Incluso sus propios socios, los que le invistieron como presidente del Gobierno y le mantienen en la poltrona, se chotean de Pedro Sánchez hasta la humillación. Saben que al inquilino de La Moncloa solo le importa mantener el poder. Y no solo abusan de él, también se lo echan a la cara con desprecio. Andoni Ortuzar, el presidente del PNV, molesto por las nuevas medidas restrictivas sobre el coronavirus, no ha tenido reparos en amenazarle con lo que más le duele: "el partido nacionalista retirará su apoyo parlamentario al Ejecutivo si no elimina sus propuestas sobre la pandemia". De momento, el País Vasco no ha acatado este fin de semana el cierre del interior de los locales, tal y como estaba estipulado en la orden publicada en el BOE por la alta incidencia en la región. Y el Gobierno se ha callado. Ha mirado para otro lado.
En realidad, con las nuevas medidas, Pedro Sánchez solo pretendía denigrar a la Comunidad de Madrid, cuyo éxito en la gestión de la pandemia y en el crecimiento económico llevó en volandas a Díaz Ayuso a su rotunda victoria el 4-M. Ocurre, sin embargo, que ha bajado la incidencia en la región, por lo que no está obligada a cumplir con parte de esas nuevas medidas, como el cierre del interior de los locales. Al presidente del Gobierno le ha salido el tiro por la culata. Porque, para él, atacar al PP es un placer y, de paso, intenta deteriorar al partido de Pablo Casado, que ya le supera holgadamente en todas las encuestas. Pero se ha topado con el PNV, el partido que le regala 6 escaños en cada votación. Y con eso no se juega. De momento, el presidente permanece callado.
Los bandazos políticos de Pedro Sánchez se producen por ese motivo. Por su fanatismo en mantener el poder. Así, mima hasta la ilegalidad a sus socios de Gobierno. A ERC le regala unos indultos con aspecto de amnistía para celebrar luego una plácida mesa de diálogo con Junqueras. Y allí ya se verá qué hacer con el referéndum de autodeterminación. A Bildu le concede el acercamiento a las cárceles vascas de los mayores criminales de ETA y le permite celebrar fastuosos homenajes a los asesinos. Y al PNV le llena las alforjas con millones de euros y aprueba la transferencia de la gestión de Instituciones penitenciarias para que los terroristas campen a sus anchas y salgan de paseo cuando les plazca.
Pero Pedro Sánchez ha vuelto a estrellarse con la gestión del coronavirus. Las nuevas medidas afectarán gravemente al turismo, la principal industria nacional. Pero poco le importa si, a cambio, para los pies a Isabel Díaz Ayuso. No contaba con el cabreo del PNV. Ahora, habrá que esperar a ver si la ministra de Sanidad corrige aprisa y corriendo la orden del BOE para permitir al País Vasco gestionar la pandemia como le venga en gana. O decreta un estado de alarma solo para Madrid, como ya hizo en su momento. Cualquier cosa es posible. Solo es imposible que Pedro Sánchez arriesgue la entera legislatura por cerrar o abrir el interior de los locales en el País Vasco. Si es menester, coge el Falcon y se va con Ortuzar y Urkullu a tomar unos chiquitos por el casco viejo de San Sebastián. Hará lo necesario para mantener esos 6 escaños, imprescindibles para prolongar su estancia en La Moncloa. Y al coronavirus que le den.