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TRIBUNA

Ciegos

domingo 27 de junio de 2021, 19:59h

En 1948 los soviéticos publicaron en braille El Capital, de Marx. La obra se consideró un alarde editorial. Con su indestructible humor británico, el Daily Telegraph tituló así la noticia: “Un ciego para guiar a otros ciegos”. Rúbrica idónea para quien, cegado por su ambición de poder, pretende guiar los pasos de otros invidentes cegados por el odio a España. Uno y otros maquinan peligrosamente contra la nación a un ritmo galopante. Porque prisa, como decía Ortega, solo la tienen los ambiciosos.

Están los tiempos para ir despacio con mucha prudencia y ojos muy abiertos a través de este campo minado en que se ha convertido la otrora quieta dársena española por culpa del socialismo revanchista de Zapatero. Con él comenzó el desbarajuste empeñado en un guerracivilista ajuste de cuentas a la Transición y al régimen del 78. “Aceptaremos cualquier cosa”, “todo vale”, “como sea”, sinónimos relativistas en estado puro. Y antónimos de preservación del castillo almenado del Estado de Derecho, con puente levadizo y centinelas armados. Este socialismo reaccionario y subversivo derriba fortificaciones, baja el puente y desarma la guardia. Los indultos no sólo han abierto las celdas, también los portones de la fortaleza constitucional. Mientras, los ingenuos confíados alegremente justifican el derribo en una necesaria contribución a la “nueva” reconciliación. Quienes no comulgan con ruedas de molino son declarados proscritos censurando su afán de poner piedras en el camino de la convivencia. Resuenan las palabras de Stefan Zweig en El mundo de ayer: “El que exponía una duda, entorpecía la actividad política, al que les daba una advertencia, lo escarnecían, llamándolo pesimista...”. Muchos españoles deseamos que se ponga fin al chantaje del separatismo pero nunca con un montaje de comedia burda en el que los separatistas son un espejo de virtudes. Porque aún puede formularse un extenso pliego de cargos contra esa tropa rebelde, cuya lectura dejaría al descubierto su pérfida maquinación de volver a delinquir.

Alguno juega con su idea de concordia como un gato con el ratón sin darse cuenta de que el ratón es él. Decía Montanelli que un irresponsable puede decir cualquier cosa y aprovecharse de ello. Título aplicable a quien persiste en desmontar el orden constitucional. Si se analizan sus dichos políticos se observa que detrás de una verborrea oceánica y una exaltación retórica considerable no hay absolutamente nada. Dice estar a favor del diálogo y del entendimiento. Todo el mundo lo está, pero no a cualquier precio. Su discurso no ha revelado en un solo momento al estadista, sino a un vulgar demagogo de envergadura. Su falta de honestidad como modo de hacer política, sus mentiras como método de conducta y su tergiversación de los hechos revelan una ambición ciega e irresponsable. Si tanto le ha cambiado la pandemia abrigando ahora un sentimiento magnánimo de fraternidad, que se aplique el cuento y se dé un abrazo con Ayuso. Eso sí sería reconciliación.

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