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TRIBUNA

Cambó

Martín-Miguel Rubio Esteban
viernes 28 de mayo de 2021, 20:11h

La polarización España/Cataluña ha llegado a tales absurdos extremos, a consecuencia de la más mediocre clase política que ha registrado la Historia de España y de Cataluña, que la figura política del gran Francesc Cambó nos sale al paso como advertencia y moderador que fue este gran español catalán. Cambó fue siempre un catalanista que supo armonizar los intereses catalanes con los intereses de España, que jamás concibió una Cataluña fuera de España, y que su amor a una Cataluña autonómica engrandeció a la patria común que es España. Aunque ferviente autonomista, siempre consideró comprometido el porvenir de Cataluña con una indeseable separación de España. Su lema vitalicio fue “cuanto más fuertes sean las regiones, más fuerte será España”.

Su lucha por la autonomía catalana no le privó de su participación en el engrandecimiento de España durante el reinado de Alfonso XIII, y así fue Ministro de Fomento bajo Antonio Maura, y posteriormente Ministro de Finanzas. Se le recuerda como un ministro que disciplinó a los funcionarios de sus Ministerios y que terminó con las corruptelas. Mantuvo profundas relaciones con grandes personalidades de su tiempo, alcanzando adelantadas perspectivas europeas, y quiso acercar los rumbos de la política nacional a los del mundo exterior. Estuvo siempre bien relacionado con los líderes del Zentrum católico alemán. Llamaba “revolución constructiva” a su idea de una España autonómica, lo que nos da idea de su sentido de solidaridad entre todas las regiones que configuran España. Solía decir: “Creo en Cataluña porque creo en España. Aspiro a una Cataluña grande en una España grande”. Su entrañable amor a España se realizó siempre en la práctica. Cuando Cambó dicta su testamento y dispone de la suerte de la fabulosa colección de pinturas que durante su vida había adquirido con tanto entusiasmo – que constituía su mayor patrimonio – sólo un cuadro va a parar a su hija. El resto, en un cuadro digno de quien entregó su vida al servicio de Cataluña y de España, se reparte íntegramente entre el Museo de Cataluña y el Museo del Prado, museo cuyos cuadros, además, ayudó a salvar durante la Guerra Civil con su propio dinero, sua pecunia, cosa inaudita en aquel Madrid rojo de ladrones de obras de arte. Había adquirido con su fortuna personal cuadros de Tintoretto, Tiépolo, Rubens, Van Dick, Goya o Zurbarán, entre otros, y que gracias a su patriotismo generoso disfrutamos hoy todos los españoles. Las bellas palabras son dignas de aprecio, pero los gestos efectivos revisten más poder de convicción, y este último gesto de Cambó define con suprema elocuencia cómo compartieron su corazón los amores más grandes y desinteresados a Cataluña y España. Siempre he creído que la bandera que el Partido Popular en Cataluña debe portar es la bandera de Cambó. Entre los dos nacionalismos hirsutos que pueblan Cataluña debe prevalecer la lealtad autonómica que encarnaba Cambó. Como muy bien decía José María Pemán en su artículo “El Catalán: un vaso de agua clara”, inserto en su obra Signo y viento de la hora (1970): “de una raya o frontera tanto puede uno separarse de un lado como de otro; y por una ley de dinámica social el tirón hacia dentro es correlativo e inseparable del empujón hacia fuera”. Moderación y reconocimiento sincero del hecho catalán en España. Cambó supo armonizar los maternos derechos de su amada Cataluña con los supremos derechos de España en que Cataluña cuaja. Y es que los derechos son indivisibles. Así, si la Declaración de los Derechos del Hombre afecta a los inmigrantes ilegales que arriban a Ceuta, también esa misma Declaración, y con la misma pujanza, afecta a todos los ceutíes y españoles. El derecho de uno no puede conculcar el derecho de otro.

Junto a Prat de la Riba, Cambó, fue fundador del “Partido Regionalista”, luego “Liga Regionalista”, la “Lliga” que abanderó en Cataluña la única sensatez frente al anarquismo violento y anticlerical del energúmeno desatado de Lerroux, todo un Fregoli de la componenda y el chaqueteo, ávido y sin escrúpulos, demagogo apestoso, sobornador y profundamente corrupto e inmoral. Cataluña no se desquició en los primeros años del siglo XX gracias a la actividad moderada y conservadora del Partido Regionalista. Hoy que el síndrome paranoico de Fregoli vuelve a darse entre nuestros políticos, Cambó se convierte en guía y remedio inmejorables.

“La fuerza de un partido la determina el espíritu de ofensiva constructiva”, solía decir Cambó. Pero su lealtad con el casi adolescente Alfonso XIII hizo que la Lliga se escindiese en 1904, saliendo de ella los republicanos, que fundaron el Centre Nacionalista Republicà (CNR), más conocido por “l´Esquerra”, aunque Cambó ponía en tela de juicio ese supuesto izquierdismo. “Se autodesignaron hombres de izquierda – llegó a escribir -, pero sentían verdadera repulsión no sólo hacia la clase obrera sino incluso con respecto a la pequeña burguesía.” El ultramontano y maquiavélico Moret cometió el error de subvencionar de modo siniestro el radicalismo republicano del infame Lerroux – que se vendía incluso a aquellos contra los que demagógicamente combatía – para parar el crecimiento de la Lliga, cuando era ésta la única organización profundamente catalanista con lealtad a España, del mismo modo que hace unos años alguna ministra de abierto abanico español potenció a Podemos en la idea de frenar o debilitar al PSOE. Cuando se juega con el mal el demonio siempre triunfa. España es “ansí”, pilotada su política por un siniestro Alástor o Atê, indulta el crimen y persigue la lealtad de sus hijos.

Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica

MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín

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