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DESDE ULTRAMAR

Entiéndase: hoy, la vacuna no mata al virus

Marcos Marín Amezcua
jueves 01 de julio de 2021, 20:14h

Dejo de lado otros menesteres que ameritarían mi atención y que me gustaría abordar, para mejor atender de nueva cuenta el asunto que es toral: la vacuna. Ninguna versión hasta hoy mata el virus ni inmuniza ni evitará nuestro contagio. Lo que la vacuna sí hace es reducir las posibilidades de contagio, que sea uno arrollador y hospitalizarnos conduciéndonos a la muerte. Y eso, ya sabiendo que cada caso es un caso. No demos nada por sentado. Y no podemos confiarnos. La pandemia no ha terminado.

¿Más claro? Imposible. Cubrebocas lo más posible, sana distancia, evitar aglomeraciones o ventilar es que siguen o deberían de seguir siendo las reglas inquebrantables. Son acciones clave. Evitar reuniones entre no convivientes, no reanudar un modo de vida normal de momento, aún no –ni con la vieja ni con la nueva normalidad– sugiere que se evite, porque la regla de oro con el COVID-19 es: el contacto humano propicia el contagio. Entendida esta regla, lo demás sobra, llámese bodas multitudinarias, bohemia con amigos, conciertos multitudinarios, estadios, regreso a clases presenciales y algo que no debe pasar desapercibido: viajes de vacaciones o de fin de cursos como lo acontecido en Mallorca, con sus 6 mil afectados colaterales por posibles cadenas de contagio. Y la zozobra mientras conocemos la verdad de si nos contagiamos o no. Es mucho jugarle al vivo.

Y hay quien no lo entiende ni quiere ni se cuida. Unos por vacunados y otros por no estarlo y no darle importancia. Se puede decir más alto, pero no más claro. Estamos bajando la guardia, mientras el virus se fortifica en cepas como la Delta.

Es muy preocupante que mientras la cepa Delta se disemina, los gobiernos levanten el uso del cubrebocas y toleren concentraciones y actividades no esenciales o que las propician y no orienten de manera más decidida sobre la situación que sigue siendo de alarma, pese a los menos contagios que relativamente se registren.

Y que nadie se equivoque. No hay gobiernos exitosos en la pandemia. Decir que sí para atizar al propio, es ocioso. Todos han enfrentado el problema como han podido, con sus más y con sus menos en su miríada de errores. Al mejor cazador se le ha ido la liebre. En el caso mexicano no ha faltado el lerdo que invoca como ejemplo a seguir a Estados Unidos –no repara en los 604.714 fallecidos al 1 de julio, ahí- o a Japón –con estado de alerta a nada de los Juegos Olímpicos– así que más que invocar humo o espejismos, es importante el llamado a extremar precauciones por parte de cada uno de nosotros, en tanto amplios sectores aún no están vacunados. Quitémonos de la cabeza que la vacuna nos inmuniza como idea de que nos exime. Lo dije recién en este espacio: ¡qué más quisiéramos que así fuera!! No lo es, de momento. Confío en que pronto exista esa inmunidad real otorgada por una vacuna más eficaz y que se arrincone al virus, por mucho que conviva con nosotros. Empero, mientras esa vacunación mayoritaria no suceda y la vacuna no inmunice, no podemos bajar la guardia. No debemos. Da igual en cual orilla del Atlántico o del Pacífico me lea usted. A todos con quienes cuento con su valiosa atención, solo puedo decirles que extremen sus precauciones, que no se confíen. Que sumen cubrebocas y careta a su andar cotidiano y eviten esas actividades que los exponen tan gratuitamente a multitudes y a riesgos, como es natural y sabido que sucede cada vez que salen de casa, muy aparte de si ya están vacunados y si no lo están, abstenerse de relajar su seguridad.

De los gobiernos espero sensatez e información. No triunfalismos ni mensajes equivocados. Conteos verídicos de afectados y vacunados, lejos de debates sobre si esto es politiquería o quien hace bien las cosas y quien no, porque en esa tesitura mejor que todos se callen, pues nadie está para presumir de eficacia ni mucho menos, de efectividad. Nadie.

Por último, sí que celebro el muy merecido otorgamiento del premio Princesa de Asturias a los científicos que han desarrollado esas vacunas que hoy hacen más seguro a nuestro mundo contra ese virus asesino. Enhorabuena por ellos y me uno al emotivo aplauso que le brindaron de pie a Sarah Gilbert en Wimbledon. Fue emocionante que la distinguieran de manera tan espontánea y efusiva. Mi agradecimiento a todos esos pioneros por lo que a mí, toca.

Post scriptum: en México tenemos la siguiente dinámica informativa: el sexenio pasado cuando desgraciadamente retornó el PRI, se retrocedió en todo. Soltó dinero a muchos medios y comunicadores para que hablaran bien de tal desgobierno, minimizaran los errores o los callaran. Punto. En esa línea, al no poder criticar al gobierno al autoamordazarse, vieron la parcela de hacerlo furibundamente por su antipatía manifiesta contra el opositor López Obrador. Ya como presidente, a López tampoco le perdonan ni una. Solo que contrasta su beligerancia con su vergonzante desinformación permanente y su silencio en el sexenio pasado por cosas similares en contra de aquel desgobierno priista.

Se sabe que les ha suspendido las indebidas prebendas económicas y se entiende así el malestar de esos medios. En medio, estamos los ciudadanos expuestos a su desinformación y su carencia de ética. Diario lidiando con paparruchas, medias verdades y bulos de gran envergadura difundidos por esos medios, que dificultan la información objetiva. Es patético ver y oír a ciudadanos repitiendo tales sandeces por medios que les envenenan su criterio y los desinforman con una carencia de ética desvergonzadamente inagotable. En un acto sin precedentes y ante ese panorama, el presidente López Obrador incorporó en su conferencia matinal la sección ¿Quién es quién en las mentiras de la semana? Ya que muchas van dirigidas a su gobierno. Se puede ser medio opositor, pero no mentiroso como lo son. Y los está desenmascarando con nombre y apellidos. Es que ya es insostenible la avalancha de mendacidades, trolas y falsedades desde ciertos medios. Descarados. Aplaudo la medida tomada in extremis por el mandatario. No es de recibo tener esos medios mentirosos. Las medias verdades que enarbolan, no son verdades. Así de sencillo. Exhibirlos los deja en tres situaciones posibles: o gritan que ya somos Cuba –lo que hacerlo es una reverenda estupidez– o enmiendan la conducta o la sostienen, evidenciados y que el público decida. Ya muchos han pedido credibilidad y seguidores. No hay más leña que la que arde. Para mí, mejor si así prevalecen las notas ciertas obligados todos a ser cautos, ante tanta basura diaria. Por eso a muchos no les gustan esas conferencias matinales. Exhibidos, que se jodan ante el panorama prevaleciente.

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