Nadie debería atribuirse el éxito de la multitudinaria manifestación celebrada este domingo en la plaza madrileña de Colón. Ni el PP, ni Ciudadanos, ni Vox; ni siquiera Unión 78, la Asociación fundada por Rosa Díez y Fernando Savater que convocó el acto. Porque se trata de un rotundo fracaso de Pedro Sánchez, el presidente que estrangula sin pudor la legalidad para complacer a sus siniestros socios parlamentarios y permanecer en el poder. Pero sus tretas son ya un clamor. Ni las cortinas de humo de su marketing político, ni el estruendo de sus medios afines son capaces de acallar el grito de protesta de la inmensa mayoría de los españoles.
La plaza de Colón aparecía este domingo atestada de ciudadanos, de la llamada sociedad civil, que no atendían a convocatorias partidistas. Solo querían gritar a pleno pulmón contra la indignidad de un Gobierno que se humilla ante los que intentaron dar un golpe de Estado para amarrar sus escaños. De un Gobierno capaz de pisotear la ejemplar sentencia del Tribunal Supremo para prolongar la legislatura. Y de un Gobierno que ya trama el regreso a España de Puigdemont y, al tiempo, prepara una pirueta ilegal para consentir que los separatistas celebren un referéndum. Porque solo de eso se hablará en la llamada mesa de diálogo.
Pero la plaza de Colón también simboliza el hartazgo de los españoles con las trampas de Pedro Sánchez. Alargará la legislatura hasta el límite. Pero, a buen seguro, que antes o después, pagará en las urnas tanta indignidad y tanta negligencia.