lucha armada en pos de serlo, ya desde noviembre de 2020.

Ese es el contexto. Que nadie lo olvide: los alegatos que Marruecos alardea sobre el Sahara occidental son los mismos que dirige contra España, que parece adormilada con una evidente bomba de tiempo en las manos. ¿Pereza, exceso de confianza, descuido, minimización del tema? No lo sé, pero ahí está. Los migrantes que saltan las fronteras de Ceuta y Melilla solo son para los efectos del caso, puntas de lanza, pretextos, escudos humanos para posicionar a Marruecos. Sí, muy aparte de que sean personas que buscan vivir mejor. El hecho de que Marruecos las use como moneda de cambio para apaciguarse –en el doblez de su política de contención pagada por la UE– es la prueba irrefutable de que aquellas son algo más. Y tal cosa acorrala a España en varios frentes y la engarrota.

Y en efecto, al final ya se ve que España no ha sido eficaz en apaciguar a Marruecos y ya llegaron a esto. Sorprende las palabras de Pablo Casado diciendo que el gobierno de España da una imagen de caos al exterior. Viéndolo desde afuera, se lo digo: no, eso no es preciso. González Laya ha sido una ministra a la altura y Casado un desmemoriado: el papel de Ana de Palacio en el incidente de Perejil bajo un gobierno del PP no fue lo que podríamos decir, brillantito. Acaso Casado está aturdido pensando que Ana era Loyola y pues no. Ana no era Loyola. Casado mejor debería de cerrar filas de verdad y no andarse con monsergas lucrando con el apoyo. La imagen que España da es de peligroso aletargamiento al respecto y de indecisión desde quienes deberían mostrar más firmeza. Y aunque acierta más Espinosa de los Monteros en su veredicto de debilidad, de Abascal ni hablar y al astroso del fugado Puigdemont haciendo gala de mengambrea dando razón a Marruecos, ni atenderlo por su extravío incorregible.

El incidente español reciente no es único. En México los sabemos bien, pero aquí no han podido los marroquíes y en México el activismo saharaui ha sido eficaz, tiene su representación reconocida por el Estado mexicano, cosa que fastidia a Marruecos –que con simpatizantes busca boicotear– y Rabat difunde su mensaje de exterminio al pueblo ocupado con la grandísima mentira de que tiene derechos sobre el Sahara occidental y hasta va cuestionando al gobierno mexicano por darle su lugar a los saharauis, invitados a muchos actos oficiales organizados por las autoridades. Aquí ellos han desnudado a Marruecos hace décadas como país que los ocupa ilegalmente y comete crímenes denunciables en todo momento para perpetuarse. Y Rabat no puede jugar contra nos la carta yanqui, porque somos frontera, estratégicos y nos atendemos de otra manera con Washington.

El galimatías existente es peligroso. Las amenazas de Marruecos comprometen a España, desde luego, no a la UE. ¿Una guerra? Bueno, ya son palabras mayores, pero no es de recibo que Marruecos amague a España con migrantes ni alharacas. Aunque tampoco parece que venga acompañado. La política de buena vecindad ha fallado. Y así sea conmovedor el abrazo al muchacho aquel por la socorrista, no nos distraigamos. Propios y extraños. La amenaza marroquí existe y es inaceptable. Las insolencias son la tónica. Los saharauis han estado solos. La geopolítica explica que Francia no necesita un país de influencia hispánica, por poca que fuera, en su zona de influencia que nunca ha soltado. Estados Unidos en efecto, con Dios y con el Diablo juega desde siempre a mantener el statu quo. Lo mismo pactando con la OTAN que abarca España, que con su aliado Marruecos, dispuesto a todo. Y Gibraltar no parece atraer atenciones extras. Tal vez un día Rusia y China, que ha hecho de África una Chináfrica, se interesasen metiendo puya. Marruecos estaría atenazado por saharauis y argelinos y si España fuera audaz y también la América hispana, contarían con un aliado en la zona.

A Marruecos cabe la que reza: “más vale una colorada que diez descoloridas”. Un ‘estate quieto’ no le ha llegado y eso sí es recriminable al gobierno español actual. Con un océano de por medio es fácil decirlo, claro. Y justo por quienes no lo tienen sería conveniente que se apertrecharan mejor, porque el peligro es latente y acechante para la seguridad española. Para pensárselo. Al líder saharaui, que no será trigo limpio, Rabat no lo quiere de regreso porque le jode por lo que representa, explicándose así su furibundez. Dicen que ya está fuera de peligro ¿y España? España cerró mal el capítulo saharaui. Me conduelo de un pueblo que fue español al ser su tierra, provincias. Su abandono es equiparable al de Puerto Rico en 1898, pero sin disparar un tiro. Le doy vueltas al tema. Reflexionemos: España luchó aguerrida 11 años por retener Nueva España, perdiéndola en 1821. Al Sahara español lo soltó en 1975 en un abrir y cerrar de ojos, sin más. Inaudito, sin duda alguna. Es un nudo mal atado, puerta mal cerrada que lacera hasta hoy.

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